Los dilemas en silencio de Cristino de Vera

Su obra reciente se expone en CaixaForum Madrid

Madrid,

Gerardo Diego decía de Cristino de Vera que su pintura es su única y verdadera filosofía. Hay quien considera a este pintor tinerfeño continuador de las tradiciones ligadas a la naturaleza muerta en el siglo XXI y quien entiende su obra como renovadora de la figuración en el marco de este género, pero lo cierto es que –aunque merezca la pena analizarlos– los rasgos formales y técnicos de sus trabajos pierden importancia respecto a las sensaciones que estos transmiten y aquellas desde las que fueron realizados: hablamos de soledad y silencio, y a veces de una angustia existencial que se acalla desde la armonía, los tonos sutiles y la depuración de cualquier anécdota.

Cristino de Vera. Taza de luz, dos velas largas y cementerio, 1997. Colección particular
Cristino de Vera. Taza de luz, dos velas largas y cementerio, 1997. Colección particular

El propio artista entrelaza lo espiritual y lo plástico a la hora de explicar el sentido de su producción: Mi estética podría definirse como una búsqueda de la esencia de toda cosa, ser imagen; como la búsqueda de una raíz espiritual que hay en cada forma del universo (…). Quisiera en mi trabajo que todo tuviera un aire poéticamente remansado, que pareciese que lo fugaz es detenido, que huyese la angustia, y el silencio de paz lo envolviese todo, que la misma muerte fuera clara y diáfana como una melodía silente donde todo fuese armónico.

Hoy De Vera ha presentado en CaixaForum Madrid su última muestra (y la primera en nada menos que quince años, porque no es proclive a las exposiciones). Se titula “Al silencio” y recoge casi medio centenar de obras, entre pinturas y dibujos a tinta china, realizadas en estos últimos veinte años, en los que ha continuado fiel a su estilo y ajeno a modas, cultivando una independencia y una soledad que han sido el sello de su carrera. Se trata de bodegones, como siempre figurativos, que tienen la luz como eje y que desprenden silencio en su casi total vaciedad (escasas velas rígidas o pequeñas tazas blancas habitando, sencillas, fondos tenues y despojados que son los verdaderos protagonistas).

La pequeñez de esos elementos frente a lo inmenso e inabarcable es fácil de asociar a sus reflexiones sobre el dilema extraño de la existencia; hoy ha contado el pintor que, para él, no somos sino pequeños fragmentos con un interior muy profundo cuya caligrafía, dadas nuestras torpes capacidades, no podemos entender.

Las pinturas de Cristino de Vera, las de antes y las de ahora, se explican desde el aislamiento buscado en el que trabaja, alejado de ruidos literales y figurados, porque esa soledad es la que pinta, y también atendiendo a su creencia de que hay poesía en las pequeñas cosas, en lo doméstico, en lo que queda al otro de la ventana, y también en la quietud y la muerte (no faltan aquí las vanitas, alguna con espejo). Ha representado De Vera, con sus contornos desdibujados habituales y su paleta suave, siluetas de mujeres de aire melancólico o afligido, el Teide al otro lado de su ventana en cruz, velones que se consumirán, intimidades que hablan con su presencia pero transmiten quietud y silencio por todo lo demás. Su estela podría emparentar con la de Luis Fernández y Xavier Valls, pero el canario puede resultarnos incluso menos decorativo y más austero.

La suya parece una pintura sencilla, y en cierto modo lo es, porque no hay nada en ella que no apele a cualquiera, nada en lo que no podamos reconocernos en lo íntimo y en lo que tiene que ver con la tradición artística presente en el imaginario colectivo; pero su profundidad es también la de lo místico individual.

La exhibición, comisariada por María José Salazar, se completa con una vitrina de publicaciones y con la proyección de un documental a cargo de Miguel G. Morales en el que se habla de su obsesión con la reflexión sobre la belleza, la luz, lo esencial invisible y el tiempo. En conversación con Juan Cruz en el catálogo de la exposición, habla de esa fijación con lo que permanece y lo que es esquivo: Uno de los fenómenos más raros es cómo modelas el tiempo, que pasa muy fugazmente. Por eso elegí la pintura, el tiempo pasa veloz y quería ver si era capaz de plasmar todo lo que tenía en la cabeza.

El próximo 25 de octubre, De Vera dialogará con Juan Manuel Bonet y Andrés Sánchez Robayna sobre su producción (a las 18:30 horas, con entrada gratuita) y el 22 de noviembre lo hará con Fernando Castro Borrego.

 

Cristino de Vera. “Al Silencio”

CAIXAFORUM MADRID

Paseo del Prado, 36

Madrid

Del 5 de octubre de 2018 al 5 de enero de 2019

 

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