Calder, un sueño en equilibrio

La Fondation Vuitton lo homenajea en una retrospectiva

París,

En el año en que se cumple un siglo desde su llegada a Francia y medio desde su muerte, la Fondation Louis Vuitton de París ha querido homenajear a Alexander Calder programando una retrospectiva que explora todas las facetas de su trabajo. “Calder. Rêver en Equilibre” abarca medio siglo en el examen a su producción, desde finales de esa década fructífera y francesa de los veinte y la primera puesta en escena de los espectáculos del Cirque Calder, que cautivaron a la vanguardia parisina, hasta sus esculturas monumentales, que casi redefinieron el arte público, en los sesenta y los setenta. En los espacios del edificio diseñado por Frank Gehry, los móviles de este autor, que parecen flotar, transforman la exposición en una danza coreografiada y llegan a suscitar relaciones inesperadas entre los volúmenes y planos de uno y otro creador.

Las obras seleccionadas por los comisarios Dieter Buchhart y Anna Karina Hofbauer proceden fundamentalmente de la Calder Foundation, aunque también de otras instituciones internacionales y coleccionistas privados: se trata de tres centenares de piezas, entre estables y móviles —para usar la terminología calderiana que designa las abstracciones estáticas y cinéticas– y retratos de alambre, figuras de madera tallada, pinturas, dibujos e incluso joyas, concebidas como esculturas. A lo largo de un extensísimo recorrido ordenado cronológicamente -se ha incorporado a la muestra el jardín contiguo a la fundación, por primera vez en una exhibición de este tipo-, esta antología incide en las inquietudes artísticas fundamentales del de Filadelfia: la captación de movimiento por encima de todo, pero también el manejo de la luz y sus reflejos, el empleo de materiales sencillos, del sonido, lo efímero, la gravedad y la performance o la interacción de espacios positivos y negativos (de la figura y el fondo).

Sala a sala, esta retrospectiva se enriquece con trabajos de Jean Arp, Barbara Hepworth, Jean Hélion y Piet Mondrian, así como de Paul Klee y Pablo Picasso, con el fin de contextualizar la radical inventiva de Calder dentro de los ismos coetáneos. Además, una treintena de fotografías tomadas por algunas de las cámaras más importantes del siglo pasado —Henri Cartier-Bresson, André Kertész, Gordon Parks, Man Ray, Irving Penn y Agnès Varda, entre otros— nos aproximarán a un autor que deseó transitar, muy pronto, en la delgada línea entre el arte y la vida.

Alexander Calder. Bougainvillier, 1947. Calder Foundation, Nueva York
Alexander Calder. Bougainvillier, 1947. © 2026 Calder Foundation, New York / ADAGP, Paris
Fotografía: Calder Foundation, New York / Art Resource, New York
Alexander Calder. Black Widow, 1948. Calder Foundation, Nueva York
Alexander Calder. Black Widow, 1948. Instituto de Arquitetos do Brasil – Departamento de São Paulo. © 2026 Calder Foundation, New York /ADAGP, Paris. Fotografía: Tim Nighswander / IMAGING4ART, cortesía de Calder Foundation, New York / Art Resource, New York

Mediada su veintena, Alexander Calder, que era hijo de pintor y nieto de escultor, se decidió a retomar el legado artístico de su familia, dedicándose primero a la pintura y el dibujo. Tras estudiar en la Art Students League de Nueva York, se trasladó a París en 1926 y, en el barrio de Montparnasse, entonces epicentro de la esfera artística internacional, pronto se integró en una vibrante comunidad creativa. Allí pudo exponer obras innovadoras —esculturas figurativas y minimalistas de alambre que despertaron elogios de la crítica— y un circo en miniatura. Gracias a un préstamo excepcional del Whitney Museum, el primero de este proyecto en quince años, ese Circo Calder ha regresado a París, la ciudad donde fue creado. En el corazón de este conjunto de arte escénico, Calder orquestó acróbatas, payasos y jinetes en miniatura para un público cada vez mayor; Fernand Léger, Hélion, Le Corbusier, Jean Arp, Joan Miró y el propio Mondrian se encontraron entre sus primeros espectadores.

Precisamente una visita de Calder al estudio del holandés, en 1930, resultaría vital: quedó profundamente impresionado por lo que vio y supuso en él un giro decisivo hacia la abstracción, primero en la pintura y luego en la escultura. Otra de sus amistades, Marcel Duchamp, fue quien le sugirió el nombre de “móvil”, en 1931, para referirse a sus composiciones abstractas cinéticas, que el americano presentó por vez primera en 1932, en la Galerie Vignon de París. Inicialmente impulsadas mecánicamente y más tarde puestas en movimiento por la más mínima brisa, estas obras extraían su vida de la misma atmósfera, como escribió Jean-Paul Sartre en 1946. Por su parte, en respuesta a la terminología de Duchamp, Arp propuso el término “stabile” para los objetos estáticos de Calder de principios de esa década de los treinta.

Alexander Calder. Dispersed Objects with Brass Gong, 1948. Calder Foundation, Nueva York
Alexander Calder. Dispersed Objects with Brass Gong, 1948. © 2026 Calder Foundation, New York / ADAGP, Paris
Fotografía: Calder Foundation, New York / Art Resource, New York

Aunque regresó a Estados Unidos en 1933, Calder continuó viajando a Europa y participó en el Pabellón de la República Española en 1937 junto a Miró y Picasso. De hecho, volvió a Francia a menudo tras la II Guerra Mundial y estableció un estudio en la aldea de Saché, en el Valle del Loira, en 1953; allí Ugo Mulas lo retrató en acción.

Con un pie a cada lado del océano, supo ampliar la definición de escultura hasta su muerte en 1976. Mediante el movimiento, sin duda, pero también a través de un vocabulario dinámico desplegado en todas las escalas —desde delicados ensamblajes metálicos animados por cualquier cambio de aire hasta construcciones monumentales—, creó piezas no figurativas que parecían convivir, simultáneamente, en un mismo espacio. El tiempo se convirtió, en sus manos, en una cuarta dimensión espacial.

 

 

“Calder. Rêver en Equilibre”

FONDATION LOUIS VUITTON

8 Avenue du Mahatma Ghandi

París

Del 15 de abril al 16 de agosto de 2026

 

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