En este arranque del otoño y prácticamente en las mismas fechas, dos de los tres grandes museos madrileños en el Paseo del Arte anunciaban el inicio de sendas colaboraciones con, a su vez, las dos mayores instituciones artísticas holandesas: el Museo del Prado estrecha sus vínculos con el Rijksmuseum de Ámsterdam; el Thyssen-Bornemisza, con el Mauritshuis de La Haya.
Al margen de esa conexión geográfica, los frutos de esos acuerdos tienen connotaciones diferentes. Las mujeres serán protagonistas del trabajo conjunto de Prado y Rijksmuseum: estos centros se comprometen tanto a aumentar la presencia de las artistas en sus fondos como a investigar en profundidad el rol de ellas en el arte y en la historia, haciendo hincapié en la que comparten, precisamente, España y los Países Bajos. Con ese objetivo se convocarán becas destinadas a investigadores postdoctorales internacionales, además de programarse encuentros de expertos y proyectos expositivos.
Conocemos ya detalles relativos a las becas: se pondrán en marcha el próximo año 2027 y se encaminan a examinar fundamentalmente el papel, el liderazgo y la representación de las mujeres en el Imperio de los Habsburgo. El becado podrá desarrollar sus estudios tanto en las colecciones del Prado como en las del Rijksmuseum y contribuir con sus aportaciones, igualmente, a una muestra que el museo de Ámsterdam prepara para 2029.
El punto de partida de esta cooperación son iniciativas de ambos museos que podamos entender como paralelas: El Prado en Femenino, la línea estable y transversal del museo enfocada en la visibilización de artistas, promotoras y otras protagonistas de sus colecciones -ya ha dedicado capítulos a Clara Peeters, Sofonisba Anguissola, Isabel Clara Eugenia, Cristina de Suecia e Isabel de Farnesio– y Women of the Rijksmuseum, simposios y exposiciones que lleva a cabo un equipo interdisciplinar que se completan con adquisiciones con sello femenino, como las de Gesina ter Borch, Maria van Oosterwijck y Marlow Moss.

Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel El Viejo. La infanta Isabel Clara Eugenia, hacia 1615. Museo Nacional del Prado
Por su parte, la colaboración de Thyssen y Mauritshuis es ante todo expositiva y consiste en un intercambio simultáneo de obras esenciales de sus respectivos fondos. A Holanda han llegado piezas de artistas que no forman parte del acervo de los museos del país y que, en muchos casos, apenas han viajado; nos referimos a composiciones de Antonello da Messina, Jacopo Bassano, Giovanni Bellini, Agnolo Bronzino, Hendrick ter Brugghen, Petrus Christus, Hans Cranach, Lucas Cranach el Viejo, Jacques Daret, Alberto Durero, Anton van Dyck, Jan van Eyck, Juan de Flandes, Jan Gossaert, El Greco, Il Guercino, Lucas van Leyden, Palma el Viejo, Piero della Francesca, José de Ribera, Peter Paul Rubens, Sebastiano del Piombo, Michiel Sweerts, Rogier van der Weyden y Gabriel Zehender, seleccionadas bajo una temática común aunque multiforme: la del amor. Se trata de composiciones en torno a la devoción mariana, la intimidad matrimonial y entre Adán y Eva, la admiración hacia la naturaleza o la querencia por la misma pintura; un conjunto de imágenes religiosas, mitológicas, retratos y una tronie -subgénero pictórico popular en Holanda, una modalidad de retrato muy centrado en el rostro- que plantean un recorrido, condensado pero rico, de emociones humanas e ideales pictóricos. Se hace hincapié, además, en las tradiciones culturales compartidas en Europa.
Han viajado a La Haya piezas tan significativas como La Anunciación de El Greco y la de Van Eyck, el retrato de joven como San Sebastián de Bronzino, La Bella de Palma el Viejo o el posible retrato de Guidobaldo da Montefeltro por Piero della Francesca, pero los más buscados, con toda seguridad, serán el Muchacho con turbante de Sweerts y La joven de la perla, recién retornada a Holanda desde Japón, un joven dúo excepcional.

Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens. El Jardín del Edén y la caída de Adán y Eva, hacia 1615. Mauritshuis
En cuanto a la presentación en la capital, en las salas clásicas del Thyssen se han instalado veinticinco piezas fechadas en el siglo XVII y los primeros años del XVIII: bodegones y obras de género de Ambrosius Bosschaert, Jan Baptist Weenix, Adriaen Coorte, Pieter van Anraadt, Gerard ter Borch, Gerrit Dou, Pieter de Hooch, Abraham van Beyeren, Pieter Claesz, Nicolaes Maes y Jan Steen; paisajes y composiciones con figuras de Saenredam, Jan Both, Rembrandt van Rijn, Frans Hals, Jacob van Ruisdael, Salomon van Ruysdael, Gerrit van Honthorst y Hendrik Avercamp; y el excepcional Jardín del Edén y la caída de Adán y Eva realizado a cuatro manos por Brueghel el Viejo y Rubens.
Todas ellas merecen miradas atentas y no desentonarían en montajes especiales, aunque aquí la estrella, por toda su luz propia, es la Vista de Delft de Vermeer que culmina el recorrido. Su cielo, nublado pero virtuosamente luminoso y reflejado en las aguas, sume la ciudad en una atmósfera de infinita calma que resulta magnética.

Johannes Vermeer. Vista de Delft, hacia 1660-1661. Mauritshuis