Pascual Capuz o el papel como cuna del nuevo arte

El MUREC exhibe obra gráfica del artista valenciano

Almería,  23/10/2026

La Fundación Ibáñez Cosentino continúa desplegando en Almería, ahora en el Museo del Realismo Español Contemporáneo, la obra de artistas que, desde el Mediterráneo, contribuyeron a la renovación de los códigos de la pintura en España en torno al cambio de siglo. Si en el Museo Ibáñez nos espera, hasta fines de noviembre, la producción de José Manaut, el MUREC presenta desde hoy la de un autor contemporáneo a aquel, cuya misma carrera, en buena medida, nos puede ayudar a entender mejor un tiempo en el que convivieron las convenciones académicas y la irrupción de novedades propias de las vanguardias: Pascual Capuz.

Nacido en 1882 en Valencia y fallecido en Barcelona casi ochenta años más tarde, hizo suyas un buen número de técnicas -fue pintor, dibujante, ilustrador y cartelista- y se formó en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad antes de trasladarse a Barcelona justo cuando Picasso multiplicaba perspectivas en sus lienzos en París, en 1907. En un primer momento, se manejó sobre todo en ilustraciones, dibujos y carteles antes de dar el salto a la pintura: en este momento, las fronteras entre disciplinas comenzaban a hacerse más maleables y el papel y los afiches ganaban presencia, tanto en la vida cotidiana y en el ámbito de la publicidad como en el terreno de la experimentación y las exhibiciones en galerías.

Pascual Capuz. Joven con perro, 1901. Museo Nacional de Cerámica González Martí

Pascual Capuz. Joven con perro, 1901. Museo Nacional de Cerámica González Martí

Precisamente es en la órbita de la gráfica en la que la figura de Capuz resulta más interesante: aprovechó la ampliación del campo de acción que proporcionaban a los artistas las revistas, publicaciones ilustradas, carteles y demás soportes impresos; cultivó el dibujo cuando dejó de ser necesariamente ensayo para convertirse en pieza autónoma y también las ilustraciones cuando éstas devinieron una de las vías más eficaces para que un público amplio pudiera tener noticia de las innovaciones creativas. Así, si sólo nos adentramos en el legado de Capuz atendiendo a sus pinturas nos quedaremos muy cortos -porque formó parte importante de una fase de transformaciones profundas, y también rápidas, en la cultura visual-, pero tampoco podemos perder de vista su raigambre en tradiciones sólidas: pertenecía a una estirpe de escultores y tallistas de origen genovés en el siglo XVII, y su hermano, José Capuz, fue un escultor importante.

Dado que cartelistas, ilustradores y grabadores han recibido, y aún reciben, una atención más menguada, el Capuz dibujante no ha sido objeto, hasta ahora, de muestras amplias, incluso a pesar de haber desarrollado prácticamente toda su carrera en Barcelona relacionándose con una generación de artistas inquietos y poco dados a cerrarse puertas. Allí entró en contacto con las corrientes internacionales, con un ambiente más exigente y una gráfica más avanzada: llevó a cabo, en sus primeros tiempos en Cataluña, caricaturas en las que introducía geometría y formas entrecortadas, un dinamismo logrado gracias a líneas rápidas.

Trabajó para Seix Barral, pero alcanzó popularidad gracias a su presencia en revistas satíricas y culturales como L’Esquella de la Torratxa y Papitu, entre las publicaciones humorísticas más importantes en Barcelona antes de la Guerra Civil; allí, y en sus carteles comerciales y festivos, vieron la luz creaciones que se alejaban con paso firme de las pasadas líneas sinuosas y ornamentales del dibujo alrededor de 1900. En esta vertiente, supusieron su consolidación una medalla en la sección de Artes Decorativas de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924 y otra de oro en la Exposición Internacional de París del año siguiente, gran escaparate de los creadores de Art Decó en ese momento.

Pascual Capuz. Retrato de su esposa Teresa García Falgás de Capuz, 1901. Museo Nacional de Cerámica González Martí

Pascual Capuz. Retrato de su esposa Teresa García Falgás de Capuz, 1901. Museo Nacional de Cerámica González Martí

Como pintor, debemos destacar sus retratos, concebidos fundamentalmente para el ámbito privado y llamativamente lejanos a los intereses que planteó en sus dibujos. Se trata de composiciones de tono más bien intimista que solían tener a una mujer, muchas veces su esposa, como modelo; también se desenvolvió en óleos costumbristas y en escenas de la vida nocturna y callejera, tan habituales entre los tendentes al expresionismo en esos mismos años veinte.

Esta exhibición quiere abrir caminos hacia el redescubrimiento hoy de creadores que favorecieron la renovación estética y formal de las artes plásticas sin hacer del lienzo su principal campo de juego e invitarnos a prestar más atención a los hallazgos contenidos en formatos pequeños y frágiles: en ellos se vislumbra el germen de los lazos entre arte y sociedad que conocemos hoy y que difícilmente se entienden sin atender al diseño y los medios de comunicación; los nuevos espacios.

Quienes deseen profundizar más en la figura de Capuz lo encontrará en los fondos del Museo Nacional de Cerámica González Martí, en  Valencia.

Pascual Capuz. Retrato de su esposa, 1901. Museo Nacional de Cerámica González Martí

Pascual Capuz. Retrato de su esposa, 1901. Museo Nacional de Cerámica González Martí

Pascual Capuz. Esposa del pintor, 1901. Museo Nacional de Cerámica González Martí

Pascual Capuz. Esposa del pintor, 1901. Museo Nacional de Cerámica González Martí

 

 

«Pascual Capuz: el artista que convirtió la modernidad en lenguaje gráfico»

MUSEO DEL REALISMO ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO. MUREC

Paseo de San Luis, s/n

Almería

Del 23 de octubre de 2026 al 17 de enero de 2027