Ouroboros es el antiguo símbolo de una serpiente o dragón que forma un círculo con su cuerpo, aludiendo a los ciclos constantes de renovación de la naturaleza -y que llegó, desde Egipto, a la tradición occidental-, y también el título de un extenso proyecto de la fotógrafa Laura Torrado. Puede verse en tres espacios de la provincia de Segovia (el Museo Esteban Vicente, la Catedral de esa ciudad y la Real Fábrica de Cristales de la Granja de San Ildefonso) y también en la Real Fábrica de Tapices de Madrid.
Bajo el comisariado de Alicia Chillida, esas cuatro exhibiciones comparten trama: las ha concebido como piezas de un mismo retablo barroco, como escenas encadenadas en diferentes registros en las que convergen referencias al pasado y al presente. La relación, dinámica, que se establece entre unas y otras presentaciones puede comprenderse como un juego de espejos teñido de simbolismo: saldrán a nuestro paso autorretratos en circularidad, cuernos que remiten a la luna o a sus moradoras (las diosas del destino) y, claro, esas serpientes que mudan de piel, renovándose y renaciendo como el satélite en sus distintas fases. Casi todos los motivos de Torrado mueren y se regeneran.

En manos de esta artista madrileña, el rojo alude al inicio del tiempo y figuras en posición estática pueden remitir al barroco por la gracia de la teatralidad; buena parte de sus imágenes y vídeos pueden compararse con los populares tableaux-vivants franceses del siglo XVII. En algún caso, incluso escenifican composiciones históricas dotándolas de otro significado.
Ocurre así con Las Meninas -su infanta Margarita no recibe un aguamanil, sino una granada, alegoría de la fecundidad-; o con Mujer bañándose en un río (1654) de Rembrandt, fuente de su videoinstalación Jaque a la reina, evocadora del deseo y la seducción de la primera imagen. Lo real y lo ficticio, gracias al uso de la foto y a esas inspiraciones, parecen aproximarse en muchos de sus trabajos.
Veremos igualmente peregrinas veladas; Venus sin espejo -a no ser que ese reflejo lo constituya el espectador-; sombras goyescas dibujadas que personifican, a un tiempo, lo que se crea y lo que desaparece; o vanitas, nacidas como escenografías inertes de lo efímero, que recogen encajes, cenizas, cabello, flores estropeadas, libros o retratos velados, dispuestos en el orden litúrgico de los objetos de altar.
Y contemplaremos, asimismo, husos y rosarios convertidos en esculturas en vidrio soplado; ofrendas en papel que aluden a la biología femenina y a la Dánae de Tiziano que recibe la lluvia de oro; o dibujos de coronas o gárgolas que constituyen metáforas en sí mismos.

En la Catedral segoviana, sus trabajos entran en relación, inevitablemente, con el templo y su arquitectura. Frente al altar de la capilla de san Frutos se ha dispuesto una escultura en papel que recrea un manto bordado; y frente al retablo de Juan de Juni en la capilla de la Piedad (Llanto sobre Cristo muerto), un ungüentario tejido, de nuevo, en la Real Fábrica de Tapices que hace referencia al de María Magdalena. Su diseño parte del objeto representado por Ian Franz van den Hecke en la pieza del XVII Ulises acepta los regalos de Alcinoo.
Ungüentarios de vidrio nos esperan, asimismo, en la Real Fábrica de La Granja, abordando ahora ese motivo desde los parámetros de la transparencia, la luz y la fragilidad.
Torrado ofrece una revisión moderna de la articulación del retablo como forma arborescente de infinita proyección, en el espacio y en sus lecturas.

Laura Torrado. “Ouroboros”
Plazuela de las Bellas Artes, s/n
Segovia
Hasta el 17 de mayo de 2026
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