La producción de Nicolás Combarro, artista gallego que suma cerca de dos décadas de andadura, se nutre de la arquitectura y de sus elementos para plantear a partir de ellos reflexiones personales: ha documentado edificios y materiales que han perdido su función, o que nunca llegaron a realizarla, y que pueden evocarnos otras ciudades, quizá parcialmente desaparecidas o más cercanas a lo rural, pero que no han dejado de formar parte de las actuales. Formado en biología y comunicación audiovisual, ha comisariado, además, diversas exposiciones del fotógrafo Alberto García-Alix, con quien creó en 2004 la productora No hay penas.
Este autor es el último en incorporarse al programa Tender puentes del Museo Universidad de Navarra: trabajando en los archivos de este centro, encontró una fotografía que Agustí Centelles tomó mientras permanecía recluido en un campo de concentración francés, titulada Francia 1939. Campo de concentración de Bram. Dormitorio, 1939-39, y fechada, por tanto, en una etapa inicial del exilio del fotoperiodista valenciano, que permanecería en Francia hasta mediados de los cuarenta, formando parte de su resistencia.
A raíz de esta imagen, Combarro quiso saber más de lo ocurrido en los campos de concentración galos y también en los campos españoles donde se ejerció la represión: lo acontecido en los trescientos espacios de este tipo que hubo en nuestro país, que llegaron a albergar a entre setecientas mil y un millón de personas, se ha conocido sobre todo desde la desclasificación de los archivos militares de ese momento, hace ocho años. Esos han sido los enclaves que el gallego ha buscado devolver a la memoria en su última propuesta, que ahora exhibe en Pamplona y lleva por título Materia del silencio.


Los visitó de noche, buscó sus cimientos y restos, y los enfocó por un tiempo breve con la luz necesaria para captar sus imágenes, una luz a la que dota de contenido simbólico en cuanto reveladora de lo invisible. El resultado son composiciones inquietantes, al haber quedado casi engullidas esas ubicaciones por paisajes desnudos donde nadie que no fuera un investigador podría, seguramente, localizarlas. La noche, ese momento en que eligió llevar a cabo esta serie, parece distanciarlas aún más del presente y acentúa los efectos de la iluminación artificial: Ilumino solamente el elemento arquitectónico del que voy a hablar, lo que hace que posea una gran simbología, una especie de monumento a la memoria de eso lugares.
Se desplazó Combarro hasta los restos del campo de nueva construcción de Miranda de Ebro (Burgos), que se emplearía como esquema base para la ideación de centros similares; a los cimientos del espacio de represión de San Cristóbal (Navarra); o a la cárcel de Carabanchel (Madrid), que fue levantada por los presos.
La toma de esas fotos que ahora podemos ver en el Museo Universidad de Navarra constituyó sólo el primer paso para iniciar un proceso de análisis, documentación y estudio de aquellos campos, que también se ha recogido en la exposición. El público puede examinar planos, fotografías de época, postales y protocolos oficiales, un material que no es demasiado amplio, de ahí que Combarro haya querido completarlo con los restos en torno a esas edificaciones a los que aluden las pequeñas esculturas translúcidas y las instantáneas que integran el conjunto Arqueologías, y con la proyección de un documental sobre los complejos de nueva planta.


Para contextualizar Materia del silencio en la trayectoria de Combarro, esta muestra, comisariada por Marta Ramos-Yzquierdo, cuenta, además, con una selección de sus obras pasadas vinculadas a tipologías arquitectónicas de otros tiempos: han llegado a Pamplona la serie Sotterranei, dedicada a los riquísimos subsuelos de Roma y Nápoles, o Desvelar, desplazar, que evoca el ayer de la antigua Fábrica de Tabacos de Madrid, la actual Tabacalera de Lavapiés. También trabajos de Arquitectura espontánea, sobre las construcciones que no obedecen a normas; de Arquitectura oculta, serie en la que el mismo Combarro ideaba intervenciones basadas en juegos de colores y escalas a partir de elementos encontrados; o de Serie negra, su estudio e intervenciones en el patrimonio minero e industrial.
Subyace en todas estas propuestas un intento de traer al presente, creativa y críticamente, lo olvidado: Hay un intento de utilizar el lenguaje artístico para hablar de unos contextos muy complejos y que están fuera del circuito habitual de comunicación. Creo que, como artistas y siendo consciente de cuál es nuestro contexto histórico, político y social, podemos activarlo con las herramientas que tenemos. En mi caso he trabajado sobre la memoria; la distancia con el acontecimiento me permite tener una perspectiva que hace que estas intervenciones hagan resurgir en las arquitecturas esos olvidos.
Hace un lustro, y justamente en estas fechas, la Fundación Mapfre presentaba en Madrid las imágenes de la japonesa Tomoko Yoneda, bastantes centradas en espacios, exteriores e interiores, donde habían tenido lugar episodios históricos decisivos y convulsos. Obviando sus títulos, podían resultar neutras; conociendo su contexto, su memoria, la mirada del espectador cambia casi del todo. Los trabajos reunidos de Combarro podrían sugerir una energía similar, pero la intervención del artista acentúa las opciones de su percepción, crítica y no aséptica, desde la actualidad.



Nicolás Combarro. “Mirar a otro lado”
Campus Universitario, s/n
Pamplona
Del 25 de febrero al 9 de agosto de 2026
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