Nacho Zubelzu: el blanco de la sal, la nieve y el azúcar

El artista exhibe una veintena de obras en la galería Tamara Kreisler

Madrid,

Podemos entender el conjunto del trabajo de Nacho Zubelzu como un estudio extenso sobre la naturaleza y la cultura rural: este artista cántabro crea a partir de la observación, la visión, la empatía, la memoria y la interpretación, como nos explicaba cuando se sumó a nuestros fichados: En mi obra se pueden encontrar ecos de la filosofía, la antropología y la arqueología. Mi deleite es el aspecto manual del trabajo creativo y la construcción física de las piezas, que está, en origen, en estrecha relación con la naturaleza y el viaje.

Desde hoy podemos visitar en la Galería Tamara Kreisler de Madrid su más reciente exposición: “Sal, nieve y azúcar”, que cuenta con una veintena de composiciones concebidas no sólo para ser contempladas, sino también para generar otro tipo de sensaciones, térmicas e incluso ligadas al sabor. Parten, esas piezas, de sus experiencias y memorias: de sus vivencias de infancia en el valle de Campóo; activar sus recuerdos ha entrañado, en su caso, hacer lo propio con sus sentidos.

Los trabajos seleccionados para este montaje mantienen una evidente afinidad temática -derivada del examen introspectivo del autor, el repaso de su imaginario infantil y de sus viajes- y una cohesión cromática -relativa al uso del blanco, común a las tres materias del título, imbricadas en su niñez-, pero difieren en los procesos creativos de los que nacen, aunque siempre en relación con un hacer intimista.

Nacho Zubelzu. Fotografía: Pilar Lorenzo
Nacho Zubelzu. Fotografía: Pilar Lorenzo

Encontraremos en Tamara Kreisler, por un lado, obras recientes, a veces de gran formato, que dan continuidad a su serie de trashumancias -él mismo realiza ese desplazamiento, atraído por el tránsito de los seres vivos, el paso del tiempo que permanece y se va, el magnetismo y la riqueza poética de las señales, los símbolos y las huellas, como nos explicaba-. En la producción de Zubelzu, la conducción del ganado por las cañadas equivale a melancolía infantil, huellas antropológicas, olores, ventiscas o rastros en la nieve.

Son habituales, entre sus formas, las de escamas que se engarzan unas con otras; en sus superposiciones parciales, estructuran una cutícula de blancos, con sus sombras, que ha sido manualmente cortada (a tijera) y que para el artista evoca impulsos vitales. Podemos interpretarlas como dibujos escultóricos que suscitan ritmos y contrarritmos que articulan espacios.

Nacho Zubelzu. La mar salada, 2025
Nacho Zubelzu. La mar salada, 2025

Otras obras en la exposición encajan en su línea de orografías, relacionadas con el concepto japonés del Kintsugi, el arte de hacer bello y fuerte lo frágil. Estas creaciones son planas; se ejecutan sobre papel, normalmente con tinta y pluma. No abandona las escamas y ondas, por no faltar nunca en la misma naturaleza: en peces, reptiles, aves o mariposas. En el papel, esas ondas crean zigzags y requiebros que son producto de la repetición de un gesto con el que Zubelzu se apropia del espacio, de nuevo tomando procedimientos artesanales.

Estos dibujos podemos abordarlos como abstracciones compuestas por trampantojos que, en este caso, no dan lugar a ilusionismos barrocos, sino a territorios íntimos o paisajes orgánicos alusivos a la raíz.

Una tercera senda creativa representada en esta muestra la integran otra docena de dibujos en pluma y tinta sobre papel, ahora figurativos: representan estacas de madera quemada en parte y, por tanto, lo efímero, lo más fugaz de la vida.

La producción de Zubelzu continúa siendo naturaleza y metáfora.

Nacho Zubelzu. Thebas, 2025
Nacho Zubelzu. Thebas, 2025
Nacho Zubelzu. Fantasía de azúcar, 2025
Nacho Zubelzu. Fantasía de azúcar, 2025

 

 

Nacho Zubelzu. “Sal, nieve y azúcar”

TAMARA KREISLER GALLERY

C/ Hermanos Álvarez Quintero, 6

Madrid

Del 15 de enero al 21 de febrero de 2026

 

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