Es habitual, en la producción de Marlon de Azambuja, poner a prueba las posibilidades de los materiales constructivos para suscitar lecturas, abiertas al espectador, sobre nuestros modos de habitar o comprender el mundo; también sobre el poder de la creación individual a la hora de modificar, aunque sea de forma efímera -o precisamente por eso- determinados espacios y mobiliarios urbanos.
A partir de escenarios dados -tanto públicos y al aire libre como expositivos-, este artista brasileño imagina microcosmos capaces de abrir nuevas opciones perceptivas para el público: le interesa hallar en ellos lo que aún no ha sido descubierto, elucubrar las historias que allí quedan por nacer, qué imágenes (alegres) podrían generar.
Su exposición más reciente en Madrid acaba de presentarse en La Casa Encendida, bajo el comisariado de Bruno Leitão: situada en uno de sus torreones, accesible desde la azotea, consta de una única instalación escultórica que ocupa por completo la superficie disponible. Su título es Fundación porque quiere despertar sensaciones en torno al acto de fundar un lugar, pero el artista desea dar primacía a las experiencias de los visitantes respecto a su discurso.
Ha buscado transformar la sala en un entorno vivo, cubierto completamente por cemento que genera relieves irregulares salvo en uno de los lados, en el que con el mismo elemento se han trazado gradas, destinadas a favorecer la conversación y lograr que los espectadores formen parte del proyecto de una manera natural.


Su intervención es sencilla y carente de cualquier otro color que no sea el del mismo material, pero transforma por completo nuestra visión del lugar. Esas elecciones no se deben tanto a cuestiones estéticas, sino a la propia noción de fundar que maneja este autor: no piensa Azambuja en construir buscando las alturas, sino en atender al fundamento o base, una base que siempre encontraremos mirando hacia abajo, hacia aquello que sostiene y condiciona el ser del resto.
Al trasladar nuestra mirada no hacia lo accesorio y diseñado en segundo lugar, sino a lo subterráneo, reivindica el artista que los materiales sobre los que pisamos y edificamos pueden no ser abordados como meros soportes neutros, sino como fuente de memoria y lenguaje. Una fuente que condiciona nuestra forma de ver y también discute los límites habituales entre el conocimiento y las emociones al contemplar. Lo que quien llega aquí podrá ver, en esta suerte de estanque de cemento, será un mar en sus olas, el magma incierto de una época rara o una tierra húmeda y desordenada; para este creador, las obras buenas, como un espejo, te devuelven lo que llevas dentro. Y su buena percepción pasa por la toma de contacto directa.
Más que divulgar ideas, el cemento de Azambuja está ahí para crearlas desde su fuerza visual -surgida, en el fondo, de un gesto mínimo-, su densidad y sus fricciones no ocultas, que no responden a ninguna forma de linealidad, así como en su contraste con una enigmática caja cuadrada con un círculo en su interior, como el monolito negro de Kubrick descontextualizado en el desierto. Y en su sentido último, también propone esta pieza concebir las exposiciones en una institución, no como forma de representación, sino como práctica que debe dar lugar a charlas, escuchas y frutos nuevos.
En los próximos meses, esta propuesta -inestable con intención- será activada mediante intervenciones, encuentros y conversaciones que serán parte fundamental del propio desarrollo de la instalación. Esos procesos darán lugar a registros —textuales, performativos y materiales— que se sumarán físicamente, y de forma paulatina, al espacio expositivo, incorporándose como nuevas capas. Las activaciones estarán a cargo de Dima Srouji, arquitecta y artista palestina; Edgar Calel, artista y poeta guatemalteco; y Claudia Segura, actual jefa de la Colección MACBA.



Marlon de Azambuja. “Fundación”
C/ Ronda de Valencia, 2
Madrid
Del 30 de enero al 27 de septiembre de 2026
OTRAS NOTICIAS EN MASDEARTE:





