Fortuny en Málaga: papel para la audacia

El Museo Carmen Thyssen muestra sus dibujos y grabados

Málaga,

En el pasado 2024 se cumplió siglo y medio desde la muerte de Mariano Fortuny i Marsal, uno de nuestros pintores más interesantes del siglo XIX, aunque no siempre haya sido reconocido así. La efeméride se ha conmemorado dentro y fuera de España, sobre todo en los museos catalanes, pero aún tenemos ocasión de conocer algunos aspectos menos estudiados de su trayectoria breve: murió en Roma con sólo treinta y seis años.

El Thyssen malagueño abre, este fin de semana en su Sala Noble, una exhibición centrada en sus dibujos y grabados y comisariada por Francesc Quílez Corella; se exponen una treintena procedentes del Musée Goya de Castres y representativos de los distintos escenarios donde trabajó (Barcelona, Marruecos, Roma, Granada) y de algunos de los asuntos que le fueron más queridos: escenas de género y cotidianas, temas orientalistas y personajes esbozados del natural.

El papel fue para él un soporte siempre estimado, desde sus tiempos de estudiante hasta sus años últimos, los de sus composiciones más elaboradas, por la versatilidad que le ofrecía en lo técnico. No era el medio más propicio, a priori, para entrenar su preciosismo, pero sí para poner a prueba su refinamiento, su sensibilidad y su capacidad de atracción hacia el espectador en los formatos discretos y los recursos austeros.

No renunció en estos trabajos a las referencias literarias que proliferan en sus pinturas, y que también encontramos en otros artistas de su tiempo, ni a un deseo de verosimilitud que nunca abandonó, pero se hace evidente que se permitió en ellos mayor libertad que sobre lienzo. Más instinto y menos convención en los códigos de representación. Dado que este tipo de composiciones no estaban destinadas al mercado, quiso en ellas dejar a un lado los condicionamientos de clientes de gusto aún ortodoxo.

Mariano Fortuny y Marsal. Joven desnudo pensativo, hacia 1860-1862. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Joven desnudo pensativo, hacia 1860-1862. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Hombre vestido con un trapo, hacia 1869. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Hombre vestido con un trapo, hacia 1869. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise

Muchos de estos dibujos -como dijimos llegados del museo de Castres, una de las colecciones más importantes de Europa hablando de este autor- se muestran por primera vez en España y en bastantes de ellos encontraremos el germen de sus desarrollos pictóricos, tanto en lo compositivo como en lo temático, planteándolos desde esa mayor audacia.

Fortuny no cultivó el paisajismo en su dimensión más habitual, la de la representación de la naturaleza como motivo único, pero sí incorporó el entorno a sus imágenes, y es sobre todo en sus creaciones en papel donde se percibe el rol que desempeñaron los efectos atmosféricos en la construcción de su lenguaje; ocurre así igualmente en sus retratos de individuos expuestos al sol.

Coleccionista de momentos históricos y cotidianos, fue amante de Marruecos y de la cultura oriental en la medida en que tendía a fijarse en aquello que le resultaba puro y auténtico: desde la infancia al Albaicín, el mar, el sol, la muerte o el cuerpo humano.

Mariano Fortuny y Marsal. Corrida de toros (suerte de varas), hacia 1868-1870. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Corrida de toros (suerte de varas), hacia 1868-1870. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Mujeres sentadas y perro, hacia 1870-1872. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Mujeres sentadas y perro, hacia 1870-1872. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise

Formado en Roma durante tres años, sus estancias en el norte de África (en 1860, 1862 y 1871) le permitieron descubrir un imaginario árabe cuya influencia, en forma de estas atmósferas cálidas y bohemias, mantuvo a lo largo de su carrera y también en su creación gráfica: sus formas de vida sencilla, sus casas austeras… Tuvo facilidad para captar su cultura, como la mantuvo siempre para capturar la vida y la luz en torno al Mediterráneo.

Ese cosmopolitismo, junto a su manejo de puntos de vista bajos, lo convirtieron en un autor muy original en el contexto europeo; se alabó el enigma de sus grabados, pero también la delicadeza de sus acuarelas, caracterizadas por la soltura de sus pinceladas y la calidad de sus tintas. Sus escenas tomadas del natural y sus vistas granadinas en esta técnica, muy vivas, dan fe de su gusto por la arqueología y su voluntad esteticista, de su afán por mejorar la realidad.

La factura deshecha tan característica de la producción de Fortuny fue a más en sus años finales, también el toque vibrante de sus trazos.

Mariano Fortuny y Marsal. Dos mendigos árabes en la esquina de una calle, hacia 1870-1871. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Dos mendigos árabes en la esquina de una calle, hacia 1870-1871. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Campamento árabe, hacia 1862. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise
Mariano Fortuny y Marsal. Campamento árabe, hacia 1862. ©Ville de Castres-Musée Goya – B. Nicaise

 

 

 

“Mariano Fortuny. Dibujos”

MUSEO THYSSEN MÁLAGA

C/Compañía, 10

Málaga

Del 6 de febrero al 3 de mayo de 2026 

 

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