Paleta suave, mirada a Oriente, apertura a la poesía y ecos de Odilon Redon. Nacida en 1951 en la localidad japonesa de Tsu, Leiko Ikemura estudió literatura española en Osaka antes de trasladarse a España en 1972 y formarse en pintura en Sevilla. A continuación, se desplazó a Suiza, a fines de los setenta, y desde los ochenta reside en Alemania: en la Universidad de las Artes de Berlín ha impartido clases de pintura; en la última década, también es profesora visitante en la Universidad de Arte y Diseño Joshibi de Japón.
Una de sus mayores muestras hasta ahora puede visitarse hasta abril en la Albertina de Viena: “Motherscape” explora su tratamiento de asuntos universales, como la feminidad, el cambio o la identidad, en trabajos en técnicas diversas, de pinturas luminosas y dibujos minimalistas a esculturas en terracota vidriada, vidrio y bronce. Algunos de sus motivos serán recurrentes: seres híbridos, fusiones del cuerpo humano y el paisaje que remiten a la estrecha conexión entre la humanidad y la naturaleza.
Esos temas ordenan el recorrido de esta exhibición, que arranca precisamente con sus paisajes, que no podemos entender en un sentido convencional. Ella los describe como ritmos corporales y movimientos ondulantes que crean espacios; prima en ellos la sensación de fluidez y cambio. En las pinturas, las capas transparentes de color y las suaves transiciones entre la luz y la oscuridad permiten que la figura y el fondo se fundan. La luminosidad y las tonalidades estructuran esos espacios y conectan la abstracción con la figuración; esto confiere a las composiciones una impresión general abierta y dinámica.


A continuación, veremos sus maternidades, no contempladas desde un sentido familiar tradicional, sino como una fuerza creativa y vivificante que está activa en todos los seres vivos. Ikemura entiende esa noción como una energía que trasciende las clasificaciones de género y sirve como metáfora de la imaginación artística.
De esta idea deriva justamente el título de la exposición: un “paisaje de la maternidad” en el que esta fuerza se hace efectiva; un enclave mental abierto e ilimitado donde todos los elementos están íntimamente conectados. Sus figuras maternas responden a este estado de apertura y transformación.

También se encuentran en fase de transición las figuras femeninas dentro de la sección Girls. Simbolizan el devenir, la incertidumbre y el anhelo de cambio; no se trata de representaciones de la realidad externa, ni de retratos, sino de expresiones de un movimiento interior: imágenes de una conciencia en evolución. En su apertura física, que no sigue una forma fija, residen la vulnerabilidad, la esperanza y la expectativa.
Dentro de este grupo, emergen diferentes arquetipos femeninos: la niña primigenia, que permanece en un estado de perpetuo devenir; figuras de niña o de mujer que encarnan la capacidad maternal; y aquellas que, como observadoras desde arriba, adoptan una perspectiva distante, casi espiritual. En todas sus manifestaciones, se enfrentan al mundo.

Un cuarto apartado es para el citado devenir. Para Leiko Ikemura, no existe la obra terminada y cada escultura, cada pintura y cada dibujo forman parte de un proceso continuo: su método de trabajo es intuitivo y físico, atendiendo a las propiedades del material y permitiendo el azar.
La arcilla, el bronce o el vidrio no son neutros para ella: Quiero que el material hable. Que me guíe, y no al revés. Así, la porosidad del barro, la transparencia del vidrio o la pátina del bronce determinan significativamente la forma, la superficie y la expresión de sus figuras. Y los gradientes de color, las refracciones de la luz y las texturas irregulares confieren a las esculturas su vibrante presencia, pero junto a las grietas, las roturas y las huellas dactilares, que visibilizan el procedimiento de creación. En los dibujos y pasteles, el devenir parece revelarse, sin embargo, en la transformación de líneas y motivos; en el fluir, la disolución y el redescubrimiento de las formas. Para Ikemura, en definitiva, esa reconversión paulatina es también una cuestión física.
Una última sección de la exposición, Esencia, entrelaza estructuras humanas, animales y vegetales, y apunta a un mundo donde todo está interconectado. Para Ikemura, los animales son “seres espirituales con su propia energía emocional”, y los árboles, “seres vivos que a menudo sobreviven mucho más que la vida humana”. Su arte sigue esta concepción holística: muchas esculturas ofrecen huecos o formas permeables que incorporan luz y espacio, mientras que los cuerpos redondeados evocan configuraciones de la naturaleza.

Leiko Ikemura. “Motherscape”
Karlsplatz 5
Viena
Hasta el 6 de abril de 2026
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