…Espero una exposición internacional donde Picasso y yo estemos juntos.
Kirchner formuló el deseo en 1933 y ha sido necesario casi un siglo para hacerlo realidad. El museo de este artista en Davos (Suiza) acoge hasta el próximo mayo un centenar de pinturas, esculturas, dibujos y grabados de dos de los autores definitorios de la contemporaneidad; de esta confluencia se espera poder extraer lecturas provechosas sobre las inquietudes comunes de estos primeras espadas, que pertenecen a la misma generación (nacieron con un año de diferencia), que nunca se conocieron personalmente y que, sin embargo, se aproximaron mutuamente en sus respectivos trabajos con bastante frecuencia.
A lo largo de casi cuatro décadas, ambos respondieron a las mismas convulsiones históricas y sociales (las guerras, el auge del mundo urbano y de la máquina, el culto al cuerpo y su eficiencia y la agitación social), pero con estrategias estéticas y técnicas, como sabemos, diferentes.
Si Picasso se integró tempranamente en la vanguardia parisina y pronto se convirtió en el gran renovador formal de la pintura del siglo XX al embarcarse en aguas cubistas, recibiendo su producción una acogida excepcional en Alemania y Suiza incluso antes de la Primera Guerra Mundial, Kirchner, sin embargo, desarrolló su arte en un principio bajo el paraguas del grupo Die Brücke, que se apartó deliberadamente de las tradiciones académicas en busca de nuevas formas de expresión que aseguraran la inmediatez, la autenticidad y la espontaneidad, y no siempre fue comprendido por ello. Tras trasladarse a Berlín en 1911 (él era bávaro), la propia metrópolis devino su tema central.
Para este último, la Primera Guerra Mundial supuso un antes y un después en lo personal y lo pictórico: después de padecer un colapso tanto físico como psicológico, se trasladó a Davos, donde vivió y trabajó hasta su muerte. En su obra tardía, experimentó cada vez más con la abstracción sin abandonar la figuración, con el objetivo declarado de integrar el arte de origen alemán en el contexto internacional. Ese que siempre acogió a Picasso, una y otra vez alabado por Kirchner en su correspondencia: Cualquier niño puede ver que Picasso crea de forma muy diferente y desde una actitud completamente distinta. O: El más peculiar y el mejor es, sin duda, Picasso.

“Kirchner. Picasso” se divide en cuatro secciones temáticas, pero cada una de ellas se refiere, a su vez, a una década entre 1900 y 1940, de modo que el recorrido presta bastante atención a ese contexto en que ambos trabajaron. Y este arco cronológico se corresponde, además, con el de la andadura de Kirchner, que murió en 1938.
La sección inaugural está dedicada a la búsqueda de nuevos lenguajes visuales en torno a 1900 y cuenta con obras tempranas de los dos que documentan su alejamiento de las tradiciones académicas y su interacción con corrientes y entornos que les fueron cercanos, como el circo y el teatro de variedades. Destaca Jeanne (1901), de Picasso, imagen aún marcada por el impresionismo que apunta, no obstante, hacia una intensificación psicológica de los motivos. Y con Barcelona de noche (1903) se puede rastrear, de forma ejemplar además, la evolución del andaluz en el manejo del espacio, la luz y la composición.
De la primera etapa de Kirchner antes de ingresar en Die Brücke veremos Dos bailarinas (1910-1911); se han seleccionado intencionadamente temas comunes apuntando a diferencias evidentes en su tratamiento.
Un segundo apartado se centra en la metrópolis como espacio germinal de la modernidad: París y Berlín eran en los años de entreguerras lugares de concentración artística, aceleración, sobrecarga sensorial y tensión social. A su vez, se aborda en este capítulo la interacción de ambos artistas con la creación no europea, así como la importancia de la escultura y la naturaleza muerta para su devenir posterior.
No faltará Mujer de verde (1909) de Picasso, llegada del Van Abbemuseum de Eindhoven, una de las obras clave del cubismo, contraponiéndose a Dos mujeres en la calle (1914) de Kirchner. Como alternativa a la experiencia urbana, el retiro en la naturaleza ganó terreno también en sus creaciones, por ejemplo en Dos bañistas (1912), de Ernst Ludwig, un asunto de extensísima tradición que la vanguardia -es sabido- no abandonó.


El tercer episodio de la muestra recoge una fase de reorientación pictórica en los dos tras la Primera Guerra Mundial. Se presenta una selección de obras de la década de los veinte: Picasso transita entre diferentes enfoques estilísticos y combina elementos clásicos con un lenguaje formal más liberal, como apreciaremos en Madre e hijo (1921) o Cabeza de mujer (1932); Kirchner, tras mudarse a Davos, daba forma al que se llamó su Nuevo Estilo. Obras como Totentanz (Danza Macabra) (1926-1928) muestran en él códigos más claros, un trazo rítmico y un uso reducido pero vibrante del color.
Una última sala se nutre de trabajos que vendrían a suponer su respuesta a los acontecimientos políticos y culturales de los treinta, años de difamación en Alemania del arte reciente, bajo el nacionalsocialismo, y de campaña contra el bautizado como “arte degenerado”.
Pablo Picasso elaboró durante este período retratos inolvidables de Dora Maar, como Mujer con sombrero (1938), en tanto que la obra tardía de Kirchner está representada, entre otras piezas, por Danza de color II (1932-1934) o Mujer desnuda reclinada (1931), cuya realización suele vincularse a la retrospectiva del mismo Picasso que pudo contemplarse en Zúrich en 1932.
Acierta la exposición al no simplificar los paralelismos estilísticos ni reivindicar influencias directas entre uno y otro; más bien suscita preguntas en torno al origen de sus diferentes enfoques de una realidad y un tiempo relativamente comunes, y convulsos, y respecto a su manejo del deseo de tradición (mediterránea o germánica) y la querencia por la ruptura. Será posible detectar que las composiciones de Kirchner permanecieron marcadas por una urgencia existencial que difiere claramente del punto de vista, a menudo analítico, de Picasso.
Las opiniones del malagueño respecto a Kirchner no se documentaron, pero esta exposición supone, en todo caso, el reflejo de una época desquiciada y de dos caminos preclaros de mirarla.

“Kirchner. Picasso”
Promenade 82
Davos
Del 15 de febrero al 3 de mayo de 2026
OTRAS NOTICIAS EN MASDEARTE:





