Jesús Rafael Soto, Martín Chirino y Edgar Negret, en las terrazas del Reina Sofía

El Museo Reina Sofia ha reabierto hoy las terrazas del edificio Nouvel, después de una reordenación que incluye la instalación allí de tres obras que forman parte de su colección de escultura geométrica de los años sesenta y setenta; este espacio pasará así a considerarse como una nueva sala para la exhibición de los fondos del centro, dedicada al periodo en que el minimalismo dotó a la escultura de un repertorio basado en las formas elementales, pero también favoreció la interacción, y no solo la contemplación, de los espectadores.

Del venezolano Jesús Rafael Soto podrá verse allí un penetrable datado en 1982 y ejemplo de la utilización de la vibración óptica como vía de comunión con el cinetismo. Esa serie comenzó a llevarla a cabo a finales de los años sesenta: se trata de espacios llenos de piezas colgantes móviles que el público ha de atravesar. Ofrecen una condición arquitectónica; la investigadora Mónica Amor los ha relacionado, de hecho, con el urbanismo ambientalista que se desarrollaba en el espacio público en ese momento, después de las revueltas sociales de fines de los sesenta. El propio artista explicaba, en 1983: Ya no hay espectadores; no hay sino participantes. Más tarde, en 2011, definió estas obras como una idea del espacio que puede materializarse en cualquier situación y a cualquier escala… De ser posible, podrías incluso cubrir el planeta entero. Como prueba, la pieza ha sido adaptada para su presentación aquí junto con el Comité Soto.

Jesús Rafael Soto. Penetrable, 1982. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Jesús Rafael Soto. Penetrable, 1982. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Del colombiano Edgar Negret contemplaremos Vigilante rojo (1979), trabajo que ha permanecido expuesto en el Tribunal de Cuentas Europeo, en Luxemburgo, como depósito temporal en la última década, y hasta ahora no se había mostrado en el MNCARS, donde recientemente ha sido restaurado. Considerado una escultura-acción, que no oculta pernos y tuercas, se concibió como un ensamblado que revela la operación de organizar cuerpos y acoplamientos bajo una capa uniforme de pintura industrial mate.

Vigilante rojo -una versión mayor de la misma se halla en el Palacio Presidencial de Nariño en Bogotá – está formada por una decena de elementos columnarios en desplazamiento parabólico. Cada una de las piezas verticales gira treinta grados respecto a la anterior, para generar cinco estructuras gemelas contrapuestas: al desplegarse, nos invitan a recorrer la secuencia cinética que se experimenta al rodear la escultura. En los años cincuenta, fue Oteiza el primero en animar a Negret a desarrollar sus indagaciones escultóricas geométricas.

Edgar Negret. Vigilante rojo, 1979. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Edgar Negret. Vigilante rojo, 1979. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Por último, la pieza de Martín Chirino, fechada en 1971, forma parte de la serie Mediterráneas. El canario fue uno de los fundadores del grupo El Paso y su escultura remite al paisaje y a las formas primigenias de las islas: ese conjunto lo llevó a cabo con acero laminado, soldado y pintado con acabados industriales, casi automovilísticos.

El título hace alusión a sus viajes a Italia y a Grecia y esta obra se plantea como una estructura expansiva, con volúmenes huecos articulados con un ritmo pendulante en el espacio. Podría parecer una pieza abstracta en un primer vistazo, pero toma la forma de un paisaje cuyo acabado cromático le confiere cualidades acuáticas, ligadas de nuevo a ese archipiélago.

La reapertura de las terrazas del edificio Nouvel supone el inicio de la nueva reordenación de la colección permanente del Reina Sofía, que finalizará en 2028.

Martín Chirino. Mediterránea 10, 1971. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Martín Chirino. Mediterránea 10, 1971. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

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