Infinito Delicias, un tercer espacio para la cultura y la cocina

Nace a iniciativa de la Fundación Daniel y Nina Carasso

Madrid,

Tienen, quizá, mayor tradición con esa denominación en otros países europeos, pero su concepto no es nuevo tampoco en España: hablamos de los terceros espacios, lugares ajenos al propio domicilio y al trabajo y concebidos para el encuentro relajado con los demás. Ese objetivo, el de favorecer las interacciones sociales cuando algunos estudios apuntan a que no viven una fase de esplendor, es la principal nota común de estos proyectos, por lo demás muy diversos en sus actividades y en las pretensiones de sus impulsores; en los contextos urbanos, tengan carácter público o privado, suele tratarse de centros culturales, laboratorios de diseño y fabricación de productos o de desarrollo informático. E incluir metros cuadrados para el esparcimiento compartido, en forma de cafés o cocinas comunales. En ningún caso requieren invitación.

A esos rasgos responde aproximadamente Infinito Delicias, un centro que recientemente abrió sus puertas en el número cinco de la calle de Juana Doña, en el distrito de Arganzuela de Madrid. Alberga un coworking, un auditorio, estancias para creadores o un restaurante, pero busca ser sobre todo un punto de reunión del que emerjan ideas, fundamentalmente en torno a tres áreas: la cultura, la cocina y la innovación.

Infinito Delicias

Aunque todos, independientemente de nuestra edad y oficio, estamos llamados a adentrarnos en Infinito Delicias, quedan especialmente invitados artistas, cocineros, agricultores y miembros de fundaciones, asociaciones, empresas, instituciones públicas y startups que deseen articular, a partir de la colaboración mutua, propuestas que generen un impacto positivo. Para favorecer la conversación, la arquitectura del centro no se ha planteado de forma cerrada, sino buscando que las paredes puedan conectar más que separar y que cada zona pueda complementarse con el resto. Tanto los materiales del edificio como su mobiliario son, además, ecológicamente responsables y se ha privilegiado la iluminación natural.

En definitiva, Infinito Delicias quiere convertirse en el lugar donde puedan charlar investigadores, arquitectos, músicos, estudiantes o agricultores sin jerarquías, y donde de esa disolución de fronteras entre disciplinas broten colaboraciones. Su punto de partida será la recuperación del valor de las pequeñas interacciones diarias, la escucha frente a la prisa y el ruido, y los interesados podrán participar en actividades grupales, talleres de innovación o conciertos; también sugerir los suyos.

Tras esta iniciativa, no lo hemos dicho, se encuentra la Fundación Daniel y Nina Carasso, que en Infinito Delicias trabajará, así, en dos de sus líneas básicas de actuación: la alimentación sostenible y el arte como disciplina capaz de cohesionar a la ciudadanía. Presente en España desde 2014, ésta es ahora la sede de esa institución en nuestro país; aquí se organizan programas de residencia para artistas, investigadores y creadores multidisciplinares, poniendo a su disposición un apartamento y un estudio (por ellos ya han pasado Andrea Canepa, Vir Andrés Hera, María Jerez y el colectivo Juf), mientras que el restaurante UNMAR ofrece una cocina, en palabras de la organización, honesta, de temporada y de proximidad, apta para todos los paladares. Quienes quieran experimentar ellos mismos en los fogones, en un entorno colaborativo y con mentorías especializadas, o enseñarlo en formato de videopodcast, también podrán hacerlo en Cocina Beta y Cocina Plató.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN:

www.infinitodelicias.com

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