El año pasado cumplió un cuarto de siglo Generaciones, la convocatoria de La Casa Encendida destinada a promover la labor de los jóvenes artistas y concederles herramientas para producir y divulgar sus trabajos. En este nuevo capítulo de la iniciativa los ganadores no han sido ocho, sino seis, con el objetivo de aumentar la dotación de sus premios (ahora 10.000 euros para la producción y 2.000 como honorarios) y también el espacio en el que mostrar las propuestas.
Este año el jurado que ha seleccionado a los autores menores de 35 años participantes ha estado compuesto por David Barro, director de Es Baluard Museu; Rosa Ferré, codirectora de TBA21; y la comisaria Maria Willis. Se reconocen proyectos de largo recorrido, no necesariamente finalizados -de modo que el mismo jurado pueda conocer sus procesos- y habitualmente de muy distinto cariz; en esta ocasión, se hace extensiva al conjunto de las piezas elegidas la definición que Ferré hace de una de ellas, la de Víctor Colomer: una escultura que deja de ser mero objeto para devenir sistema relacional que modifica las formas de habitar, percibir y moverse.
Cuerpo, materia, tiempo y voz son el centro de las investigaciones de estos creadores, a quienes, como a tantos de su generación, importan más los caminos que sus frutos y no les preocupa definirse por unas u otras disciplinas: habitualmente aúnan escultura e instalación, prácticas performativas y sonoras, desarrollos en el tiempo y en el espacio. Les interesa lo que se transforma y lo inestable, aquello que creen necesario repensar.
Hace sólo un par de semanas se sumó a nuestros fichados Hodei Herreros, con quien comienza el recorrido. Se vale de sombras, siluetas y contornos, de planitudes, para construir formas escultóricas e incorpora y reivindica como parte de sus trabajos maquillaje y bisutería femeninas, cuestionando que estructura y ornamento, política y estética, no puedan converger.
En La Casa nos enseña The Voiceless Voice of the Girls, una instalación entre sonora y espacial: una estructura pintada justamente con maquillaje acogerá los cuerpos, y las bocas a sus distintas alturas, de mujeres que emitirán sus voces en una performance destinada a hacernos reflexionar sobre cuáles son audibles y cuáles silenciadas. Ese instrumento de la voz también se hace presente en copas como labios, abiertas: recuerda Herreros que el habla y la apariencia han sido y son objeto de controles y disciplinas.


Al mencionado Ruiz Colomer le interesa el que llama hacer espacial: cómo se mantienen y destruyen las estructuras de organización social y qué fricciones generan; y aborda estas cuestiones desde la escultura, una inhabitual. Se vale de prototipos y maquetas, dispositivos que siempre son ensayos pero que, a la vez, pueden liberarse en cualquier momento para ser piezas finales.
En Generaciones veremos dos de esos dispositivos ligados a sanatorios psiquiátricos; tendremos ocasión de vincular sus arquitecturas y sus elementos ligados a la contención (puertas, ventanas, marcos) con los trastornos del pensamiento que padecen quienes los habitan. Para este autor, el espacio es un campo de relaciones entre el cuerpo, la materia y el lenguaje.

Colomer y Herreros comparten sala con otra de nuestras fichadas, Maya Pita-Romero, que viene recurriendo a instalaciones, esculturas y textos para enlazar los procesos de nuestro cuerpo y las transformaciones de los ecosistemas. Imagina esta artista madrileña escenarios donde puedan tener lugar otras relaciones con las actividades tradicionales del pasado y con la misma naturaleza, unas relaciones que tendrán que estar lejos de la asepsia y abiertas a las metamorfosis y a la conjunción, quizá, de lo bello y lo abyecto.
Sin nunca llegar a la boca es el título de su propuesta aquí: una suerte de túnel por el que podremos transitar, elaborado con materiales blandos (textiles, plantas, látex), que ella cose, teje y ensambla. Se trata de un espacio para ocultarse, o de una arquitectura íntima; de un lugar donde asfixiarse o en el que ser reparado que Pita-Romero ideó imaginándose tragada por su propia garganta.

Élan d´Orphium, Víctor Santamarina y Claudia Pagés nos esperan en la segunda sala de la exposición. Al primero corresponde la pieza más escatológica en el recorrido: Acto de amor. Para María Wills, se adentra en una política del placer y reclama que lo blando y lo efímero también pueden construir.
Este autor pacense ha convertido su propia orina (según él, lluvia dorada) en formas escultóricas semejantes a pájaros, en un gesto que quiere traducir como señal de entrega alternativa, porque entraña disciplina corporal e implicación afectiva prolongada.


Para Víctor Santamarina, la escultura puede no concebirse para perdurar, sino para encarnar el colapso y lo evolutivo, en lo ontológico y lo material. En Subsidencia se ha valido de sistemas de encofrado, en cera y en vertical, para activar una coreografía de desgaste de ese elemento, que irá deshaciéndose en el tiempo de la exposición, derrumbándose con el paso de los días.
La subsidencia es, justamente, un fenómeno geológico consistente en el hundimiento de los terrenos; en las creaciones de Santamarina, son las estructuras pensadas para ser sólidas las que devienen frágiles, con lo que ese movimiento implica de simbolismo. Podemos entender esta composición como una escultura performativa en la que todo parte, y no acaba, con el fracaso. La cera perdida será, después, recogida y reutilizada.

Por último, Claudia Pagés es otra de las artistas que conjuga la creación visual con la escritura y la performance: sus instalaciones videográficas, trabajos en papel y libros beben de su uso de la palabra, la música y el cuerpo.
Su trabajo premiado se llama Marcas de agua: Torres, castillos, perros y Laia y se nutre de sus estudios sobre las marcas del agua del papel (o filigranas), esos dibujos que se llevaban a cabo en el proceso de fabricación de las hojas, quedaban integrados en ellas y sólo pueden verse a contraluz.
En la Edad Media y épocas posteriores, indicaban origen y autenticidad, predominando como motivos los del título de esta pieza. Pagés ha elegido proyectar con láser, que si durara más y no alternaran las imágenes podría perforar la pared, algunas de las marcas que se conservan en el Museo Molí Paperer de Capellades. Descontextualizadas, ya no admiten lecturas estables, como prueba la negación de los temas por parte de su sobrina.

Generaciones 2026
Ronda de Valencia, 2
Madrid
Del 30 de enero al 19 de abril de 2026
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