Elegy, Another Me, La librería, Un amor y, ahora, Tres adioses. Isabel Coixet ha vuelto a levantar una película a partir de una novela: la base de su última obra es Tres cuencos. Rituales para un año de crisis, libro de la fallecida escritora italiana Michela Murgia en el que esta autora, muy creyente y muy feminista, comunista, licenciada en teología y profesora de religión, dio cuenta de cómo cambió su vida, y sobre todo su modo de mirar, el conocimiento de que padecía un cáncer de riñón. El que causaría su muerte en 2023.
La directora ha tenido el acierto de filmar su historia en una Roma bella pero no grandilocuente, sin apenas espacios reconocibles para el turista: conceder protagonismo a la ciudad apabullante se lo habría restado a las historias, ordinarias pero siempre relevantes, de sus personajes, que forman parte más o menos cercana de la vida de esta profesora (ahora de gimnasia) y que tienen en común el enfrentarse a cambios en sus vidas de la manera que saben. Pasan por una ruptura amorosa o dudas sentimentales, por una adolescencia complicada o por cambios laborales, y lidian con ellos hiriéndose o no, procurando cuidar o cuidarse.

Alba Rohrwacher interpreta a Marta, alter ego de Michela, con mucha solvencia – a priori podría encarnar una frialdad poco compatible con la personalidad de Murgia, pero es una sensación breve que termina diluyéndose-. Su personaje se muestra lo bastante hundida tras su separación de Antonio (Elio Germano) como para perder el apetito y charlar con un muñeco de cartón, lo bastante serena como para no recrearse en el dolor; lo suficientemente débil para no dar crédito a su tumor y, finalmente, fuerte para tomar conciencia de cómo quería terminar su vida. Son objetivamente asuntos densos, pero Tres adioses los aborda con ligereza, la de los estorninos en vuelo al inicio y al final del metraje, quizá sin más propósito que generar un instante bello: Marta/Murgia entrena a su limitado entorno para una despedida sin drama y ella misma se decide a soltar lastres, superado el impacto inicial del conocimiento de la enfermedad.
Esa Roma de barrio acoge vidas en las que, atendiendo a las acciones, nada ha cambiado, mientras que, examinadas las actitudes, todo lo ha hecho. Incluso con discreción, a diferencia de otros films de Coixet. No hay en Tres adioses pretensión de trascendencia, sí de sugerir que la brevedad del tiempo que se nos da no tiene que negar la alegría (y que el supuesto fracaso de un día puede ser la sabiduría de otro, después). Repite varias veces Rohrwacher, aunque la idea pueda sugerir demasiada levedad, que de casi todo puede escaparse pedaleando.


