Del Salon del Mobile de Milán a la Bizkaia Design Week, pasando por Madrid Design Festival. Desde hace casi una década, los alumnos del Grado en Diseño de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra vienen mostrando sus proyectos en citas acordes a sus inquietudes creativas, inquietudes que pasan por el examen crítico de nuestros modos de relacionarnos con los objetos y los espacios.
Hasta el próximo 12 de marzo, es la tienda de Roberto Verino en el número 33 de la calle Serrano, en Madrid, la que acoge una selección de sus trabajos en el marco de la exposición “Diseñamos”. Esas propuestas, que ahora pueden testar frente al público, aspiran a la sostenibilidad en forma de utilidad duradera, pero más allá de esa búsqueda de solidez resultan, sobre todo, diversas: de la iluminación, el juego o el calzado a las vajillas o las gafas individualizadas. Ésas que pueden invitarnos a mirar, dos veces y más despacio, los instrumentos y entornos cotidianos en los que la belleza y la funcionalidad no sólo no discurren por caminos opuestos, sino que se explican, muchas veces, la una a la otra.
Comenzando por el techo para acabar por el suelo, la luz la ponen Amaia Andueza, Julián Vidaurre y Estefanía Rojas. La primera presenta Argia, un conjunto de lámparas de formas muy diversas que tienen en común su materia prima: cartón desechado en los comercios del centro de Pamplona. Valiéndose de su dureza, suficiente para albergar bombillas, y también de las posibilidades ornamentales derivadas de su fragilidad, viene a recordar Andueza que la vida útil del supuesto residuo puede ser (luminosamente) prolongada.
Las lámparas de Vidaurre comparten, también, material: el hormigón, que asociamos al terreno sólido de la construcción y no al de la liviana luz ambiente, y que por eso da lugar a una estética particular, contemporánea y severa. Ofrece diferentes versiones de un mismo producto: escritorio, pared, suelo… Rojas, por su parte, ha creado su foco a partir de cera fundida; así, la luz generada es necesaria y metafóricamente cálida, y se acompaña de un aroma familiar que también lo es. Esta iluminación adopta un carácter algo introspectivo; el budismo fue su fuente.

A media altura, sobre una mesa, vajillas, un set de posavasos, una cubertería y un juego. Carlota Corezón es la autora del conjunto Loreak, en el que conviven sin ninguna estridencia la inspiración geométrica y la orgánica. Si sus piezas se apilan, el resultado es una flor, pero una nacida de la prolongación de la antigua proporción áurea. En la vajilla de Emilio Argenzio, sin embargo, sólo hay aparentemente geometría. Aparentemente: su serie se llama Chirico, porque el peso y la consistencia de las piezas, de arcilla blanca, expresan el potencial de su austeridad.
Belén García, entretanto, ha preferido explorar las opciones de los posavasos como sistema de construcción en plano. La serie España: Tipos y Trajes, de la colección del fotógrafo alcarreño Ortiz-Echagüe, que custodia el Museo Universidad de Navarra, es la base de sus diseños articulados en tríos de piezas cuadradas: plantea decenas de combinaciones de esos trajes tradicionales.
La cubertería corre a cargo de Lucía Andonegui y se llama Ssitto. Recordándonos que la historia de la evolución de los cubiertos tiene mucho que ver con la de nuestra alimentación y nuestros usos y costumbres (con nuestra propia historia), ha querido imaginar cuchillos, cucharas y tenedores primigenios, basados en la superposición de geometrías. De nuevo, delicados y ergonómicos sin contradicción.


Y el juego de sobremesa corre a cargo de Alexia Iráizoz: su ajedrez es de acero corten y elaboración artesanal, de ahí que se aproxime más a desarrollos escultóricos -evoca la autora a Chillida u Oteiza- que a los de las figurillas habituales de madera en jerarquía.
Los residuos de la comida podrán tener, aún, otra vida de repuesto: Terraviva es un conjunto de piezas ideadas por Andrew Cavanagh para hacer, de esos desechos, macetas; se trata de un molde de silicona flexible y seis bases de terracota apilables y, claro, reutilizables.


De indumentaria y calzado se ocupan Ana Isabel Sandoval, Mirian Águeda, Celia García Rubio, Marta Romero, Regina Carrera, Inés Rosas y Rubén Goñi.
Sandoval ha diseñado, en su colección Folitun, complementos modulares ejecutados con técnicas de entrelazado de crin tomadas de la artesanía Rari, de origen chileno; Águeda, un cómodo zapato, destinado a peregrinos del Camino de Santiago, que imprimirá en el suelo la frase ¿Por qué me sigues?; García Rubio nos enseña una colección de uppers, la parte que cubre la zona del empeine de un calzado, realizados con punto tridimensional y completados con suelas impresas en 3D; y Marta Romero expone una colección cápsula de accesorios inspirada en la artesanía y los aperos, más que duraderos, de quienes trabajan en el campo.
Por último, Regina Carrera ha fabricado sus Frankensneakers con zapatillas desechadas, logrando un producto más expresivo y menos estandarizado que las deportivas habituales; Inés Rosas ha encontrado en tulipanes, hiedras o claveles inspiración y nombre para sus accesorios Golden Poppy; y Rubén Goñi ha imaginado la posibilidad de que las gafas se adaptasen al rostro del usuario, evitando la larga búsqueda de las más adecuadas a nuestros rasgos. Ha creado las suyas, llamadas Lensora, tras estudiar el sector óptico, sus tendencias de consumo y las opciones de la fabricación aditiva.
Monturas y patas se ajustaran a nosotros; mirar, como ellos, de otra manera sigue corriendo de nuestra cuenta.



