Cine en los tribunales

20/06/2014

fuerademenu_juicio

 

Ya os hemos hablado de cine dentro del cine y de todo tipo de familias llevadas a la gran pantalla, hoy es el turno de juicios de película. Hay cientos de ellos, sin exagerar, pero hemos seleccionado para vosotros diez. Éste es nuestro veredicto:

1. MATAR A UN RUISEÑOR. Robert Mulligan, 1962

MATAR A UN RUISEÑOR. Robert Mulligan, 1962
MATAR A UN RUISEÑOR. Robert Mulligan, 1962

Como Doce hombres sin piedad, de la que os hablamos más adelante, Matar a un ruiseñor es un alegato contra los prejuicios que ya en su época fue muy buen recibido: se llevó tres Óscars. Basada en una novela de Harper Lee (la primera y única de esta autora) y protagonizada por Gregory Peck en el que fue uno de sus mejores papeles, la película nos traslada a un pueblo de Alabama en la época de la Gran Depresión: allí vive con sus hijos el abogado Atticus Finch, la perfecta definición en carne y hueso de lo que nuestras abuelas llamarían “una bellísima persona”, y allí son juzgados, en un tribunal, un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca que lo ha inventado todo y, a pie de calle y como reo del cotilleo vecinal, un extraño y desgraciado personaje del que circulan todo tipo de rumores (Robert Duvall).

En Matar a un ruiseñor hay suspense, intriga, sabiduría emocional de la que aprender minuto a minuto, un drama judicial, lecciones de tolerancia y empatía y muy llamativas llamadas de atención sobre las consecuencias de la incultura y la infelicidad de unos obre la vida de otros.

Para los interesados: el 8 de julio HarperCollins publicará la novela en versión digital.

2. DOCE HOMBRES SIN PIEDAD. Sidney Lumet, 1957

DOCE HOMBRES SIN PIEDAD. Sidney Lumet, 1957
DOCE HOMBRES SIN PIEDAD. Sidney Lumet, 1957

Doce hombres sin piedad merece ser examinada con el mismo detenimiento con el que Henry Fonda pide al jurado popular protagonista que estudien el caso de un adolescente, maltratado por su padre y mal tratado por la sociedad, al que se le acusa del asesinato del primero.

Las pruebas, los testimonios de los testigos, el aspecto y condición humilde del chico y la falta de piedad de un jurado deseoso de marcharse a casa parecen ir irremediablemente en su contra, pero el veredicto sólo es válido si es unánime y las dudas que expresa Fonda calan, con dificultad pero calan, en sus compañeros.

Es interesante atender al elenco de actitudes que muestran los doce hombres que tienen en sus manos la vida del inocente y reflexionar sobre la importancia de la duda razonable ante cualquier teoría, el valor de la capacidad de persuasión y las causas de que pueda llegar a resultar(nos) violenta la opción de cambiar de opinión.

El trabajo de los doce actores es excelente y la película, una obra maestra rodada en una austera habitación como único escenario. Un ejemplo del poder del talento actoral y de un buen guion.

3. LA COSTILLA DE ADÁN. George Cukor, 1949

Su desenlace (en cuanto a reconciliación de la pareja llevada a juicio) no nos resulta hoy satisfactorio, pero, para filmarse en 1949, La costilla de Adán destaca por su perspectiva feminista, aunque sin alegatos, de la llamada “guerra de sexos”, todo un subgénero dentro de la comedia americana, y es también una de las colaboraciones más recordadas del trío formado por Spencer Tracy, Katharine Hepburn y George Cukor. La química de los dos primeros en cualquiera de las películas que protagonizaron juntos es irresistible: en esta obra interpretan a un matrimonio de abogados que mantiene una relación cómplice y bastante igualitaria hasta que un juicio en el que ambos han de enfrentarse pone su unión en jaque.

En La costilla de Adán predominan las situaciones caricaturescas y un humor negro e inteligente. Prestad atención a la banda sonora, de Miklos Rozsa.

fuerademenu_juicio3

 

4. LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO. Carl T. Dreyer, 1928

Considerado uno de los grandes filmes del cine nórdico, La pasión de Juana de Arco es también un clásico, intensamente dramático, del cine mudo. Ensalza la figura de la heroína francesa sin recurrir al tono épico cultivado con posterioridad: la acción se centra en el juicio inquisitorial en el que fue condenada por herejía ante un (inquietante hasta la repulsión en la película) tribunal eclesiástico, y en su posterior muerte en la hoguera.

El peso de La pasión reside en los primeros planos, con una fotografía muy cuidada, y sobre todo en la expresividad de los ojos de la protagonista, Renee Falconetti. Un montaje rítmico que alterna planos de Juana y del tribunal crea en el espectador una tensión claustrofóbica paralela a la asfixia padecida por la protagonista y la sencillez de la escenografía obedece a la intención de Dreyer de transmitir atmósferas más íntimas que visuales; en sus palabras: el artista debe describir la vida interior, no la exterior. La facultad de abstraer es esencial a toda creación artística. La abstracción permite al realizador franquear los obstáculos que el naturalismo le impone. Permite a sus films ser no solamente visuales, sino espirituales.

 

5. EL PROCESO PARADINE. Alfred Hitchcock, 1947

Gregory Peck ya había interpretado a otro abogado antes que a Atticus Finch: en esta obra de Hitchcock (menor dentro de su cinematografía, pero aun así muy atrayente) trataba infructuosamente de defender a una gélida y misteriosa Alida Valli en el juicio en el que se la acusaba de asesinar a su marido. Enamorado de la femme fatale, confiaba equivocadamente en su inocencia.

Lo mejor de El Proceso Paradine es su puesta en escena y el proceso de revelación al espectador, paulatino y por entregas, de la relación amorosa entre la señora Paradine y su criado, del que constantemente oímos hablar y nada sabemos en realidad hasta los últimos compases de la película, al modo de una Rebeca que planea en el ambiente.

6. KRAMER CONTRA KRAMER. Robert Benton, 1979

KRAMER CONTRA KRAMER. Robert Benton, 1979
KRAMER CONTRA KRAMER. Robert Benton, 1979

Muy recordada aquí por coincidir en el tiempo su estreno con la aprobación de la Ley del divorcio, Kramer contra Kramer tuvo la gran virtud de atraer y conmover al público al no salirse de los estándares hollywoodienses y, a la vez, contar una historia que, si por algo destaca, es por huir del maniqueísmo: en la pareja interpretada por Dustin Hoffman y Meryl Streep no hay bueno ni malo, y sí infinitos matices.

En ese sentido, y el espectador lo agradece, Kramer contra Kramer “se parece a la vida”; nos enseña las consecuencias de una separación para las dos partes y para el hijo envuelto en el conflicto, muy bien interpretado por Justin Henry.

7. PHILADELPHIA. Jonathan Demme, 1993

Rodada en los noventa y ambientada en los ochenta, Philadelphia denunciaba los prejuicios hacia homosexuales y enfermos de sida a través de la historia (inspirada en otra real) de Andrew Beckett (Tom Hanks), un competente abogado gay despedido por el temor que inspira su enfermedad. Joe Miller (Denzel Washington) vence sus propios miedos y recelos y acepta llevar su caso cuando ningún abogado quiere hacerlo: la evolución de las ideas de su personaje es uno de los puntos más atractivos de la película, otro es la interpretación de los actores.

En ocasiones Philadelphia resulta algo coja en la expresión de emociones, aunque algunas secuencias busquen romper la frialdad. Una de ellas, recordada por muchos, es este pasaje en el que Beckett explica a su abogado por qué le gusta la ópera a partir del aria La mamma morta de la ópera Andrea Chenier de Giordano:

 

8. TESTIGO DE CARGO. Billy Wilder, 1957

TESTIGO DE CARGO. Billy Wilder, 1957
TESTIGO DE CARGO. Billy Wilder, 1957

Testigo de cargo es un clásico del suspense, con guion de Agatha Christie, con el que Wilder quiso acercarse, y así lo afirmó expresamente, al estilo Hitchcock. Tyrone Power, Charles Laughton, Elsa Lanchester y Marlene Dietrich interpretan a los contradictorios y llenos de aristas protagonistas de esta historia, una compleja trama judicial de final inesperado en la que toman parte un abogado brillante, un supuesto asesino millonario, la mujer de éste y una anciana enamorada.

Los diálogos, brillantes como siempre en Wilder, y los flashbacks y giros inesperados, contribuyen a mantener constante el interés del espectador a lo largo del filme, en el que tampoco podía faltar la ironía: Testigo de cargo comparte guionistas con El apartamento y Con faldas y a lo loco. Muchos la conoceréis por sus múltiples versiones teatrales.

9. CADENA PERPETUA. Frank Darabont, 1994

También se inspira en un relato previo, corto y de Stephen King en este caso, y nos habla de acusaciones falsas, pero sobre todo de la amistad forjada entre dos presos de distinta condición social: Andy Dufresne (Tim Robbins) y Ellis Boy “Red” Redding (Morgan Freeman). Ambos actores brillan por su interpretación en el panorama gris de la cárcel en la que estrechan lazos.

Un canto a la libertad, no sólo física, también espiritual (representada en Zihuatanejo, ese lugar sin memoria), Cadena Perpetua apela también a la esperanza, a la posibilidad siempre presente de la redención y a la necesidad del respeto hacia uno mismo.

Ópera prima de Darabont, no tuvo mayor éxito en los Óscars al coincidir con la hornada formada por Forrest Gump, Pulp Fiction o Balas sobre Broadway.

 

10. ALGUNOS HOMBRES BUENOS. Rob Reiner, 1992

Mira Danny, puedo soportar las balas, las bombas y la sangre. Y no quiero dinero ni medallas. Lo que quiero es que te cuadres ahí con tu amariconado uniforme blanco y me muestres un poco de jodida cortesía. Pídelo educadamente.

Nuestro juicio es aquí un consejo de guerra, con Aaron Sorkin como guionista, en el que sólo importan los diálogos. Salen a la luz orgullos y traiciones, usos mal entendidos del poder, defensas crueles de los intereses propios…y pese a ello, y pese a tener la base de Guantánamo como escenario de fondo, en Algunos hombres buenos no encontramos antimilitarismo sino meras descripciones del comportamiento humano, con o sin uniforme y en lo bueno y en lo malo. Su título en Latinoamérica fue, no casualmente, Una cuestión de honor.

 

Los comentarios están cerrados.