Es una laguna costera y uno de los humedales más significativos de este lado del Mediterráneo, pero también el fruto de devenires históricos, económicos y medioambientales: un espacio físico, y uno social y sentimental.
En el 40º aniversario de la declaración de La Albufera como parque natural, el Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM le dedica una exposición especial comisariada por Sandra Moros en la que se esbozan esos nexos entre lo exclusivamente natural y lo humano a partir de trabajos de autores atentos a nuestras huellas en el territorio y a las que éste ejerce en nosotros: Bleda y Rosa, Paula García-Masedo, Lucía Loren, Teresa Marín, Jorge Ribalta y Jorge Yeregui -este último, protagonista estas semanas de una antología en el Museo ICO con muchos lazos posibles con esta propuesta-.
Entre los proyectos de unos y otros llegan a mediar cuatro décadas, así que, además de conocer sus respectivos acercamientos al medio, podremos aproximarnos a los cambios que se han producido en las formas de investigar y representar el paisaje desde perspectivas creativas y críticas a un tiempo. Incluso, ampliando el arco cronológico, sus propuestas conectarán con obras de Sorolla, Gustave Doré, María Dolores Casanova y Antoni Esplugas, por lo que pasarán ante nuestros ojos fotografías, documentos y arte que transitarán desde el imaginario romántico a las actuales preocupaciones climáticas, sin olvidar la agricultura tradicional y el auge del turismo a mediados del siglo pasado.

La Albufera. Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM, 2026. Fotografía: Miguel Lorenzo

La Albufera. Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM, 2026. Fotografía: Miguel Lorenzo
Planteada a modo de excavación arqueológica de capas múltiples, esta muestra parte de Visió tangencial, el que fue uno de los primeros encargos fotográficos sobre un territorio realizados en nuestro país en el contexto de la reconfiguración de la cultura fotográfica en museos e instituciones artísticas durante los primeros años de la democracia. En él se involucraron Gabriel Cualladó, Derek Bennett, Diana Blok, Vicente del Amo, Joan Fontcuberta, John Goto, Andreas Müller-Pohle, Rafael Navarro, Paulo Nozolino, Humberto Rivas, Philippe Salaün y Manuel Úbeda, autores de una docena de ensayos representativos de dos enfoques fotográficos que convivían en los ochenta: Rivas y Cualladó cultivaron una fotografía documental heredera de la modernidad e integrada en la tradición de la fotografía humanista, centrada en el retrato, mientras que otras aproximaciones, ligadas a corrientes más recientes, convertían la imagen en objeto de reflexión crítica. Destacaban, en ese sentido, la obra de Joan Fontcuberta, que cuestionaba la noción de verdad asociada a la foto, o la de John Goto, que hibridaba lenguajes y materiales.
Bleda y Rosa tienden a mirar al pasado histórico y, durante siglos, la Albufera fue un bien real sobre el que el poder ejerció explotación y uso, delimitándolo a través de actos de apeo, deslinde y amojonamiento. Partiendo de la demarcación histórica llevada a cabo en el lago en 1761, estos fotógrafos han realizado una acción en el paisaje articulada desde el primer mojón que separaba la Albufera de la Dehesa. Esa piedra conserva tres inscripciones: una indica que se trata de la primera de las fitas que se distribuyeron en ese momento; las otras dos son una letra D en su cara orientada hacia la Dehesa y una letra A en su cara orientada hacia el lago, la Albufera. El dúo ha trasladado y depositado, a lo largo del límite actual de sus aguas, fitas contemporáneas con una letra A mayúscula, relacionando ese gesto con una imagen monumental de la Dehesa, su límite natural.

Bleda y Rosa. Albufera, 2026
García-Masedo suele trabajar con los materiales que los automóviles le ofrecen y ha continuado haciéndolo. Presenta piezas elaboradas con carrocerías de coche, materiales concretos de acero prensado y pintura automotriz fabricados en la conocida planta de Ford de Almussafes.
El entorno industrial de la Albufera tiene que ver con el perímetro poroso del marjal: aunque se procure determinar los límites del parque como un recinto autónomo respecto a su contexto industrial y urbano próximo, esa separación resulta ya imposible -defiende esta artista- y es patente en el color de las aguas. También en los tonos de objetos específicos pintados, verdes, grises, azules, platas, que fueron nombrados con denominaciones que evocan lo natural.

Lucía Loren. Tramas acuáticas: flujos e hilazas, 2026
La propuesta de Lucía Loren se llama Tramas acuáticas: flujos e hilazas y surge de su colaboración con la artesana Amparo Calero. Este proyecto de instalación enreda plantas acuáticas, tecnologías constructivas, flujos de agua y saberes vernáculos, conectando ciencia, artesanía y arte. Contemplaremos cubiertas de especies más o menos hermanas que suponen invitaciones a recuperar la acumulación de biomasa aérea de estas praderas acuáticas para evitar la eutrofización, esto es, el exceso de materia orgánica acumulada en el agua.
Zona de fluctuación es el trabajo de Teresa Marín García. Se trata de una videoinstalación multipantalla, un ambiente sonoro cuadrafónico y una proyección cuyo origen es la escucha de un lugar, la Albufera, donde que convergen intereses cruzados en torno al agua y vinculados a la agricultura, la pesca, la caza, la hostelería, el turismo, el ocio, la conservación y el mantenimiento del medio ambiente; intereses que cohabitan con microrganismos, flora y fauna en una relación de tensión y equilibrio precario.

Teresa Marín García. Zona de fluctuación, 2025-2026
Entretanto, en Eel Stories Jorge Ribalta representa un conjunto de prácticas humanas en relación con la vida y la muerte de la anguila en este ecosistema, incluyendo la pesca, la cría o el cultivo en piscifactorías, la comercialización, el consumo, el estudio y la repoblación. Profundiza el fotógrafo en la condición animal en la llamada nueva naturaleza actual: un entorno, en definitiva, fabricado y amenazado. Y, por último, Yeregui examina la relación entre la Albufera y el turismo desde los sesenta: durante el desarrollismo, las administraciones locales y el gobierno central impulsaron un modelo de turismo de masas, confiando en sus opciones para activar la economía, pero la llegada de la democracia, la resistencia social y la creciente revalorización del patrimonio natural frenaron, en parte, esta deriva.
Tras estas conexiones entre pasado y presente, queda mirar hacia el futuro posible de la Albufera: ese será el rol del espectador.

La Albufera. Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM, 2026. Fotografía: Miguel Lorenzo