El rebobinador

Oscar G. Rejlander, tempranísimo entre los conceptuales

La reina Victoria y el príncipe Alberto, Charles Darwin, Lewis Carroll y Julia Margaret Cameron compartieron algo más que una época: tuvieron en común su devoción por Oscar G. Rejlander, fotógrafo británico de origen sueco que se contó entre los pioneros de su medio, aunque su trayectoria se haya pasado a menudo por alto.

Ducho en la captación de emociones y psicologías y valiente en la experimentación con las primeras técnicas de la imagen fija, fue además pintor, dibujante y grabador; nos dejó, asimismo, escritos que nos hablan de un moderno pensamiento creativo (aseguraba que es la mente del artista, y no la naturaleza de sus materiales, lo que convierte una obra en arte) y abordó problemáticas de la representación que permanecen vigentes hoy. Sus fotos tienen siglo y medio de vida, pero, según muchos expertos, presagiaron avances propios, prácticamente, de la era digital.

Oscar G. Rejlander. Autorretrato, 1872.
Oscar G. Rejlander. Autorretrato doble, 1872.

Nacido en Suecia en 1813 y fotógrafo ya en su país, Rejlander se mudó a Londres en 1862 e hizo crecer su negocio con la ayuda de su esposa, Mary Bull, que trabajó con él en sus estudios. Alcanzó prestigio (y sustento) sobre todo a partir de sus retratos de la alta sociedad británica; tanto sus clientes como la crítica alabaron su habilidad con la iluminación y la naturalidad: la aparente espontaneidad de las expresiones de sus modelos. Entre ellos estuvieron el citado Darwin y los poetas Alfred Lord Tennyson y Henry Taylor, y guio en sus primeros pasos con la cámara a Charles Lutwidge Dodgson (es decir, Lewis Carroll, que además de narrador fue matemático) y a la citada Julia Margaret Cameron.

No obstante, desde los comienzos de su carrera, interesó mucho a Rejlander conseguir captar en sus esencias a la gente común, los estratos sociales medios y bajos. Parte de sus imágenes de ellos son pretendidamente domésticas e ilustran con ternura y humor las relaciones familiares; decimos pretendidamente porque nos referimos a escenas recreadas en su estudio con modelos y mobiliarios elegidos específicamente tras patear las calles fijándose en niños, vendedores ambulantes, floristas y otros transeúntes. En esos paseos obtenía, además, composiciones y temas para sus imágenes de taller, que algunos investigadores han comparado con las de fotógrafos de calle del último medio siglo por su deseo de inmortalizar lo cotidiano.

Oscar G. Rejlander. The Juggler, hacia 1865. Victoria and Albert Museum, Londres
Oscar G. Rejlander. The Juggler, hacia 1865. Victoria and Albert Museum, Londres
Oscar G. Rejlander. Night in Town (Poor Jo, Homeless), hacia 1862. National Gallery of Canada
Oscar G. Rejlander. Night in Town (Poor Jo, Homeless), hacia 1862. National Gallery of Canada

Hablamos al principio de sus experimentaciones técnicas: en 1863 construyó un estudio-túnel con hierro, madera y vidrio. Los modelos se situaban en su final, en el área más abierta y luminosa del estudio, mirando hacia la zona más oscura, donde quedaban la cámara y el fotógrafo, éste casi invisible. Así, las pupilas de los fotografiados se expandían, consiguiendo una mayor expresividad. Parece que él mismo tenía talento para el gesto exagerado, y cayendo en ellos motivaba a sus retratados para dejarse llevar; tanto fue así, que algunas fotos de Rejlander llegaron a ilustrar el estudio La expresión de las emociones en el hombre y los animales de Darwin, editado en 1872.

Pero, si por algo ha pasado este autor a los anales de la historia de la foto, ha sido por su manejo de la técnica de impresión combinada; lo apreciamos en su obra Two Ways of Life o Hope in Repentance, de 1857. Destaca por su gran formato y por lo ambicioso de su producción, que supuso la impresión coordinada de más de treinta colodiones húmedos separados sobre negativos de vidrio, un proceso que duró más de tres días. La imagen contiene una intrincada alegoría de dos filosofías de vida opuestas: vicio y virtud; en su parte derecha vemos a un hombre sabio guiando a otro más joven hacia una vida virtuosa de trabajo, estudio y fe y, a la izquierda, a un segundo joven tentado por el deseo, el juego, el ocio y el vicio. Parece que el príncipe Alberto de Inglaterra ayudó al fotógrafo en el planteamiento de esta obra y él y la reina Victoria compraron tres versiones de la misma para su colección.

Fuera de la Familia Real inglesa, las opiniones fueron encontradas: algunos fotógrafos profesionales consideraron la pieza un tour de force técnico y otros, los aficionados, la entendieron artificial e… inmoral. Aún así, es uno de los mejores ejemplos de impresión combinada de este periodo.

Oscar G. Rejlander. Two Ways of Life (Hope in Repentance), 1857. Victoria and Albert Museum, Londres
Oscar G. Rejlander. Two Ways of Life (Hope in Repentance), 1857. Victoria and Albert Museum, Londres

A día de hoy, el debate sobre si la fotografía puede considerarse arte no es ya tal, felizmente, pero en tiempos de Rejlander y en Gran Bretaña, como sabemos, cosechaba opiniones enconadas. El fotógrafo se mostró partidario de su concepción como arte independiente y también recalcó que este medio podía servir de ayuda a pintores o escultores, al facilitarles el trabajo con modelos en vivo: un sustrato de imágenes desde el que dibujar o esculpir más tarde. Él mismo ofreció a muchos referencias visuales, gracias a la variedad de poses y disfraces que encontramos en sus fotos, a sus primeros planos de manos, pies o expresiones faciales. Sabemos que pintaron a partir de sus obras, por ejemplo, George Frederic Watts o Fantin – Latour. Otros se mostraron reacios.

En realidad, la influencia fue mutua: la pintura repercutió decisivamente en la elección de temas por parte de Rejlander, que llegó a imitar el estilo de algunos pintores y a recrear él mismo las figuras que aparecían en sus composiciones, de ahí que detectemos en algunas de sus imágenes actores y modelos haciéndose pasar por madonnas, discípulos o por san Juan Bautista.

No le dio tiempo, sin embargo, a hacer todo cuanto quiso: Cuando comparo lo que he hecho con lo que creo que debo hacer, me considero un aficionado después de todo, un principiante, dejó dicho.

Oscar G. Rejlander. Study of Hands, 1856. National Gallery of Canada
Oscar G. Rejlander. Study of Hands, 1856. National Gallery of Canada
Oscar G. Rejlander. The Bachelor's Dream, hacia 1860. George Eastman Museum
Oscar G. Rejlander. The Bachelor’s Dream, hacia 1860. George Eastman Museum

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