El rebobinador

Georges de la Tour a la luz de nueve velas

Es uno de esos hallazgos tardíos que traen alegrías largas: el descubrimiento de De la Tour para el gran público no llegó hasta hace justo un siglo: en 1915, con la publicación por Hermann Voss de un artículo en una revista alemana. Entonces solo se le atribuían tres obras: Aparición del ángel a san José, Recién nacido y Negación de San Pedro, esta fechada hacia 1650.

Hoy le consideramos autor de unas sesenta, pero es más lo que desconocemos de él que lo que sí sabemos. Vivió entre 1593 y 1652 y pintó escenas diurnas, de realismo crudo y materia sofisticada, y otras nocturnas, de inspiración fundamentalmente bíblica, factura depurada y magistralmente iluminadas, muchas veces a partir de velas.

Representó figuras a menudo solas y meditativas, hombres y mujeres en silencio. Muchos encuentran en ellos una invitación a la reflexión sobre la condición humana. Lo resumimos en nueve velas:

El pago del dinero

Prokofiev la atribuyó en 1962 a De la Tour y en 1974 apareció la firma (y la fecha, ilegible). La datación es muy confusa, pero la mayoría de los expertos la consideran obra temprana.

Su título, neutro, se debe a que la iconografía tampoco ha sido descifrada, aunque la indumentaria hace dejar a un lado la temática religiosa o histórica. Si apostamos, entonces, porque se trate de una escena de género, quedaría dirimir si se relaciona con la actualidad de su época o representa un tema moralizante. En el primer caso, podemos vincularla al cobro de impuestos en Lorena; en el segundo, quizá, con una alegoría de la avaricia.

La luz de la vela, la construcción espacial con la mesa inclinada y el refinamiento cromático de la obra remiten a la exacerbación del manierismo hacia 1600.

Georges de la Tour. El pago del dinero. National Gallery, Lviv, Ucrania
Georges de la Tour. El pago del dinero. National Gallery, Lviv, Ucrania

Job y su mujer

Job agarró una tejuela para rasparse con ella, sentado en medio de la ceniza, dice el Libro de Job, y ese detalle ha permitido identificar la iconografía de esta escena.

Su conservación no es muy buena, pero en las zonas donde mejor se mantiene la capa pictórica es evidente la sutileza de las veladuras y el modelado, los efectos rebuscados de la iluminación artificial y la simplicidad realista de las anatomías.

Con economía de medios, el cuadro evoca el diálogo, entre exaltado y contenido, entre un Job afligido y su mujer, serena.

Georges de la Tour. Job y su mujer. Musée départemental d´ Art ancien et contemporain, Épinal
Georges de la Tour. Job y su mujer. Musée départemental d´ Art ancien et contemporain, Épinal
Georges de la Tour. Mujer espulgándose. Musée Lorrain, Nancy
Georges de la Tour. Mujer espulgándose. Musée Lorrain, Nancy

Mujer espulgándose

En un interior austero, vemos a una mujer semidesnuda sentada en un taburete, a la luz de una vela. Su identidad desconocida ha suscitado muchas hipótesis: puede ser Agar, una Magdalena penitente, una madre joven… Hoy las teorías apuntan a una mujer cualquiera espulgándose, motivo aparecido en varias pinturas de los siglos XVII y XVIII (obras de Van Honthorst, el Maestro de la Candela, Crespi, Lancret…).

Su rostro se parece al de la sirvienta que sirve vino en el Tramposo del Louvre y al de la que porta el farol en San Sebastián curado por Irene. Lo raro es la ausencia de una jofaina con agua donde ahogar las pulgas (una la sujeta entre los pulgares, otra aún está en su vientre).

Como ocurre en De la Tour allí donde hay vela, no nos encontramos ante una simple escena de género, sino ante un motivo para la reflexión. Esa luz puede evocar luz divina o, por su desgaste, el propio de una vida de servidumbre o miseria. Es posible que librarse de pulgas equivalga a librarse del pecado y que la purificación del cuerpo sea la del alma.

En cualquier caso, esta obra destaca por su realismo, su simplificación geométrica y la dimensión escultórica de las piernas. Se data hacia 1638.

La Magdalena penitente

La Magdalena arrepentida ocupa un lugar privilegiado en la producción de Georges de la Tour, que la representó en cuatro versiones principales.

Lo hizo en espacios poco definidos, y poco profundos, en los que Magdalena, sentada a una mesa, se entrega a la reflexión con la barbilla apoyada en la mano y junto a una vela encendida, libros y una calavera, centro probable de su meditación.

Decía Philip Conisbee que la pintura está concebida para colocar al espectador en una actitud contemplativa similar a la de Magdalena, y que debió ser un fuerte acicate a la piedad y la devoción para los espectadores comprometidos del s. XVII.

Georges de la Tour. Magdalena penitente. Los Ángeles Countoy Museum of Art, LACMA
Georges de la Tour. Magdalena penitente. Los Ángeles Countoy Museum of Art, LACMA

San José carpintero

Aquí el tema religioso adquiere una fuerte dimensión humana: un artesano, doblado sobre su trabajo, se detiene un momento a mirar a su hijo, que lo acompaña y lo alumbra. La escena es íntima y silenciosa, contrastan las arrugas de san José y la lisa piel de Jesús y a este la llama le hace los dedos casi transparentes.

Parece claro que De la Tour se inspira aquí en Caravaggio, seguramente el primero en pintar la belleza de la vejez y marcar sus surcos con luz. Es posible que esta pintura se feche a mediados de la década de 1640.

Georges de la Tour. San José carpintero. Musée du Louvre
Georges de la Tour. San José carpintero. Musée du Louvre

Aparición del ángel a san José

La escena destaca por su despojamiento iconográfico, de ahí que, en un primer momento, no se la bautizase con la contundencia de este título sino como Grupo con efecto de luz o Viejo dormido al que despierta una niña. Voss despejó dudas, lo que no sabemos es cuál sería su anuncio: si la concepción divina de Jesús, la recomendación de huir a Egipto o la de regresar a Israel, muerto Herodes.

El hombre viejo, con su perfil gastado, se contrapone con el ángel niño y la paleta cromática destaca por su sobriedad. Pero la técnica es modernísima: las gotas de pigmento, sobre todo en la faja del ángel, remiten a Velázquez o Vermeer.

Georges de la Tour. Aparición del ángel a san José. Musée des Beaux-Arts, Nantes
Georges de la Tour. Aparición del ángel a san José. Musée des Beaux-Arts, Nantes
Georges de la Tour. Las lágrimas de san Pedro. The Cleveland Museum of Art
Georges de la Tour. Las lágrimas de san Pedro (fragmento).  The Cleveland Museum of Art

Las lágrimas de san Pedro o San Pedro arrepentido

De la Tour pintó este asunto varias veces, pero este es el único original conservado y una de sus pocas obras fechadas y firmadas. Lo conserva el Museo de Cleveland y conviene que nos fijemos en el parecido entre los perfiles del apóstol y el gallo, el estupendo farol, con su remate cónico de hojalata decorada, y en la claridad que aporta, no la vela, sino una fuente de luz pálida en el ángulo izquierdo superior. Logra una distribución selectiva de luz artificial sobre los objetos.

Quizá si fuésemos observadores del s. XVII, viésemos en el farol, del que la luz irradia sin dejar de estar concentrada y protegida, el símbolo de una fe que arde y resplandece, de una interioridad espiritual que se propaga al exterior.

Todos los detalles hablan de maestría: las sandalias gruesas y gastadas, el sarmiento que recuerda la parábola de la viña, la representación perfecta del gallo, la expresión perdida del santo…

La Adoración de los pastores

Mimó mucho la composición: en un segundo término vemos un pastor y una pastora que traen regalos, simétricos respecto a la figura frontal de un pastor sonriente que lleva una flauta y se toca el sombrero, en un gesto de respeto. Ese grupo marca el eje vertical de la pintura y la estabiliza.

Pero también inserta un movimiento oblicuo en profundidad, que parte de San José, en el primer plano a la derecha, y acaba por la izquierda en la Virgen orando. Al Niño, fajado, también lo vemos al sesgo, pero su cuerpo en escorzo forma una diagonal contraria a la anterior.

Es San José el que nos introduce en la escena, y sabemos que De la Tour le mostraba devoción: ahí quedan San José carpintero o La aparición del ángel a San José.

Georges de la Tour. Adoración de los pastores (fragmento). Musée du Louvre
Georges de la Tour. Adoración de los pastores (fragmento). Musée du Louvre

El Niño que irradia luz procede de la Noche de Correggio: estaba en boga en el s. XVII en relación con la imagen agustiniana del verbo-luz. Pero De la Tour lo ilumina de forma indirecta, a partir de la vela que sostiene precisamente san José, tapándola con la mano. Ese gesto se puede vincular al concepto de Dios oculto, que tuvo amplia difusión: San José es aquel que oculta la divinidad del hijo en su infancia hasta su revelación, por eso tapa la llama de la vela, símbolo de la persona de Cristo.

Este fue el primer cuadro del artista que el Louvre adquirió, en 1926, ocho años antes, incluso, de que una exposición en el Musée de l´ Orangerie le diera a conocer al gran público.

El recién nacido

No sabemos en qué año pintó De la Tour esta escena tierna, pero no está documentada antes de septiembre de 1794, cuando se inscribió en el inventario de obras de arte confiscadas al clero y los emigrantes en Rennes, durante la Revolución Francesa. En ese inventario no se citaba al anterior propietario y se atribuía a un pintor holandés, Godfried Schalken, y pasaría tiempo antes de que se la adjudicáramos al artista de Lorena, porque antes se pensó que sus autores eran los hermanos Le Nain. El nombre de De la Tour se impuso en 1922, gracias a las ideas de Hermann Voss, una vez más.

Su asunto también ha sido objeto de debate: ante la ausencia de atributos sacros, se ha interpretado a menudo como una escena de maternidad laica, pero la reaparición de sus nocturnos y el progresivo desciframiento de las iconografías del francés han devuelto a la obra su sentido religioso. En cualquier caso, la confusión prueba cómo De la Tour era un maestro representando esencias y no detalles.

Lo más probable es que nos encontremos ante una imagen poco convencional de una iconografía que sí es clásica: la reunión de la Virgen y Santa Ana tras nacer Jesús.

Por sus formas geométricas y su cromatismo sombrío y escaso, esta pintura se considera tardía, próxima en fechas al San José de Nantes (hacia 1646-1648).

Georges de la Tour. El recién nacido. Musée des Beaux-Arts, Rennes
Georges de la Tour. El recién nacido. Musée des Beaux-Arts, Rennes

 

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