NOMBRE: Daniel Alejandro
APELLIDOS: Hernández Barrio
LUGAR DE NACIMIENTO: Cienfuegos, Cuba
FECHA DE NACIMIENTO: 1988
PROFESIÓN: Artista
Las jornadas de ferias que acaban de comenzar en Madrid nos han dado la oportunidad de conocer a Daniel Barrio, que este año protagoniza la tercera edición del Open Booth en el programa paralelo de la feria ART MADRID. Esta iniciativa busca dar la oportunidad de mostrar su trabajo a autores, por ahora, no representados en el circuito de galerías.
Barrio presenta en esa cita el proyecto específico Despiece. Protocolo de mutación, del que nos hablará más adelante: se ha valido de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos relativos a la historia para invitarnos a reflexionar sobre cómo trabaja nuestra memoria; la que heredamos del pasado, la que otros construyen y nosotros aceptamos y aquella a la que nosotros mismos damos forma. En este trabajo convive lo cotidiano y lo sacro: todo aquello que, en definitiva, nos define personal y culturalmente.
Este artista se especializó en pintura hace cerca de dos décadas, en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos, su ciudad, y años más tarde en Dirección de Arte en la Escuela de Cinematografı́a y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid. ECAM.
Residente en Madrid, hasta ahora ha presentado muestras individuales en Navel Art, PlusArtis y la galería María Porto, mientras que su participación en exposiciones colectivas le ha llevado a centros como Espacio Mínimo, White Lab Gallery, el Museo de la Rioja, Art U Ready, OB Contemporary y Espacio Valverde (Madrid). Hace tres años expuso, asimismo, en ESTAMPA.
Daniel se suma, en estos días, a nuestros fichados porque queremos profundizar en su concepción de la pintura: experimenta en ella con los modos posibles de representación de sus inquietudes, que pasan por el peso del pasado, el desgaste de lo que se creyó inmutable, por la memoria y por nuestras opciones de generar sentidos alternativos para las imágenes que encontramos en los medios o en la red, dejando a un lado su significado original.

Nos cuenta el artista que, en su caso, decidirse por la creación tuvo algo de acto de rebeldía frente a la senda profesional de su familia. Pronto advirtió que esta actividad no era un camino de disfrute u ocio, sino uno de aprendizaje; y su experiencia temprana en Cuba tiene que ver con los temas en los que ha decidido ahondar: Nací en Cienfuegos en 1988, en un entorno donde la ciencia estructuraba el mundo con una precisión casi dogmática. Mis padres, hermanos y tíos eran médicos; la medicina era el lenguaje común. Mi abuelo, arquitecto, introdujo sin embargo otra posibilidad: la estructura como acto creativo. De algún modo heredé ese rigor, pero necesitaba encontrar su reverso en la pintura.
A los trece años decidí ser artista como un gesto de autonomía frente a esa tradición científica. Ingresé en la Academia de Artes Visuales de Cienfuegos, donde adquirí la base técnica que todavía sostiene mi práctica. Allí comprendí que la pintura no era una evasión, sino otra forma de conocimiento.
En 2012 llegué a Madrid y ese desplazamiento amplió mi mirada hacia la construcción narrativa del espacio. Me formé en Dirección de Arte en la ECAM, e hice un máster en escaparatismo; ambas formaciones me permitieron entender la imagen, no como plano, sino como dispositivo físico. Desde entonces concibo el espacio como un archivo adulterado, una superficie que aparenta estabilidad, pero permanece en constante mutación.
Mi experiencia en Cuba me enseñó que los monumentos y los ideales se presentan como estructuras sólidas, aunque revelan su fragilidad cuando se examinan de cerca. Esa sospecha se convirtió en un método dentro de mi trabajo. Hoy intervengo la historia a través de sus residuos y de su aparente rigor administrativo.
Los monumentos y los ideales se presentan como estructuras sólidas, aunque revelan su fragilidad cuando se examinan de cerca. Esa sospecha se convirtió en un método dentro de mi trabajo.


Lo inadvertido, lo dejado a un lado, es el punto de partida de muchos de sus proyectos, tanto en un sentido meramente material como en el temático; en su caso, ambos se entrelazan completamente: Mi trabajo se sitúa en la intersección entre materia y tiempo. No empleo el fresco o el mortero como decisiones estéticas, sino como posicionamientos éticos, como formas de resistencia frente a la inmediatez.
Me interesa la arqueología de lo descartado. Recojo publicidad callejera, cartones de embalaje, lijas usadas por carpinteros o libros encontrados; objetos que han dejado de ser útiles pero conservan las cicatrices de su uso. No hay en ello nostalgia romántica, sino conciencia material. Estos fragmentos son documentos de una economía simbólica que primero seduce y después se desecha. Mi práctica consiste en devolverles densidad y duración, obligarlos a permanecer.


La pintura, como dijimos, es la base de su producción, pero las técnicas en las que se maneja son diversas y tienen que ver, de nuevo, con lo efímero de tantas materialidades hoy y con el cuestionamiento de los métodos establecidos: He consolidado un sistema técnico basado en la manipulación crítica de la tradición. Por un lado, trabajo el fresco clásico sobre soportes precarios: cartones, libros, objetos recuperados o publicidad callejera previamente recogida, triturada y macerada. Se trata de un proceso de reconstrucción matérica en el que lo efímero adquiere una consistencia mineral.
Por otro lado, he desarrollado una expansión del buon fresco mediante la incorporación de aglutinantes industriales. Esta hibridación me permite trasladar el trabajo en húmedo – y su vínculo químico irreversible- a telas y estructuras de gran formato. Trato el muro con la solidez conceptual de la tradición y la flexibilidad técnica de los materiales contemporáneos. Busco esa paradoja, que lo que parece piedra sea, en realidad, una construcción liviana; que lo que aparenta permanencia revele su condición perecedera.
Busco esa paradoja, que lo que parece piedra sea, en realidad, una construcción liviana; que lo que aparenta permanencia revele su condición perecedera.




Sus referentes son diversos, desde pintores, pasados y recientes, cuyas arquitecturas articularon algo más que espacios, hasta artistas que han trabajado en la acción y la instalación o cineastas que entrelazaron las dimensiones espacial y temporal desafiando pasividades en el espectador: Mis referentes se articulan en torno a la pintura como construcción de espacio y de fe. Desde la devoción técnica de Fra Angelico y Giotto, donde la arquitectura sostiene la espiritualidad, hasta la capacidad de Matthias Weischer y Dexter Dalwood para edificar interiores que funcionan como retratos psicológicos.
Gordon Matta-Clark constituye una influencia ética fundamental. Su intervención sobre el muro como revelación de capas ocultas es un gesto que intento trasladar a la superficie pictórica. También me siento cercano a la poética de la discontinuidad de Alejandro Campins y Los Carpinteros, así como a esa dilatación temporal que Andrei Tarkovsky definía como “esculpir en el tiempo”.
Entre los proyectos fundamentales que ha desarrollado hasta ahora, Barrio selecciona cuatro que ha mostrado en los últimos años en Madrid, siempre ligados a los intereses que hemos mencionado: Mi recorrido expositivo puede leerse como una profundización progresiva en la relación entre imagen, materia y espacio.
En 2020, la exposición personal “Interiores Ajenos” (PlusArtis), comisariada por Yudinela Ortega, marcó un punto de inflexión metodológico. Allí consolidé el gesto de triturar y reconstituir materiales como estrategia conceptual.
Partía de imágenes extraídas de redes sociales que manipulaba digitalmente para construir ficciones espaciales; posteriormente las transfería a frescos elaborados con publicidad macerada. La obra operaba como un palimpsesto donde la memoria digital, inmaterial y volátil, se encarnaba en un residuo físico cargado de historia urbana. Fue el momento en que comprendí que mi práctica debía sostener esa fricción entre lo virtual y lo matérico.


Esa investigación evolucionó en 2023 con “La levedad en lo cotidiano” (Galería María Porto). El interés se desplazó hacia la suspensión del objeto y la interrupción del movimiento. Dieciséis piezas realizadas con mortero de piedra pómez exploraban la caída detenida, tomando como referente el ukiyo-e y su representación de objetos flotando en un tiempo expandido. El proceso incorporó modelado 3D previo, trasladado después al soporte físico, reforzando la tensión entre tecnología contemporánea y técnica tradicional. Me interesaba entonces que la pintura comenzara a comportarse menos como superficie y más como volumen latente.




En 2024, con “El espacio es el paisaje”, comisariada por Edgar Ariel, el muro dejó definitivamente de ser un límite para convertirse en un organismo. El espacio expositivo fue concebido como un Lichtung, un claro de visibilidad donde el espectador no observaba la obra desde fuera, sino que la atravesaba. En diálogo con los artistas Jake Fernández y Jorge Luis Carracedo, el proyecto desplazó la atención hacia la experiencia física del espacio, entendiendo la arquitectura como una presencia respiratoria más que como estructura estática.



Ese mismo año, “Pensar la Ciudad” (El Invernadero), seleccionado en la convocatoria ArtUReady, trasladó la investigación al ámbito urbano. Comencé a abordar la ciudad como paisaje político; un campo de fuerzas donde la arquitectura del poder se manifiesta a través del residuo, la erosión y la acumulación de capas. Si en los proyectos anteriores el foco estaba en el interior y el muro, aquí decidí que el marco se ampliara hacia la ciudad como cuerpo expandido.
En conjunto, estos proyectos creo que han sido como variaciones de cuestionamientos que siempre han estado muy latentes en mis procesos: ¿cómo activar la memoria del espacio a través de su materia? y ¿cómo revelar la fragilidad que subyace en aquello que aparenta permanencia?


Su último trabajo, lo adelantábamos, puede verse en ART MADRID, profundiza en aquello que permanece en su sitio cuando todo lo sólido se desvanece en el aire y cuenta con un desarrollo, igualmente, material y digital: Despiece. Protocolo de Mutación, en producción desde 2025, es el proyecto invitado a la tercera edición de Open Booth en ART MADRID 2026.
Tras una estancia de cuatro meses en Nueva York, dedicada a revisar mi archivo y redefinir los parámetros de mis investigaciones, regresé a Madrid para desarrollar esta intervención site-specific. Fui seleccionado como artista invitado para el programa, y este proyecto sintetiza el momento actual de mi práctica: una depuración formal que no renuncia a la complejidad estructural.
Trabajo desde la convicción de que la materia piensa, de que cada superficie acumula decisiones, sistemas de poder y relatos invisibles.
La pieza se articula en tres registros interdependientes.
En el plano físico, un muro en “L” de 5 x 3 metros ocupa el booth como escultura arquitectónica. No se presenta como objeto para contemplar, sino como espacio para habitar. El visitante no observa el muro, sino que lo atraviesa, lo rodea, lo experimenta como límite y como cuerpo.
En el plano material, trabajo con mortero de piedra pómez y pigmento puro sobre PVC teatral. La tensión entre la permanencia geológica de la piedra y la fragilidad escenográfica del soporte introduce una pregunta sobre la duración: ¿qué permanece cuando aquello que lo sostiene está diseñado para desmontarse? La obra se sitúa en ese umbral entre solidez y provisionalidad.
En el plano digital, incorporo una capa interactiva accesible desde dispositivos móviles que actúa como una extensión espacial y activa aquello que el muro contiene pero no muestra, expandiendo la experiencia más allá de su fisicidad inmediata.
Formalmente, el proyecto parece una simplificación; estructuralmente, implica una mayor complejidad. Busco ahora, en él, un discurso más introspectivo, menos descriptivo, más operativo, que continúe interrogando esa relación entre espacio, memoria y materialidad que considero es una base estructural muy asentada en mis investigaciones. La intervención podrá visitarse durante ART MADRID, del 4 al 8 de marzo de 2026 en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles.
En el conjunto de mi práctica, el espacio siempre ha sido un cuerpo atravesado por memoria, desgaste y fricción histórica. Trabajo desde la convicción de que la materia piensa, de que cada superficie acumula decisiones, sistemas de poder y relatos invisibles.
Frente a la velocidad de consumo de imágenes y a la promesa de certezas prefabricadas, quiero pensar que mi trabajo insiste en la duración, en la duda y en la densidad material como forma de resistencia. No trato de representar el espacio, sino de activarlo; no de ilustrar una historia, sino de intervenir sus capas más profundas y por ello menos visibles.
Si hay una constante en mi investigación es esa tensión entre lo que parece sólido y lo que en realidad está en proceso. La pintura, para mí, no es una imagen fija, es más bien una estructura en constante estado de transformación.
Los frutos de ese cambio continuo podréis seguirlos aquí: https://danielbarrioart.framer.website



