Mexicano residente en Barcelona, Erick Beltrán (1974) ha centrado su obra en la investigación de las estructuras de los sistemas de pensamiento, sobre todo los ligados a la construcción de los discursos del poder y sus vínculos con la edición.
Trabaja con diagramas, archivos e información obtenida de los medios de comunicación para explorar las imágenes sobre las que se asientan los mensajes políticos, y también económicos y culturales, propios de nuestra época, profundizando en cómo se clasifican, reproducen y distribuyen. En ocasiones, Beltrán cataloga; otras, encuentra lazos entre materiales aparentemente dispares y aleatorios.
Hasta el próximo 18 de abril, el artista exhibe en la sede madrileña de Prats Nogueras Blanchard su proyecto más reciente: “Lo que está presente”. Esta vez ha buscado las huellas en nuestros días de la iconografía barroca, en particular de la desplegada en los emblemas que aparecen en las epístolas de buen gobierno o en los monumentos funerarios. Ha prestado especial atención a las figuras que hoy forman parte del imaginario colectivo y las metáforas asociadas a la autoridad.
Su propuesta viene a poner sobre el tapete que, si soportes y modos de distribución han evolucionado ampliamente, existen nociones, maneras y psicologías vinculadas a la vida en sociedad que no lo han hecho tanto. En las cartas (epístolas) dirigidas a príncipes o reyes desde el siglo XVI, que contienen consejos y advertencias en torno a los modos de gobernar, Beltrán ha hallado puestas en cuestión de convenciones morales, políticas y filosóficas y, por tanto, la ocasión de reflexionar sobre lo que es y no es justo y susceptible de control, sobre las distancias entre el individuo y el Estado y los mil enigmas en los que ahondar a partir de esas letras y estos asuntos atemporales. No exentos, mucho menos en el barroco pero tampoco después, de trampas y espejismos.
Se ha nutrido igualmente de empresas: adivinanzas visuales que no ofrecen explicaciones, sí pistas. Se trata de representaciones simbólicas de intenciones formadas por una imagen y un lema en relación; a priori, su contenido puede resultar sencillo, pero rara vez lo es. Plasman ideas y apuntan otras que nos aportan información relevante sobre cómo se erigen las ideologías dominantes y qué formas adquieren visualmente.


Otra de las fuentes de Beltrán ha sido el examen de los multitudinarios funerales reales del siglo XVII y de la consideración dada entonces al alma del difunto. La pompa y circunstancia con que estas ceremonias se celebraban reflejaba cuál era el teatro del mundo del momento y sus jerarquías y simbolismos. Era habitual la presencia de catafalcos, sobre los que el mexicano ha trabajado a menudo: nos referimos a arquitecturas efímeras que compendiaban los mencionados emblemas y empresas.
Las imágenes del pasado y la revisión de los mecanismos actuales del poder para hacerse visible han llevado a Beltrán a cuestionar cómo se percibía, ayer y hoy, al individuo. Frente a su enlace indisoluble con la colectividad hace tres siglos, en nuestro tiempo no entendemos al sujeto sin su libre albedrío respecto a los objetos, los lugares y las personas; para el artista, cuando el hombre deja de situarse en el centro, su entorno deviene para él inestable, incomprensible e ingobernable.



Erick Beltrán. “Lo que está presente”
C/ Beneficiencia, 18B
Madrid
Del 18 de febrero al 18 de abril de 2026
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