El espejo de los otros, el cenáculo del exceso
En el centro de Buenos Aires, unos muros llenos de graffitis rodean una catedral gótica en ruinas, sin cubierta. En lugar de altar, hay en ella una única mesa (una distinta cada día) y un escenario. Se trata de un lujosísimo restaurante cuyos comensales (casi) nunca repiten y degustan las delicias que prepara el hijo
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