Todos los edificios guardan una historia y en algunos casos, como en el del Banco de España esa historia es especialmente relevante. Allí, además de importantes decisiones económicas o relatos, más o menos fantasiosos, en torno a su Cámara del Tesoro, se unen riqueza patrimonial y arte institucional, así como una compleja trama de imágenes, símbolos y relatos visuales pensados para construir una idea de estabilidad y progreso. Ahora, gracias a la exposición “Alegorías de un porvenir”, esa dimensión artística se hace todavía más visible, ofreciendo al visitante la oportunidad de explorar no solo obras únicas sino también la memoria artística y técnica de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.
En línea con las iniciativas más recientes del Banco de España para acercar su patrimonio a la ciudadanía, como el programa “Puertas Abiertas” —que ofrece diferentes modalidades de visitas guiadas gratuitas y permite descubrir los rincones menos visibles y los detalles artesanales del edificio de Cibeles—, esta muestra reafirma que la arquitectura y las artes decorativas fueron pensadas como un lenguaje en sí mismas. En este sentido, la exposición actúa como una clave de lectura que invita a comprender por qué el Banco se representó a sí mismo como lo hizo en uno de los momentos más decisivos del siglo XX.
Coincidiendo con la celebración en 2025 de los 100 años del estilo Art Déco (1925-2025), el corazón de este proyecto expositivo lo conforma una serie de vidrieras monumentales art déco, creadas en los años treinta para el Patio de Operaciones, y el “descubrimiento” de los dibujos preparatorios que las hicieron posibles. Más allá de la recuperación de lo que son sin duda unas piezas excepcionales, la muestra propone una reflexión sobre cómo el arte fue utilizado para imaginar el futuro y fijar, en cristal y luz, una determinada visión del trabajo, la economía y el progreso.

La década de 1930 supuso para el Banco de España un punto de inflexión. El edificio original, levantado a finales del siglo XIX, necesitaba crecer y adaptarse a nuevas demandas técnicas y administrativas. El encargo recayó en el arquitecto José Yárnoz Larrosa (Pamplona, 1884 – Madrid, 1966), una figura clave de la arquitectura española del momento, que abordó la ampliación con una sensibilidad poco habitual en la arquitectura institucional. Lejos de limitarse a añadir metros cuadrados, Yárnoz concibió la ampliación como una reescritura del edificio. Introdujo un lenguaje moderno, influido por el art déco, que convivía con la gravedad clásica del conjunto. El resultado fue una arquitectura de transición: sobria y funcional, pero también consciente del poder simbólico de los espacios.
Dos de esos espacios condensan de manera ejemplar esa ambición: el Patio de Operaciones, concebido como un gran corazón luminoso del edificio, y la Cámara del Oro, un recinto subterráneo donde la ingeniería y la representación se funden en una escenografía precisa. En ambos casos, la arquitectura no solo sirve a una función, sino que comunica una idea de modernidad, solidez y eficiencia. Es en el Patio de Operaciones donde las vidrieras adquieren todo su protagonismo. Diseñadas por la Casa Maumejean, uno de los talleres de vidriería más importantes de la España del primer tercio del siglo XX, estas piezas no responden a motivos meramente decorativos. Su programa iconográfico es robusto y reflexivo: no representan escenas religiosas ni episodios históricos, como era habitual en la tradición del vitral, sino que ilustran aspectos del trabajo, la tecnología y la producción, elevando actividades como la agricultura, la ganadería, la industria, la aviación o el ferrocarril a verdaderas alegorías del progreso y del porvenir, tal y como concebía la Segunda República en su mirada sobre la modernidad. Las figuras humanas, monumentales, parecen integrarse sin fricción en un sistema productivo idealizado. Todo funciona, todo avanza. La máquina y el cuerpo conviven en armonía bajo una luz que lo unifica todo. En el contexto del Banco de España, estas vidrieras funcionaban como una metáfora visual del papel de la institución: garante del equilibrio económico, mediadora entre fuerzas productivas, administradora de un futuro que se quería estable y previsible.
Si hoy podemos contemplar estos motivos no solo en fotografías o descripciones, sino en dibujos, bocetos y cartones originales, se debe a una grandísima labor de investigación archivística y de restauración. Durante décadas, muchos de los materiales preparatorios de estas vidrieras realizados por la Casa Maumejean permanecieron dispersos en archivos y sin el tratamiento adecuado. Gracias a una colaboración entre el Banco de España, el Museo Nacional de Artes Decorativas y la Fundación Centro Nacional del Vidrio, se logró localizar, estudiar y restaurar los cartones originales y otros materiales asociados, algunos de los cuales se exponen aquí por primera vez al público. En el centro del recorrido expositivo, estos cartones —concebidos a escala real y atribuidos al artista Alberto Martorell— despliegan un poder visual impresionante y permiten comprender la complejidad técnica y conceptual de las vidrieras. Aquí, más allá de su función preparatoria, actúan como piezas autónomas que confrontan al visitante con la esa representación simbólica del trabajo como motor de transformación social y económica que mencionábamos anteriormente. Destaca la calidad artística de los dibujos que trasciende su función instrumental y que en su presentación en la sala adquieren una presencia casi escultórica. Resulta muy interesante imaginar el paso del papel al cristal y pensar que eran “solo” material de trabajo, que incluso en algunos casos conservan manchas de sangre o marcas que pudieran ser quemaduras de cigarros de los operarios que estaban manos a la obra.
Como ya hemos señalado, la aparición de estos materiales no es fruto del azar. Su recuperación ha sido posible gracias a una investigación prolongada en el Archivo Maumejean, hoy custodiado en el Real Sitio de La Granja, y este rescate no es solo un acto de conservación, sino también una operación cultural de gran alcance. Al sacar a la luz estos documentos, la exposición amplía nuestra comprensión del art déco en España y del papel que las artes decorativas desempeñaron en la construcción de la imagen institucional durante el siglo XX.

“Alegorías de un porvenir”, comisariada por Yolanda Romero y Álvaro Perdices, no se limita sin embargo a mostrar la belleza de las vidrieras ni la pericia de sus creadores. Propone, de manera sutil pero constante, una lectura crítica. Las alegorías del trabajo que iluminan el Patio de Operaciones hablan de un futuro que nunca fue exactamente así y, desde la distancia, esas escenas invitan a preguntarse por lo que quedó fuera del encuadre: los conflictos sociales, las desigualdades, las tensiones que también formaban parte de los años treinta. En ese sentido, no se trata de una exposición nostálgica, sino una propuesta para pensar cómo las instituciones se representaron a sí mismas y cómo esas imágenes siguen operando en nuestra memoria colectiva.
El recorrido por la exposición se estructura en cinco ámbitos temáticos que acompañan al espectador en un viaje histórico, artístico y crítico: “Territorio, progreso y sociedad” (Sala A), “El taller de Maumejean Hermanos” (Sala D), “Alegorías de un porvenir” (Sala B), “La Cámara del Oro: tecnología y seguridad” (Sala C) y “Una modernidad administrada” (Sala E).
En el primer apartado, “Territorio, progreso y sociedad”, se contextualizan los años treinta en España, mostrando cómo el arte de la época dialogaba con los valores de modernización y cambio social. Los distintos escenarios de esta sección —el campo, el mar, la ciudad y la fábrica— configuran una representación plural del territorio productivo. Sus protagonistas —agricultores, asfaltadores, pescadores, mujeres trabajadoras— son figuras anónimas pero esenciales, cuya presencia dignifica la imagen del trabajo manual. Incluye obras de artistas como Ramón Casas, Vázquez Díaz, Arteta, Palencia, Torres García, Horacio Ferrer o Sorolla, que enriquecen la lectura de las vidrieras.

De ahí se da paso a una sala que se centra en “El taller de Maumejean Hermanos”: un espacio dedicado a mostrar el proceso creativo de las vidrieras, desde los primeros esbozos hasta los cartones finales, desvelando el trabajo colectivo y artesanal que implica una obra de estas características. Fundado en Pau (Francia) en 1860 y establecido en España en 1897, Maumejean Hermanos mantuvo talleres en Madrid, Barcelona y San Sebastián. Aunque gran parte de su producción estuvo vinculada al ámbito religioso, el taller también desarrolló proyectos para instituciones públicas, adaptando sus lenguajes visuales a las corrientes artísticas del momento y a los valores de quienes realizaban los encargos.
La Sala B, espacio central de la muestra, acoge la instalación de las vidrieras Agricultura e Industria, creadas para la escalera de Calamarte y recientemente restauradas. Junto a ellas vemos algunos de esos cartones originales, hasta ahora inéditos, que reproducen en escala real los distintos paños decorativos de la vidriera del Patio de Operaciones, del zaguán de entrada en la calle Alcalá y de la escalera principal. Completan este espacio una vitrina en la que se exhibe una selección de billetes emitidos por el Banco de España, cuya iconografía refuerza ese mismo mensaje simbólico de la promesa de un futuro en construcción, y unas fotografías realizadas por Antoni Arissa en la década de 1930, cuyas composiciones dialogan estrechamente con los motivos presentes en los cartones y las vidrieras.

El siguiente ámbito, “Tecnología y seguridad”, está enfocado en la famosa Cámara del Oro del Banco de España, ese espacio subterráneo de precisión técnica, a treinta y cinco metros de profundidad, que combina seguridad y ritual simbólico de custodia. Planos, maquetas y frisos de fotografías documentan y revelan el proceso de construcción y la complejidad técnica de su arquitectura. Os invitamos a fijaros en todos los detalles decorativos que se incluyen en la exposición, como los apliques de inspiración art déco que iluminan las imágenes de algunas de las diez puertas acorazadas fabricadas por la empresa Coffres-Fort York específicamente para este lugar.

“Una modernidad administrada”, última sección del recorrido, se centra en el diseño material y funcional del Banco de España durante su ampliación por José Yárnoz en los años treinta. El proyecto integra espacios monumentales, zonas públicas, instalaciones técnicas y un uso sobrio de materiales como acero, vidrio y piedra para transmitir orden, eficiencia y autoridad. Destacan el nuevo Patio de Operaciones, con su monumental reloj de cuatro esferas, con referencias a la ingeniería y a la estética moderna internacional, y los escritorios curvos que recuerdan proas de barcos o morros de avión, conformando una semiplaza pública que articula ergonomía, estética moderna y control espacial. Este art déco contenido, presente en todos los detalles del edificio, construye una imagen de solidez y permanencia acorde con un periodo de transformación histórica.
Al finalizar la muestra, muchas de las piezas expuestas —especialmente los vitrales restaurados— volverán a su ubicación original en el edificio, ofreciendo una oportunidad única para que tanto visitantes ocasionales como especialistas puedan seguir apreciando estos elementos en su contexto arquitectónico natural. Además, cabe señalarse que parte de esta investigación y de los materiales recuperados formarán parte del proyecto del futuro Museo Banco de España, previsto para inaugurarse en 2029, consolidando así una visión del patrimonio del banco que combina memoria histórica, valor estético y reflexión crítica.
“Alegorías de un porvenir” puede visitarse gratuitamente, siempre con reserva previa, en la Sala de Exposiciones del Banco de España hasta el 28 de marzo de 2026. El horario de visitas es de martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas. Podéis consultar toda la información sobre estas visitas en su web.
“Alegorías de un porvenir”
SALA DE EXPOSICIONES DEL BANCO DE ESPAÑA
Plaza de Cibeles
Madrid
Del 25 de noviembre al 28 de marzo de 2026
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