Hace una década, coincidiendo con la gran retrospectiva que el Museo del Prado dedicó a El Bosco en su quinto centenario, la Fundación Juan March tuvo contacto con un coleccionista que atesoraba dos óleos sobre tabla de un seguidor del pintor flamenco relativos a La muerte del réprobo (El infierno) y La muerte del justo (El cielo). Ambos formaban parte de un tríptico, que no se conserva, cuya escena central correspondía al Juicio Final y, en un principio, se atribuyeron al propio Bosco, pero posteriormente varios estudios apuntaron a que saldrían de la mano de uno de sus discípulos, más o menos cercano en el tiempo al maestro y muy familiarizado, como es evidente, con su iconografía y sus métodos.
Esos trabajos, dándose la espalda, han constituido el punto de partida de la exposición que acaba de inaugurarse en la March, algo peculiar por su tamaño -reducido, dado que parte de los espacios de la fundación se encuentran en obras-y también por su brevedad -podrá visitarse durante un mes y medio, hasta el 12 de abril-.
Se ha organizado junto a la Colección SOLO, de donde proceden el resto de las piezas mostradas y que, desde hace un año, cuenta con dos sedes en Madrid: la habitual frente a la Puerta de Alcalá, donde se exhiben sus fondos, compuestos por cerca de 1.300 composiciones, de manera rotatoria, y SOLO CSV, en la Cuesta de San Vicente, que además de albergar exposiciones se ha constituido como una plataforma de intercambio de ideas y proyectos con colecciones y galerías de todo el mundo.

![Seguidor de Hieronymus Bosch, La muerte del réprobo [El infierno], entre finales del siglo XV y mediados del XVI. Colección particular](https://masdearte.com/media/n_fundacionmarch_manerabosco1.jpg)
Cobijadas en un original planteamiento museográfico en el que quedan nítidamente distinguidas las áreas correspondientes al cielo y al infierno -aunque el espectador puede elegir entremezclarlas en su recorrido-, veremos obras de autores contemporáneos, muy jóvenes incluso, que de forma más o menos explícita remiten a las bosquianas, ambiguas y muchas veces abigarradas. Entre unos y otros media, eso sí, el surrealismo, que encontró en El Bosco a uno de sus tótems.
Comenzaremos por el infierno y por las piezas que rodean los castigos anticipatorios del averno a cargo del seguidor del pintor. La francesa Amandine Urruty presenta, en su Tríptico del Huevo (2014), elaborado únicamente con lápiz sobre papel, un aparente paisaje nórdico, con rasgos renacentistas, repoblado por niños con trazas animales, fantasmas y pequeñas figuras que son parte de escenas conectadas entre sí y que remiten a la cultura popular. Basándose en la fotografía antigua y consiguiendo texturas muy logradas, despliega caricaturas y ficciones en un formato que replica, desde la distancia y el humor, la tradicional división compositiva entre el cielo, la tierra y el infierno.

El trío SMACK, que ha mirado con frecuencia a El Bosco y Brueghel, se hace presente en la muestra con su animación digital en 4K Afterlife (2024), donde imaginan los frutos de una prolongación artificial de nuestra vida por procedimientos científicos y cuestionan corrientes como la del transhumanismo. Han rodeado a los magnates de las tecnológicas de cyborgs, robots y demás seres híbridos, observados por los rostros semihundidos de Dante y Nietzsche.

Y en la March nos aguarda, asimismo, una sorpresa: el fotograbado de un desnudo distorsionado de David Lynch, cuyo cine no puede comprenderse sin la mirada a lo macabro y lo mundano. El director de Mullholand Drive, fallecido el año pasado, se formó no casualmente como pintor y también realizó fotografías, dibujos y esculturas sonoras. Este cuerpo fragmentado se inserta, así, en una tradición de físicos transformados que no se entenderían sin aquellos maestros flamencos.

Por su parte, la escena de La muerte del justo, más plácida pero igualmente misteriosa, se flanquea por piezas como Psycogeography Study 79, del californiano Dustin Yellin. Se trata de una figura antropomórfica elaborada a base de recortes de papel guardados en vidrio; constituye una alegoría del ser humano en nuestra época, sometido a capas y capas de información (papel), al igual que están saturadas de contenido las composiciones de El Bosco.
Mario Klingeman es, entretanto, el autor de The garden of ephemeral details (2020): un modelo de IA desarrollado por el artista modifica y restaura, en tiempo real, la imagen de El jardín de las delicias, atrapando a quien contempla esos cambios con un efecto hipnótico.

Animated Hinoki Tree, de la japonesa Masako Miki, constituye un posible árbol híbrido elaborado con espuma y madera que no podría ser definido así con exactitud; y esa misma ambigüedad lo conecta aquí con El Bosco. Aquel solía representar plantas estilizadas, exuberantes en el caso de sus paraísos, o pétalos y hojas de tamaño desproporcionado.

Por último, del colectivo ruso AES + F veremos un fotograma en el que seres híbridos animales (perros-pulpo, cerdos-serpiente) vuelan hacia destinos que no conocemos. Su fuente de inspiración fueron los grabados llamados “del mundo al revés”, populares desde el siglo XVI y la imprenta pero de origen anterior, en los que, por ejemplo, son los hombres quienes cargan con los burros o los cerdos los que destripan a los humanos.
Cinco siglos separan a El Bosco de estos autores, unidos por lo grotesco y por su afán por mirar a cualquier parte menos a lo conocido.

“A la manera de El Bosco”
C/ Castelló, 77
Madrid
Del 27 de febrero al 12 de abril de 2026
OTRAS NOTICIAS EN MASDEARTE:





