El rebobinador

Bramante en Roma: monumental incluso en distancias cortas

Donato Bramante nació en Fermignano, cerca de Urbino, hacia 1444 y en esa ciudad y en Milán desarrolló lo fundamental de su obra primera, como pintor y como arquitecto, pero mediada su cincuentena, tras el hundimiento de los Sforza en el norte, decidió asentarse en Roma. Allí se convertiría en uno de los aliados del impetuoso papa Julio II, aproximadamente de su generación, a la hora de hacer visible la grandeza de la Iglesia por la vía del arte y de consolidar el prestigio de los Estados Pontificios. Es posible que ya hubiese realizado en Roma estancias previas, pero es en este momento cuando se domicilia aquí y profundiza en su conocimiento de la Antigüedad.

La primera obra que tenemos constancia que realizara en su nueva ciudad es el claustro del convento de Santa Maria della Pace (1500-1504), por encargo del cardenal Carafa. Como veremos en otros de sus proyectos, por muy de cerca que siguiera el modelo antiguo de las proporciones, no copió nunca una forma sin transformarla, siempre buscando la sencillez, la pureza y la monumentalidad, incluso en las pequeñas dimensiones.

Bramante. Claustro del convento de Santa María della Pace
Bramante. Claustro del convento de Santa María della Pace

El ejemplo más evidente es el Tempietto junto a San Pietro in Montorio, erigido en 1502 como monumento conmemorativo en el lugar donde se pensaba que había tenido lugar la crucifixión de san Pedro. El encargo partía de la monarquía española, de los Reyes Católicos, protectores de la iglesia y del convento que ya habían ordenado levantar en este enclave algunos años antes: Bramante no debía ahora, por tanto, construir un templo con las dimensiones habituales, sino un monumento que coronara este recinto sagrado, a modo de tabernáculo.

Su tamaño es muy reducido: la cella no supera los 4,5 metros en diagonal; se trata del espacio justo para que el oficiante y sus acólitos puedan situarse en el altar, pero no hay lugar para asistentes. La comunidad tenía que emplazarse en el exterior del edificio y contemplar el acto litúrgico desde las puertas abiertas.

En un principio, este Tempietto iba a quedar rodeado de un claustro circular de columnatas, de cuya forma y dimensiones tenemos noticia por un grabado de Serlio; ese espacio debía determinar, a través de sus límites, el efecto óptico generado por el edificio central. Bramante, al que algunas fuentes se refieren como maestro de la perspectiva, vendría a demostrar aquí su talento con ella: al entrar, el visitante, cuyo campo visual era limitado por las escasas distancias, percibía el Tempietto como una construcción monumental pese a lo mínimo de sus volúmenes.

Con sus proporciones claras y su disposición muy meditada, responde al uso que se quería hacer de él y funde tradición antigua y tradición cristiana en una síntesis nueva. Podemos pensar que fue aquí, en el antiguo Mons Aureus, donde descubrió Bramante su gran estilo.

Bramante. Tempietto de San Pietro in Montorio
Bramante. Tempietto de San Pietro in Montorio

Hablábamos antes de Julio II. La colaboración del arquitecto con el papa comenzó en la primavera de 1504 y sería estrecha y fundamental (para los dos). El pontífice lo nombró enseguida inspector e ingeniero de todos los edificios en torno al Vaticano y le otorgó tratamiento de príncipe; tan cercana sería su relación que el de Urbino lo acompañaría, incluso, en sus campañas militares, ayudándolo como ingeniero.

Se le hicieron cuatro encargos esenciales: la ampliación del palacio del Vaticano con el patio en terrazas del Belvedere; la construcción del nuevo San Pedro; el coro de Santa María del Popolo; y el trazado de las avenidas que bordean el río Tíber. Constituía un programa utópico para aquellos años, incluso para este dúo de hombres llenos de energía, pero las disposiciones principales de sus planes habrían de ser respetadas por las generaciones siguientes.

En cuanto al patio del Belvedere, su ubicación se corresponde con la del valle entre el antiguo palacio del Vaticano y la propia villa Belvedere, cuya construcción se debe a Inocencio VIII. Bramante se valió del terreno en pendiente para idear una arquitectura suntuosa: a partir del suelo del patio inferior, que debía albergar espectáculos festivos y torneos, dos terrazas con extensas escaleras conducen a la villa, que, con su fachada dominada por un gran nicho, constituye el remate monumental de este conjunto en perspectiva.

En sus dos lados, la plaza se rodea de construcciones con arquerías y, para el ala lateral de la villa, Bramante diseñó una enorme escalera helicoidal, concediendo a ese elemento, utilitario, carácter monumental.

El patio ha sido bastante transformado; su proyecto inicial, de inspiración antigua, lo conocemos mediante dibujos de la época y gracias al historiador James S. Ackerman. Bramante tendría seguramente en la cabeza el modelo del antiguo palacio de los Césares, que según la tradición se encontraría en el Ager Vaticanus. Tuvo la oportunidad de estudiar las villas antiguas romanas, y sus parques en terraza (Adriana en Tívoli, Thermes en Palestrina): las analizó meticulosamente y alumbró la idea valiente de que la residencia de Julio II -de quien los humanistas decían que había tomado su nombre en alusión a Julio César- debía ser comparada al palacio de los Césares.

La perspectiva del conjunto, que cubría una superficie de unos trescientos metros, quedó rota cuando, siendo papa Sixto V, Domenico Fontana construyó, a fines del siglo XVI, el ala transversal de la biblioteca. Queda imaginarla.

Bramante y otros artistas. Patio del Belvedere, Vaticano
Bramante y otros artistas. Patio del Belvedere, Vaticano
Bramante. Escalera helicoidal. Palacio del Belvedere, Vaticano
Bramante. Escalera helicoidal. Palacio del Belvedere, Vaticano

En todo caso, la construcción del nuevo San Pedro será lo más importante del legado de Bramante. La decisión del papa de ponerlo en marcha era, de entrada, osada: implicaba demoler la basílica de Constantino, a lo que se oponían bastantes romanos y el alto clero. Sería el 18 de abril de 1506 cuando Julio II, a sus sesenta y tres años de entonces, descendió a las excavaciones (de más de ocho metros de profundidad) para bendecir la primera piedra.

Los esbozos conservados prueban que Bramante quiso dar mucha solidez a los pilares maestros y también la necesidad de incorporar un deambulatorio, fuente de muchos retos más adelante.

En 1514, año en que murió, el arquitecto había podido ver culminada el grueso de la fábrica de los pilares maestros, los arcos y las pechinas en construcción que habrían de soportar la cúpula hemisférica de unos cuarenta metros de diámetro. La intersección de la nave de San Pedro tal como hoy la apreciamos debe, en efecto, mucho a Bramante.

Pilares maestros del crucero del transepto de la Basílica de San Pedro
Pilares maestros del crucero del transepto de la Basílica de San Pedro

Mientras estas obras estaban en curso, el de Fermignano, también por orden del papa, construyó de 1505 a 1507 el coro de Santa María del Popolo, cuyo vestíbulo habría de acoger las tumbas de los cardenales Basso della Rovere y Ascanio Sforza, realizadas por Sansovino. Este edificio está dominado por la austeridad y lo corona una bóveda de cañón con cinco artesones oblongos, que culmina en un ábside hemisférico con una caracola muy sencilla. La iluminación se produce a través de hendiduras en la zona inferior de los artesones.

Se aproximó Bramante, una y otra vez, a los ideales antiguos, pero no copió de la Antigüedad ni uno solo de sus elementos formales: de su buen conocimiento de materiales, técnicas, temas y formas clásicas surgió en él un lenguaje rico y claro, punto de partida para la arquitectura de fines del Renacimiento.

Bramante. Coro de Santa María del Popolo, Roma
Bramante. Coro de Santa María del Popolo, Roma

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Ludwig H. Heydenreich y Günter Passavant. Renacimiento italiano 1500-1540. El universo de las formas. Aguilar, 1974

 

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