Pictorialismo sin fronteras: magia en el cuarto oscuro

La Tate Modern amplía las edades del movimiento

Londres,  19/10/2026

La primera muestra extensa que estudia el pictorialismo como movimiento fotográfico de alcance global acaba de abrir sus puertas en la Tate Modern de Londres. Bajo el título de «Light and Magic», repasará cómo, cuatro décadas después de la irrupción de la fotografía, a partir de 1880, el pictorialismo transformó la disciplina —hasta entonces, una herramienta documental— con el fin de lograr su reconocimiento como actividad plenamente artística, no sólo en los contextos conocidos de Europa y Norteamérica, sino ampliando la comprensión geográfica y cronológica de esta corriente a América del Sur, Asia y Australia y también hasta la década de los sesenta del siglo pasado, frente a la consideración asentada de que se diluyó en los veinte.

Trascendiendo, por tanto, los planteamientos habituales, y estructurándose en cuatro capítulos temáticos, esta exhibición cuenta con doscientas copias de época de ochenta autores, desde figuras consagradas (Ilse Bing, Langdon Coburn, Max Dupain, Adolph de Meyer, Aleksandr Rodchenko, Alfred Stieglitz, Paul Strand, Josef Sudek o Weston) hasta un amplio número de fotógrafos que serán un hallazgo para el público en Gran Bretaña (podemos destacar a los chinos Long Chin-san y Luo Bonian, o al artista de origen indio Shapoor N. Bhedwar). El propósito de este proyecto es, por tanto, invitarnos a contemplar el pictorialismo como un movimiento más plural en estilos, motivos y técnicas de lo que solemos observar, en relación con esos contextos dispares, y también incidir en el potencial expresivo de la cámara desde época muy temprana, entonces bajo la influencia evidente de la pintura.

Los fotógrafos pictorialistas de las últimas décadas del siglo XIX se esforzaron por crear imágenes tan imaginativas, expresivas y técnicamente elaboradas como cualquier lienzo o dibujo: experimentaron en el cuarto oscuro y en el estudio, en la ciudad y en sus propios hogares, en obras en las que la belleza y la generación de atmósferas subjetivas no eran accidentes, sino objetivos. La exposición cuenta con el delicado retrato The Awakening (1903), de la británica Emma Barton, y con imaginativos paisajes que recogieron esa tradición medio siglo después, como Pavilion Fairyland, de Long Chin-san, que bebe del lenguaje visual de la pintura tradicional china a la tinta.

Luo Bonian. Drawing water from a well, 1932. Tate

Luo Bonian. Drawing water from a well, 1932. Tate

La segunda sección del recorrido examina los métodos de creación de estas copias fotográficas. Los pictorialistas hicieron suyas técnicas de positivado sofisticadas y una gran variedad de papeles como soporte para convertir cada imagen en un objeto estético particular. A través de parejas de obras, se ilustran aquí las repercusiones de la elección de unos y otros procesos de revelado e impresión sobre el resultado final, de la impresión al platino al bromóleo, el carbón (carbro), el proceso Fresson, fotograbados… Debemos acordarnos de A Norfolk Boat-Yard (1886), de Peter Henry Emerson, controvertido entonces por su combinación de varios negativos.

Además, un cuarto oscuro en funcionamiento permitirá a los visitantes conocer de cerca, en días determinados, los complejos procesos utilizados para revelar e imprimir y se nos invita, asimismo, a ser partícipes del auge de la fotografía de estudio, en la que los fotógrafos empleaban decorados elaborados, vestuario y puestas en escena teatrales para articular imágenes cuidadosamente construidas y muy difíciles de reproducir. Se nos enseñan en Londres retratos de británicos de cabecera —entre ellos, obras de Bertram Park, Yvonne Gregory y Cavendish Morton—, así como impresiones en color mediante el proceso Vivex, pertenecientes a la serie Goddesses, de Yevonde, pionera en el uso de la paleta. Unas y otras piezas ilustran el espíritu de experimentación e innovación que perduró en este movimiento, que hoy asociamos, sin embargo, a tendencias clasicistas.

Una parte importante de la muestra examina los vínculos entre el pictorialismo y las sociedades, clubes de fotografía y salones que dieron forma al desarrollo internacional del movimiento. Estas redes cosmopolitas reunían a fotógrafos para exponer y publicar sus obras, fomentando el intercambio de ideas, técnicas e influencias creativas más allá de fronteras, entonces no tan fácilmente sorteables. Se presta especial atención a la Royal Photographic Society de Londres y a los relatos —recientemente rescatados— de diversos clubes fotográficos internacionales, como el Guangshe en Shanghái, The New Line Group en Corea del Sur o la Photographic Society de Singapore. A la Tate Modern han llegado libros, revistas y publicaciones periódicas —hoy difíciles de encontrar—, editados por algunas de estas agrupaciones: revelan la vibrante cultura impresa en la que, en torno al cambio de siglo, las ideas fotográficas circularon y cobraron forma a escala global. No faltan ejemplares de Camera Work, la revista mensual Shashinkai (de la década de 1920) y USSR in Construction (de la década de 1930), entre otras publicaciones.

Lionel Wendt. Sin título, hacia 1933-1938. Tate

Lionel Wendt. Sin título, hacia 1933-1938. Tate

La sección final de la exhibición replantea los nexos entre pictorialismo y modernidad, partiendo de composiciones del autor de Sri Lanka Lionel Wendt —incluidos sus retratos solarizados de la década de 1930— o de las del japonés Shigeru Onishi, cuyas piezas experimentales de los cincuenta evidencian el diálogo constante de ese movimiento con los lenguajes visuales posteriores. Asimismo, se explora la evolución de las prácticas de tres de los principales fotógrafos modernistas estadounidenses —los citados Steichen, Strand y Weston—, cuyas trayectorias sirvieron de puente entre ambos movimientos; veremos Primo Carnera (hacia 1922), de Steichen, o Miss Thomson, New Mexico (hacia 1922), de Strand.

Revela esta exhibición que el rostro humano fue uno de los temas predilectos de la cámara, también para estos autores, y que asumieron como desafío la transformación de este género en algo más: en un testimonio que revelara la personalidad del modelo y contara una historia. También que bailarines y fotógrafos formaron una combinación perfecta: la danza moderna buscaba liberar el cuerpo y reivindicar su lugar entre las artes, mientras que los fotógrafos pictorialistas proporcionaban las imágenes a través de las que se difundían y se comprendían nuevas formas de movimiento —y de observar el propio movimiento corporal—. No debemos perdernos las escenas de Soichi Sunami, vinculado al Seattle Camera Club y colaborador de Martha Graham.

Lang Jingshan. Riverside Spring, 1942. Victoria and Albert Museum

Lang Jingshan. Riverside Spring, 1942. Victoria and Albert Museum

Ho Fan. Smoky World, 1959. M+, Hong Kong © Estate of Ho Fan

 

 

«Light and Magic: The Birth of Art Photography»

TATE MODERN

Bankside, SE1 9TG

Londres

Del 14 de octubre de 2026 al 21 de febrero de 2027