Una vez que la fotografía fue aceptada como medio artístico autónomo, sobre todo después de las vanguardias del siglo pasado, muchos autores, también en América, quisieron empujar en ella los límites de la percepción para ir más allá de lo estrictamente visible.
Uno de los primeros defensores de esa búsqueda, en la imagen y en la palabra (porque era poeta), fue Minor White, que tras licenciarse en botánica en la Universidad de Minessota fue nombrado fotógrafo creativo de la Works Progress Administration. En 1955 comenzó a formarse en religión comparada y, desde entonces, su obra se vio marcada por un hondo sentido místico, siendo la secuenciación narrativa de imágenes, que él llamó cine de fotogramas, su método predilecto a la hora de presentar su producción.
Desde el próximo 24 de septiembre, la Fundación Mapfre dedica, ahora en Madrid tras su paso por Barcelona, una antología al que también fue fundador de la revista Aperture, su director durante dos décadas, comisario y profesor influyente en instituciones como la California School of Fine Arts de San Francisco, el Rochester Institute of Technology o el Massachusetts Institute of Technology; a todas esas facetas de su andadura les otorgó la misma relevancia. Él, a su vez, tuvo a Stieglitz como maestro, y aquel ya cuestionó abiertamente la noción de fotografía como simple reproducción del mundo para abrirla a una definición nueva: la de equivalente visual de una experiencia interior.
Minor White, hombre de personalidad compleja interesado por la psicología y la espiritualidad, quiso expresar en sus imágenes sus propias tensiones íntimas y las organizó, como dijimos, en secuencias a las que aportaba una articulación narrativa: entre unas y otras fotos establecía ritmos y asociaciones. Para él, las obras autónomas perdían capacidad de dirigirse al público: Cualquier fotografía vista por sí sola fracasará en el intento de comunicar. Para comunicar o evocar se requiere un mínimo de dos fotografías o una fotografía con palabras. En definitiva, para él ésta no era una técnica artística, sino una herramienta perceptiva asociada a la conciencia y la introspección que no necesariamente implicaba tomar la cámara; de hecho, en sus últimos años, se dedicó únicamente a la enseñanza, la escritura y la organización de sus creaciones.
Veremos en Madrid, bajo el comisariado de Carlos Gollonet, un recorrido cronológico por la extensa trayectoria de este autor -se fecha entre los treinta y los setenta-, incluyendo algunos trabajos que el propio White no eligió para que formaran parte de sus secuencias. Llega esta muestra cincuenta años después de su muerte y se compone de copias de época vertebradas, salvo esas piezas que no incluyó en sus series, en 160 conjuntos. Algunas de ellas no fueron exhibidas nunca en vida del fotógrafo y la mayoría no habían podido verse antes en Europa.

Minor White. Matchstick Cove, San Mateo County, California, from the Sequence Song without Words, 1947. The Minor White Archive, Princeton University Art Museum, llegat de Minor White © Trustees of Princeton University

Minor White. Point Lobos State Park, California, de Fourth Sequence, 1950. The Minor White Archive, Princeton University Art Museum, llegat de Minor White © Trustees of Princeton University
Conoceremos sus primeras imágenes realizadas en Portland, aún con cierta huella pictorialista, y también su progresivo distanciamiento de este lenguaje hacia un formalismo más austero y preciso en sus mecanismos compositivos. El montaje se detiene en los que fueron sus temas recurrentes —el paisaje, el retrato y el desnudo masculino— y hace hincapié en la carga introspectiva y espiritual que imprimió en ellos, muy patente en la serie Rural Cathedrals (1955). Utilizó una película infrarroja para acentuar las dimensiones simbólicas y oníricas de la naturaleza; en sus palabras, de impronta abiertamente zen, quería capturar las cosas no por lo que son, sino por aquello otro que son. Por lo que no se ve.

Minor White. Mark Adams, de Fifth Sequence, 1950. Portland Art Museum
No tardó Minor White en conocer las claves del lenguaje de la fotografía: su abuelo era aficionado al medio. Empaparse de sus rudimentos primarios lo ayudó a preparar las transparencias fotomicrográficas de algas durante los años que dedicó a sus estudios universitarios en botánica. Tras graduarse en Artes en 1934, se trasladó a Portland, donde se adhirió al Oregon Camera Club antes de empezar a trabajar para el Oregon Art Project, inmortalizando por encargo edificios históricos que iban a ser destruidos.
Aquellas primeras imágenes de carácter parcialmente documental revelan, no obstante, un cariz artístico, especialmente las nocturnas que realizó en paralelo, con un aire pictorialista que evoca las atmósferas de Alvin Langdon Coburn y el primer Stieglitz.
Durante sus fines de semana y vacaciones, White desarrolló una obra muy personal en sus viajes por Oregón, fijándose en paisajes y granjas y fotografiando naturalezas muertas que formarán parte, en 1942, de su primera muestra individual en el Portland Art Museum. Para entonces, poseía ya un estilo directo y realista, relacionado con su admiración por el Grupo f/64 y opuesto por igual al pictorialismo y a la experimentación vanguardista. Sus fotos destacaban entonces por su realismo y por una precisión técnica en la que incorpora símbolos recurrentes, como puertas y ventanas rotas, objetos de carácter biomórfico y alusiones cristianas que reflejan aspectos de su personalidad. La literatura, el arte y la filosofía fueron otros de sus referentes, destacando su atención a William Blake, que cultivó todas esas disciplinas. Eran, en el fondo, modos de buscar la paz interior.
Ya en 1946, Minor se instaló en San Francisco, donde empezó a trabajar como profesor asistente de Ansel Adams en la California School of Fine Arts, institución pionera en la enseñanza universitaria de la fotografía en Estados Unidos. Fue un tiempo clave para su formación, gracias al contacto con el propio Adams y con Edward Weston -era un artista tremendamente receptivo-, su conocimiento de los paisajes californianos y la consolidación de sus métodos pedagógicos, entonces muy novedosos. Si Weston quería hallar en la depuración una senda para explorar una visión renovada del mundo, nuestro autor quería sugerir con ella estados emocionales.
En estos años, además, participó, como avanzamos, en la fundación de la revista Aperture, refugio de solitarios, y diseñó sus primeras secuencias, en las que la fotografía no era sino una vía para el autoconocimiento y la expresión personal. Podemos citar The Temptation of Saint Anthony Is Mirrors (1948), que no llegó a mostrar en vida; Fourth Sequence (1950), una indagación en la teoría de la secuencia y en asuntos como la identidad y la sexualidad -no reconoció públicamente su propia homosexualidad-; e Intimations of Disaster (1952), conjunto compuesto por miles de fotografías que realizó con una pequeña cámara manual en las calles de San Francisco. Desplegó en ellos una visión oscura y dramática sobre la vida urbana que desafiaba los estilos convencionales y ponía de relieve una vibrante vida callejera.

Minor White. Minor White Produce Market, San Francisco, 1949. The Minor White Archive, Princeton University Art Museum

Minor White. McAllister Street, San Francisco, 1950. The Minor White Archive, Princeton University Art Museum
Después de abandonar la California School of Fine Arts en 1953, White se trasladó a Rochester invitado por Beaumont Newhall para unirse a la George Eastman House, como asistente de comisariado. Allí, además, profundizó en su labor como editor, y a su trabajo para Aperture sumó una nueva colaboración con Image, la revista de esa institución.
Sus lecturas místicas y sobre pensamiento oriental, junto con el entorno local, son la base de secuencias fundamentales como la citada Rural Cathedrals (1955), sobre la arquitectura vernácula estadounidense, y Sound of One Hand (1960), en la que las imágenes, casi abstractas, devienen reflejo del estado mental del espectador. En este periodo, White consolidó su faceta como comisario y docente, impartiendo talleres a una nueva hornada de creadores.

Minor White. Barn and Clouds (Vicinity of Naples and Dansville, New York), de Sequence 10 / Rural Cathedrals, 1955. The Minor White Archive, Princeton University Art Museum

Minor White. N. Union Street, Rochester, de Sequence Sound of One Hand, 1958. The Minor White Archive, Princeton University Art Museum
Por último, en 1965 se incorporó como profesor invitado al Massachusetts Institute of Technology en Cambridge, ciudad donde la fotografía no tenía un lugar menor en la comunidad artística local. Impartía un curso que formaba parte de un amplio ciclo que permitía a los estudiantes experimentar en artes visuales, y que con el tiempo se asentó como programa de fotografía de cinco años de duración.
Contando (por primera vez) con un salario algo más acorde a su talento, White compró una casa amplia donde podía alojar alumnos y organizar talleres. Fue en ese momento cuando publicó su única secuencia en color, Slow Dance, bajo la influencia del filósofo místico George I. Gurdjieff. Además, alumbró entonces su único libro que vio la luz en vida, Mirrors Messages Manifestations (1969), y que complementó la mayor exposición de su carrera, que acogieron el Philadelphia Museum of Art y otros museos de estadounidenses.
Aunque comisariado y docencia eran sus principales ocupaciones, White creó en esos años últimos otras dos secuencias fotográficas, siempre mimando la coherencia con el resto de su legado: Sequence 1968 (1968) y Totemic Sequence (1974). A su muerte, en 1976, dejó la totalidad de su archivo al Princeton University Art Museum.

Minor White. Minor White 72 N. Union Street, Rochester, from Sequence 16 / Steely the Barb of Infinity, 1960. The Minor White Archive, Princeton University Art Museum

Minor White. Cape Ann, Massachusetts, de Sequence 1968. The Minor White Archive, Princeton University Art Museum
Minor White
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Del 24 de septiembre de 2026 al 10 de enero de 2027