Marisol: distintos modos de existir y una vida entregada al dibujo

El Centro Botín presenta su primera retrospectiva dedicada a esta disciplina

Santander,
Women with a dog. Marisol. Exposicion en el Centro Botín
Andy Warhol. Marisol exhibition, 1964. The Andy Warhol Museu, Pittsburgh

El Centro Botín presenta la primera gran retrospectiva dedicada al dibujo de Marisol Escobar (París, 1930 – Nueva York, 2016), una artista cuya presencia en la escena neoyorquina de los años sesenta fue mucho más relevante de lo que hoy suele recordarse. Aunque para muchos esta será su primera aproximación a la obra de Marisol, lo verdaderamente significativo de la exposición no es tanto rescatar su figura del letargo del canon artístico como revisar una parte de su trabajo que sí reclamaba una investigación profunda: su producción sobre papel. Gracias a la colaboración con el Buffalo AKG Art Museum, institución que custodia su legado, se han descubierto y digitalizado nuevos dibujos que permiten ahondar en esta faceta esencial —y hasta ahora menos estudiada— de su trayectoria.

Aunque fue la escultura la que le otorgó reconocimiento internacional, el dibujo ocupó siempre un lugar central en su práctica. No se trataba de bocetos preparatorios ni de una producción secundaria, sino de un lenguaje autónomo desde el que la artista pensaba, observaba y construía imágenes. En esta muestra podremos ver más de un centenar de ellos, fechados entre 1949 y 2016. Junto a los dibujos, la exposición incorpora también algunas esculturas emblemáticas, como Indian o Woman with Child and Two Lambs, además de abundante material de archivo y varias películas que ayudan a situar la compleja personalidad de Marisol.

Nacida en París en 1930 en el seno de una familia venezolana, pasó su infancia entre Caracas y Estados Unidos antes de instalarse definitivamente en Nueva York. Conocida simplemente como “Marisol” —tras eliminar el apellido paterno de su firma—, desarrolló una obra profundamente singular, siempre desde una posición crítica y difícil de encasillar. Sus figuras talladas en madera, a escala natural y con frecuencia inspiradas en personajes públicos o escenas familiares y sociales, la situaron en el centro de una cultura visual que comenzaba a pensar el arte en relación con los medios de comunicación, la política y la vida cotidiana. Sin embargo, frente al entusiasmo pop por la cultura de masas, Marisol introdujo una mirada incómoda e irónica, atravesada por el desdoblamiento, la máscara y la reflexión sobre la identidad.

La exposición del Centro Botín se articula en torno a tres “desplazamientos”, tres momentos que recorren tanto la vida como la práctica artística de Marisol, en la que ella misma afirmaba no recordar un solo instante de su vida en el que no hubiera estado dibujando.

El primero de esos desplazamientos nos acerca a sus años de formación y a un episodio decisivo en su biografía: el suicidio de su madre cuando ella tenía once años. A partir de entonces redujo el habla a lo estrictamente necesario y encontró en el dibujo una forma de observación silenciosa y constante. Más que abandonar la comunicación, comenzó a expresarse desde otros lugares: la mirada, el gesto, la repetición de imágenes. El dibujo se convirtió en un espacio desde el que registrar experiencias sin necesidad de explicarlas.

Es la propia Marisol quien recibe al visitante a la entrada de la exposición a través de una película rodada por Andy Warhol, donde aparece posando casi inmóvil junto a la escultura Women and Dog (1963-1964), hoy conservada en el Whitney Museum of American Art. La escena captura un momento en el que la artista empezaba ya a atraer una enorme atención pública. Tras estudiar en Los Ángeles, Marisol viajó a París para formarse en la École des Beaux-Arts y la Académie Julian, aunque pronto regresó decepcionada y se instaló en Nueva York. Allí estudió en la Art Students League con Yasuo Kuniyoshi y posteriormente en la escuela de Hans Hofmann, cuya influencia fue decisiva. Hofmann enseñaba casi sin palabras, algo que Marisol recordaría años después como una experiencia profundamente visual.

Su primera exposición en la galería de Leo Castelli, en 1957, marcó el inicio de su reconocimiento público. Sin embargo, buena parte de la crítica se concentró más en su imagen que en su obra. The New York Times llegó a sugerir que sus esculturas podrían haber sido halladas “en alguna jungla sudamericana”, mientras que la revista Life insistía en presentarla como “la belleza latina”. Incómoda con esa exposición mediática, Marisol decidió marcharse a Roma. En una carta de ese periodo, Castelli le escribió: “¿Cómo te puedes ir cuando todo está por comenzar?”. Esa frase da título a la muestra y resume bien una constante en la vida de la artista: la necesidad de desplazarse, desaparecer y volver a empezar.

De regreso en Nueva York, Marisol participó en exposiciones fundamentales del Museum of Modern Art como “The Art of Assemblage” (1961) o “Americans” (1963). Representó a Venezuela en la Bienal de Venecia de 1968 y fue una de las pocas mujeres presentes en la Documenta IV de Kassel ese mismo año. Trabajó junto a Warhol y apareció con frecuencia en medios como Life, Glamour o The New York Times, convirtiéndose en una figura central de la escena artística neoyorquina.

En esos años comenzó a incorporar moldes de su propio rostro y de sus manos en las esculturas, como vemos en el estudio en bronce para Mi Mamá y Yo (1968), escultura que conservó toda su vida. El uso del molde introduce una nueva condición: el cuerpo puede repetirse y reorganizarse dentro de una misma imagen, algo que también aparece reflejado en los dibujos. Se fragmenta, se multiplica y se transforma en máscara. Labios, perfiles y manos dejan de funcionar como rasgos individuales para convertirse en signos repetibles, desplazables entre distintas imágenes. El dibujo funciona entonces como un espacio de ensayo donde la anatomía se vuelve variable y mutable. La máscara será precisamente uno de los elementos centrales de esta etapa. Un buen ejemplo es Indian (1969), una de las esculturas presentes en la exposición. La obra reutiliza la iconografía comercial del llamado cigar store Indian, las figuras indígenas tradicionalmente situadas a la entrada de los estancos estadounidenses. Al incorporar su propio rostro a la escultura, Marisol introduce una identificación deliberadamente incómoda que cuestiona tanto los estereotipos culturales como los límites éticos de toda representación del “otro”. Vista hoy, la pieza sigue generando preguntas sobre apropiación cultural, identidad y visibilidad pública.

Marisol: Cuando todo está por comenzar. Centro Botín, Santander, 2026
“Marisol: Cuando todo está por comenzar”. Centro Botín, Santander, 2026. Foto: Vicente Paredes

 

Marisol. Detalle de Indian (1964)
Marisol. Indian, 1969 (detalle). Foto: Vicente Paredes

Como señalan los textos de la exposición, en la obra de Marisol “la identidad aparece como una imagen cambiante: a veces rostro, a veces máscara, a veces huella y a veces escena compartida”.

El segundo desplazamiento nos sitúa en la década de los setenta, tras una serie de viajes por el sudeste asiático y la Polinesia que transformaron profundamente su mirada. En pleno contexto de protestas contra la guerra de Vietnam, movimientos indígenas y luchas por los derechos civiles en Estados Unidos, Marisol interrumpió su creciente presencia en el circuito artístico para viajar durante largos periodos. En sus dibujos de esta época el color adquiere una intensidad nueva, los cuerpos se multiplican y aparecen textos escritos que acompañan las imágenes. También se hacen más visibles las cuestiones vinculadas al género y a las comunidades indígenas. Obras como la mencionada escultura Woman with Child and Two Lambs (1995), introducen una representación de la maternidad alejada de cualquier idealización. Destacan esa esta misma sala dibujos como Get Away from My Fish (1975) o Chief Joseph (hacia 1974-1980).

Durante estos años adquiere además una gran importancia su trabajo para la danza y el teatro. Las colaboraciones con la coreógrafa Martha Graham o con Elisa Monte expandieron el dibujo hacia la escenografía y el vestuario. En proyectos como Ecuatorial (1978) o Caviar (1970), realizado para el coreógrafo Louis Falco, el cuerpo deja de ser únicamente representado para convertirse en movimiento, superficie y transformación.

Este segundo desplazamiento concluye con otra de las grandes obsesiones de Marisol: el mundo submarino. Tras su participación en la Bienal de Venecia de 1968 emprendió un largo viaje por India y Tailandia durante el cual desarrolló una intensa fascinación por la vida marina. Películas en 8 mm, acuarelas, pasteles y esculturas como Triggerfish I (1970) muestran formas ambiguas situadas entre el organismo biológico y el artefacto mecánico. En ellas resuena también una inquietud propia de la época: la relación entre naturaleza, tecnología y exploración científica en plena Guerra Fría.

Marisol. Get away from my fish, 1975
Marisol. Get away from my fish, 1975. Buffalo AKG Art Museum

 

"Marisol: cuando todo está por comenzar". Centro Botín, Santander, 2026
“Marisol: cuando todo está por comenzar”. Centro Botín, Santander, 2026. Foto: Vicente Paredes

La exposición finaliza con un tercer desplazamiento, quizá el más íntimo y menos físico de todos. En los últimos años de su vida, Marisol tuvo que enfrentarse al Alzheimer, enfermedad que fue deteriorando progresivamente su memoria y su lenguaje. Aun así, continuó dibujando hasta el final. Cuando la memoria comenzó a fragmentarse, su trabajo se vinculó cada vez más a lo cotidiano: su estudio, los objetos cercanos o la presencia de su cuidadora.

A su muerte, el 30 de abril de 2016, Marisol legó su archivo, su biblioteca, sus obras y su apartamento neoyorquino al Buffalo AKG Art Museum, lo que permitido seguir ampliando el estudio sobre la obra de la artista.

Una de las cuestiones más sorprendentes de esta exposición, que ha sido comisariada por Laura Vallés Vilchéz, es comprobar hasta qué punto siguen vigentes muchos de los temas que atravesaron toda la trayectoria de Marisol: la construcción de la identidad, la representación pública de las mujeres, la relación entre imagen y máscara, la importancia de los cuidados o incluso la enfermedad y la fragilidad de la memoria.

 

“Marisol: Cuando todo está por comenzar”
CENTRO BOTÍN
Jardines de Pereda
Santander
Del 23 de mayo al 25 de octubre de 2026

 

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