María Moreno, luz para cambiarlo todo

El MUREC de Almería ofrece su primera antología institucional

Almería,  12/06/2026

Es posible que la de María Moreno sea la pintura menos conocida entre las producciones de quienes compusieron el grupo que siempre hemos llamado realistas de Madrid, por más que cada uno de sus miembros tuviera inquietudes propias que se extendieran más allá, y más adentro, de esta ciudad.

Moreno, a diferencia de muchos de ellos, nació en la capital, en 1933 y también aquí estudió Bellas Artes en la Real Academia de San Fernando, especializándose en esa disciplina de la pintura. Sería esta institución la que reunió a la mayoría de los integrantes de ese colectivo en torno a su enseñanza -a Antonio López, después su marido, y a Isabel Quintanilla, Amalia Avia, Julio y Francisco López Hernández y Lucio Muñoz-. Todos ellos compartieron apego por la realidad más cercana, pero abordándola desde estilos particulares y haciendo hincapié en unos u otros géneros.

Fuera de España, las creaciones de Moreno han podido verse en salas como la galería de Ernst Wuthenow en Frankfurt (1973) o la de Claude Bernard en París (1990); dentro ha formado parte, fundamentalmente, de exhibiciones colectivas, tanto en la propia Academia de San Fernando, en los noventa, como más recientemente en el Museo Thyssen, hace una década.

Antonio López y María Moreno. Cocina de Tomelloso, 1972. VEGAP

Seis años después de su muerte, el Museo del Realismo Español Contemporáneo. MUREC de Almería le dedica su primera antología en una institución: “María Moreno. Hacia la esencia de la luz”, comisariada por Juan Manuel Martín Robles, compendia desde sus obras de los cincuenta hasta sus trabajos últimos en los 2000 y ha sido organizada con la colaboración de Antonio López y María López Moreno, hija de ambos y artista.

Se han reunido más de ochenta piezas procedentes de una treintena de instituciones, buena parte de ellas inéditas en España, con el fin de reivindicar la figura de una autora que no ha permanecido hasta ahora exactamente relegada, pero que sí venía obteniendo un reconocimiento discreto y casi circunscrito a entendidos. Algunas de ellas corresponden a Antonio López, para evocar el diálogo creativo entre ambos; pero ese número es reducido para no restar, esta vez, protagonismo a su esposa. No faltan una veintena de dibujos.

Casi todos los géneros fundamentales de la pintura fueron centro de su atención:  interiores, paisajes, jardines, bodegones y flores y, fueran cuales fuesen sus motivos, Moreno trató de abordarlos desde el equilibrio compositivo y desde un empleo de la luz orientado hacia el misterio y, a su vez, a la transformación de las superficies donde recaía. El resultado se aproxima a la quietud y la temporalidad: lugares y ajuares íntimos adquieren intensidad emocional y naturalezas muertas y plantas despliegan su belleza esencial.

Antonio López y María Moreno. Jardín de la Plaza de la Infancia, 1995. VEGAP

Antonio López y María Moreno. Jardín de la Plaza de la Infancia, 1995. VEGAP

Cuatro secciones articulan el recorrido, comenzando por Los afectos íntimos. María y Antonio, que ahonda brevemente en sus prácticas formativas en San Fernando y da paso a Los espacios vividos, un compendio de esos interiores en los que la artista supo encontrar mundos completos. En torno a objetos sencillos configuró atmósferas sutiles a partir de un uso muy matizado de luz y contraluz y supo insinuar la memoria cobijada en esas estancias que pintó, por mas que en estas escenas parezca que sólo cabe el presente.

A continuación, El misterio de la luz incide justamente en la cada vez mayor atención y cuidado que prestó Moreno a la iluminación, tanto en interiores como en exteriores. Esa inclinación llegó en una etapa en que la compartía con los realistas madrileños y en que todos ellos se relacionaban con Antonio López Torres, tío de Antonio López, cuyas mayores fuentes de inspiración eran la población y los paisajes de La Mancha. De su mano, esta autora viró cada vez más hacia fuera: hacia paisajes, calles y jardines.

Por último, De la luz al objeto se centra en sus trabajos sobre flores y enseres cotidianos, que miraba y captaba con una actitud parecida al fervor: Cuando pinto flores, lo hago consciente del respeto que siento por ellas. Tienen una vida igual de misteriosa, igual de intensa que una persona. Parte de ese misterio, de nuevo, tiene que ver con la luz.

Con el fin de contextualizar la trayectoria de Moreno, el MUREC ha diseñado tres espacios anexos donde contemplaremos composiciones de Antonio López, Isabel Quintanilla, Paco López, Julio López, Esperanza Parada y Amalia Avia, para que apreciemos sus paralelismos y particularidades; veremos algunos hitos de la biografía de Moreno, documentos, fotografías y objetos personales; y espacios que recrean su hogar y su estudio, que nos introducen en su intimidad y la de López, volcada en buena parte de sus respectivas producciones. Ninguno necesitó distancia con sus motivos.

Antonio López y María Moreno. Rosas, 2005. VEGAP

Antonio López y María Moreno. Bodegón, 1996. VEGAP

Antonio López y María Moreno. Rosas, 2005. VEGAP

 

 

«María Moreno. Hacia la esencia de la luz»

MUSEO DEL REALISMO ESPAÑOL. MUREC

Paseo de San Luis, s/n

Almería

Del 12 de junio al 4 de octubre de 2026