Manuel Minch y lo que escapa a la medida

La Sala Robayera expone sus proyectos recientes

Miengo, Cantabria,  29/09/2026

El pasado verano la Sala Robayera de Miengo, en Cantabria, que avanza hacia sus cuatro décadas de trayectoria asumiendo el reto de ofrecer a su público una programación de alto nivel dedicada al arte contemporáneo y de hacerlo desde un enclave rural, distante de los circuitos culturales habituales, emprendió una línea de trabajo consistente en hacer coincidir en sus salas fondos propios, no atesorados a través de compras sino de donaciones de artistas, y presentaciones de autores actuales.

En esa senda continúa este espacio, impulsado en su momento por el pintor Juan Manuel Puente, y este otoño lo arranca con sendas exhibiciones centradas en un joven creador de la región, Manuel Minch, y en una decena de piezas de sus propias colecciones, tomando el relevo a la exposición veraniega de las obras de Robayera que el pasado verano pudimos contemplar en relación con las cedidas por la colección Los Bragales.

Minch, nacido en Santander en 1993 y representado por la galería Juan Silió, con sedes en esa ciudad y en Madrid, es licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Castilla-La Mancha y Máster de Investigación en Arte y Diseño por la Universidad Autónoma de Barcelona y viene ahondando, desde hace cerca de quince años, en las posibilidades de sacar a la luz huellas ocultas de la presencia humana en lugares donde ya no está presente. A partir de observaciones realizadas en sus experiencias personales, investiga si es factible detectar códigos, cuerpos y materiales subyacentes, ahora invisibles, a partir de distintos lenguajes visuales: recurre a lavados de imagen y materiales recolectados. Así, su obra aborda los vínculos entre lo efímero y lo permanente, entre las vidas y rastros individuales y los colectivos, y reclama nuestra atención en torno a los mecanismos latentes que dan forma a la vida contemporánea.

Reivindica Minch la posibilidad de una poética de la revelación y nos invita a tomar conciencia de todo aquello que nunca percibiremos: los rastros que dejamos sin pretenderlo, los sistemas que determinan en buena medida nuestros actos y las formas en que habitamos el tiempo.

Manuel Minch. c3au. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

Manuel Minch. c3au. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

Su propuesta en la Sala Robayera se llama «c3au» y compendia tres de sus proyectos anteriores –Cargo; 3 minutos, 3 días, 3 semanas; Asepsia y Umbra– en los que venía a insistir en que nuestra forma de aprehender y ordenar el mundo requiere de medidas (para transportar, estructurar, clasificar), y en que no debemos olvidar que éstas implican necesariamente una reducción de lo existente: es mucho lo que escapa a ellas por falta de encaje o de cabida.

En esta exhibición, cada uno de esos trabajos retomados se identifica con una huella: la que produce el tránsito (Cargo), la que queda en el cuerpo (3 minutos…), la que ha sido borrada (Asepsia) y la que se archiva (Umbra) y, a su vez, del cruce de unas y otras brotan las seis series que componen la exposición y que suponen una hibridación de las obras pasadas. Se llaman [c+3], [c+u], [c+a], [3+a], [3+u] y [a+u]; unas investigaciones se superponen a otras y algunos materiales encuentran su lugar donde no eran esperados.

Manuel Minch. c3au. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

Manuel Minch. c3au. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

Nos referimos a fragmentos hallados por casualidad, ceras, espumas y restos de dioramas que generan piezas que conservan aún lo que los sistemas dados no lograron contener: sobrantes del trabajo, el agotamiento y de los desplazamientos que aquel entraña. Representan aquello que no se inscribe en los registros y termina sometido al olvido. Lo que no se nombra, como recordaba Santiago Mazarrasa en el texto para la presentación reciente de Umbra en el Museo Nacional de Antropología: Imaginen un objeto cualquiera, uno que no reconocen, un material cualquiera contenido en una forma que se resiste a ser definida. Hasta que no lo nombren ese objeto no es nada, apenas existe. Imaginen otro objeto a una distancia prudencial del anterior, otra forma, otra materia, otra masa cualquiera. Hasta que no la nombren, no existe ninguna relación entre ambos. ¿Quién, entre todos los observadores anónimos y mudos, posee la prerrogativa de darle un nombre a aquello que aún no lo tiene? Todos y ninguno, puesto que poner nombres a las cosas es una tarea para- dójicamente anónima. Todo nombre es, además, fruto de un desarrollo histórico. Eso sí: cuanto más lejano, menos rastreable, como una huella que se borra con el tiempo. Pero una vez nombrados, ambos poseerán un significado a transmitir, convivirá con formas significantes y otorgará conocimiento: hará, quizá, el pasado comprensible y el futuro predecible.

En su origen, sin embargo, y es ahí donde a Minch le interesa viajar, ese conocimiento era asombro e interrogación: cera muda. O polvo: Asepsia nació cuando supo el artista que sobre las obras atesoradas en los Uffizi llegan a acumularse grandes cantidades y que la mayor parte de él está formado por piel humana desprendida. El santanderino no atendió al cariz poético de ese contacto de nuestra epidermis con el legado de los maestros, sino a lo que dicha piel tiene de identidad y vía de contacto con el exterior, a la que, por eso, no dejamos, especialmente desde el siglo XIX, de limpiar.

Sus referencias plásticas a los tejidos corporales que nos conforman suponen una invitación a mirarnos por dentro desde imágenes abstractas y cuerpos matéricos: esponjas empapadas en olores y espumas de poliuretano expandido.

Manuel Minch. c3au. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

En cuanto a «Al Norte», la muestra ahora brindada a los fondos de esta Sala Robayera, alude desde su mismo título a la posición geográfica y cultural desde la que este centro opera -un paisaje que es, a un tiempo, natural y sentimental-, pero también a notas comunes de las obras expuestas, que comparten a menudo motivos de naturalezas, nubes, agua y memoria de un territorio, aunque éste no sea necesariamente identificable.

Podemos entender los trabajos escogidos de Juan Genovés, Joan Hernández Pijuan, Cristina Iglesias, Eva Lootz, Chema Madoz, Juan Muñoz, Susana Solano y Darío Villalba -autores clásicos y contemporáneos igualmente clásicos- como fragmentos de entornos que alcanzan a fundirse aunque queden originariamente lejanos.

Al Norte. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

Al Norte. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

Al Norte. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

Al Norte. Sala Robayera. Miengo, Cantabria

 

«c3au. MANUEL MINCH»

«AL NORTE»

SALA ROBAYERA

Antiguas Escuelas

Barrio El Castro, Cudón

Cantabria

Del 19 de septiembre al 30 de octubre de 2026