Manifesta 16, la futura vida de las iglesias desacralizadas

La cita tiene lugar en cuatro ciudades de la región del Ruhr

Duisburg, Essen, Bochum y Gelsenkirchen,  29/06/2026

Desde el pasado 21 de junio, cuatro ciudades alemanas de la región del Ruhr – Duisburg, Essen, Bochum y Gelsenkirchen- acogen Manifesta 16, cita que este año recala allí tras pasar por Barcelona y que ha aparejado la transformación de una docena de iglesias levantadas en su mayoría tras la II Guerra Mundial, y en las últimas décadas caídas en desuso o dedicadas a otros fines, en espacios que acogen propuestas ligadas al arte y la arquitectura contemporáneos, el diseño social y el encuentro comunitario.

Coincidiendo con el 30º aniversario de esta Bienal Nómada Europea, Manifesta 16 Ruhr se ha fijado como reto el reimaginar la infraestructura vecinal existente en estos núcleos para apoyar nuevas formas de vida colectiva en una era marcada por la fragmentación social, la desigualdad y la polarización. En lugar de considerar esas iglesias vacías o subutilizadas únicamente como patrimonio arquitectónico a preservar, la muestra investigará cómo estos enclaves podrían convertirse en nuevos pilares cívicos que generen mayor cercanía entre quienes pueblan sus barrios.

En una región caracterizada por una estructura urbana policéntrica y por sus realidades sociales cambiantes, sobre todo tras el declive de las industrias vinculadas al acero y la minería, que atrajeron abundante emigración a mediados del siglo pasado, el proyecto explorará cómo la cultura puede contribuir a fortalecer la cohesión social, recuperar el espacio público y fomentar los lazos entre los ciudadanos en tiempo de relaciones líquidas e individualismo.

Se prevé que más de 20.000 iglesias en Alemania queden vacías o sean desacralizadas durante la próxima década (bastantes de ellas, erigidas en torno a los años cincuenta, en una etapa de crecimiento demográfico y reconstrucción), así que Manifesta 16 Ruhr quiere situar el futuro de estos edificios en la agenda nacional. Mediante nuevos encargos artísticos, iniciativas comunitarias o de investigación colaborativa, esta exhibición ofrecerá una docena de ejemplos de reconversión de estos templos en salas expositivas, jardines, salas de conciertos, escuelas de arte, talleres textiles, centros culturales y espacios para la participación, haciendo pervivir su antiguo rol como centros de reunión, pero dejando a un lado sus connotaciones espirituales.

Así, Julian Irlinger, Athina Koumparouli, ElizabethPrice, Emil Walde y Abbas Zahedi interactuan con la Kulturkirche Liebfrauen de Duisburg, icono del crecimiento de la ciudad desde 1945 y centro de arte en los últimos quince años, analizando los paralelismos entre sus seis décadas de historia y las de esta región (una constante en estas exhibiciones) y Sara Bichão, Lilli Lake, PELE y Augustas Serapinas harán lo propio con la Markuskirche de Essen, cuya estructura evoca la propia del barco de Noé que transportaría a los feligreses, a través de los peligros del mundo, hacia la salvación. Estos artistas imaginan qué recogería hoy ese barco y qué no del pasado; a dónde nos trasladaría.

Mona Hatoum. Electrified (St. Gertrud), 2026. © Manifesta 16 Ruhr / Rainer Schlautmann

St. Gertrud, también en Essen, combina cimientos antiguos con un interior sobrio y moderno. Reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial, hoy ha devenido un centro de enseñanza y práctica artística; Halil Altındere, Ayşe Erkmen, Mona Hatoum, Pravdoliub Ivanov, Šejla Kamerić, JarosławKozłowski, Olaf Metzel, Donja Nasseri, NavidNuur y Nasan Tur exhiben aquí trabajos que, como el propio edificio a día de hoy, parten de objetos, imágenes o situaciones familiares, para luego alterarlas mediante el desplazamiento, la fragmentación o la distorsión. Varias obras aluden a realidades políticas, sistemas de poder o memoria colectiva, pero de forma indirecta, a través del gesto, la ironía o la reducción.

En la misma ciudad, la iglesia de St. Marien, construida en los sesenta, se sitúa en un distrito marcado por la industria y la migración; sus feligreses eran, de hecho, una comunidad de mineros. Su demolición ya está programada, así que la exposición aquí preparada tiene algo de canto del cisne: Jason Dodge, William Engelen, Katharina Fritsch, Annika Kahrs, Jarosław Kozłowski, Alicja Kwade, Mira M. Yang, SUPERFLEX, Evita Vasiljeva y Amanda Ziemele, en sus proyectos, han reelaborado, traducido o recontextualizado materiales, imágenes o situaciones preexistentes ligados a la vida cotidiana, la producción industrial o la cultura visual compartida.

 SUPERFLEX. Sleeping Jesus, 2026. Manifesta 16 Ruhr/ Ivan Erofeev

SUPERFLEX. Sleeping Jesus, 2026. Manifesta 16 Ruhr/ Ivan Erofeev

En Gelsenkirchen tendremos que visitar St. Josef, un templo neogótico repleto de iconografía ahora latente. En colaboración con el colectivo catalán Penique Productions, una gran membrana inflable cubre el interior, llena la nave y neutraliza esa carga simbólica: el espacio se convierte en un entorno continuo e inmersivo, ni sagrado ni profano, sino abierto, donde se suspenden los significados previos y surgen nuevos usos. Han participado Havîn Al-Sîndy, Curro Claret y Dúo Barber-Palacios.

En la misma localidad deberemos acercarnos al St. Anna – Hatay Engin Music Hall, donde Emre Abut, Cana Bilir-Meier, Constructlab, İhsan Ece, Philipp Gufler, Cihangir Gümüştürkmen, Nejla Gür, Gašper Kunšič, Jannis Psychopedis, Mesut-Sabuha Salaam, Ming Wong y Hanefi Yeter estudian la relación entre la música y la expresión del género y la sexualidad en diferentes culturas, en alusión a la diversidad de orígenes de los inmigrantes llegados a Alemania a mediados de los cincuenta mediante acuerdos formales de contratación entre gobiernos. Lo que cantaban, tocaban y escuchaban se convirtió en una especie de archivo itinerante; capturaban lo que se había dejado atrás y, al mismo tiempo, abrían un espacio para que algo nuevo surgiera en un lugar desconocido.

Cuando esos inmigrantes plantaron sus primeros huertos, algo nuevo tomó forma: su propio pedazo de tierra en un lugar extranjero. Una tierra que podían trabajar con sus manos, de la que crecían tomates y judías y en la que se podían cultivar cerezos y otros árboles frutales. En St. Bonifatius – Ferdane SatırTea Garden, Mehmet Aksoy, Begzada Alatović, ÖzlemAltın, Atiye Altül, Akbar Behkalam, BureauBaubotanik, Vlassis Caniaris, İsmail Çoban,Yıldırım Denizli, İhsan Ece, Füruzan, AbuzerGüler, Nejla Gür, Judith Hopf, Merve Kaplan, Justin Lieberman, Julia Logothetis, MihályMoldvay, Jannis Psychopedis, Metin Talayman, Rıza Topal, Yıldız Tüzün, Nil Yalter y Hanefi Yete retoman motivos y derivas de esos jardines: la flora y la fauna, la alimentación, la convivencia, el mobiliario del hogar y el contraste entre trabajar bajo tierra, en el caso de los mineros, y vivir en un terreno individual.

El último espacio escogido en Gelsenkirchen es Thomaskirche – Hava GüleçLiving Room y aquí también la inmigración, en este caso la femenina, será recordada, a través de sus trabajos textiles, que desarrollaban bajo la etiqueta de trabajadoras invitadas. Las homenajean Mehmet Aksoy, Bettina Allamoda, Atiye Altül, Ayzit Bostan, Fatma Ceylan, Yıldırım Denizli, Gülbin Ünlü, Hava Güleç, Mehmet Güler, Abuzer Güler, Nejla Gür, Muhlis Kenter, AzadeKöker, Julia Logothetis, Asimina Paradissa, Judith Raum, Dennis Siering, Nesrin Tanç, Weberei Kai, Serpil Yeter y Hanefi Yeter.

Luc Tuymans. KINO, 2026. © Manifesta 16 Ruhr/ Ivan Erofeev

En Bochum son cuatro los templos a visitar: Christ-König, St. Anna, Gethsemane-Kirche y St. Ludgerus. En el primero, Miroslav Bałka, Mehtap Baydu, Mabe Bethônico, Aline Bouvy, Cudelice Brazelton IV, Bérénice Gaça Courtin, Niklas Goldbach, Nicolas Grospierre, Albe Hamiti, Eva Koťátková, Katarzyna Kozyra, Małgorzata Mirga-Tas, Anka Sasnall, Wilhelm Sasnall y Luc Tuymans se zambullen en el contexto social e histórico del edificio, construido en los treinta bajo las formas apabullantes del autoritarismo, derruido en 1944 y progresivamente convertido en centro cultural.

St. Anna, en el corazón de un barrio de empleados de la siderurgia, fue diseñada igualmente en los treinta como lugar de culto y pilar del vecindario. Dañada durante la Segunda Guerra Mundial, reconstruida, renovada y adaptada a las necesidades cambiantes, sigue siendo un espacio consagrado, pero abierto al público: hoy en día es compartido por muchos, desde el Schauspielhaus Bochum y un grupo de teatro amateur local hasta una reciente exposición sonora y, en ocasiones, un coro. Las obras que se exhiben aquí dialogan con estas arquitecturas, así como con la historia de la región, marcada por la industria y la minería. Corresponden a Pedro Cabrita Reis, Kateryna Lysovenko, Pınar Öğrenci, Mykola Ridnyi, Wilhelm Sasnal y Marion Stokes.

La Gethsemane Church, entretanto, fue construida entre 1949 y 1950 por miembros de la comunidad protestante local, sobre los cimientos de un salón parroquial destruido durante la Segunda Guerra Mundial. Nunca se concibió como un edificio grandioso: fue una de las muchas Notkirchen (iglesias de emergencia) ideadas por el arquitecto Otto Bartning como parte de un programa de ayuda tras la guerra; tantas iglesias se habían perdido y tantos refugiados habían llegado que se necesitaban nuevos lugares de culto en gran número.

Como muchas iglesias de la posguerra en la región del Ruhr, se construyó de forma rápida y sencilla — con ladrillos recuperados y madera prefabricada— para un barrio en desarrollo de trabajadores industriales y sus familias. En alemán, estas iglesias se llaman Pantoffelkirchen (iglesias de las zapatillas), porque se podía acceder a ellas con calzado informal.

Las obras aquí expuestas aluden al trabajo y la migración que moldearon esta región, al significado de hogar y pertenencia y lo que perdura cuando las estructuras que mantenían unidas a las comunidades comienzan a cambiar. Sus autores son, de nuevo, Mirosław Bałka, Mehtap Baydu, Zuza Golińska,Miedya Mahmod, Marina Naprushkina, JuliaNitschke, Mikołaj Sobczak y Cassidy Toner.

Por último, St. Ludgerus encarna esa lógica de la Pantoffelkirche: fue una iglesia concebida para servir al vecindario inmediato, integrada en la vida cotidiana y entendida como una extensión doméstica de la comunidad. Hoy esa proximidad se mantiene, pero su función no. El colectivo catalán Cabosanroque, junto a Josep Bohigas, mediador creativo de Manifesta, la ha transformado en un estadio atípico: un espacio donde las reglas de la competición se suspenden y se reescriben y las estructuras deportivas —porterías, aros, marcas— activan el lugar como campo de acción. No hay espectadores, los resultados pierden relevancia y el éxito se silencia.

Paralelamente a la bienal principal, Manifesta 16+ extiende ese enfoque a toda la región del Ruhr a través de un programa de otras dieciséis iniciativas colaborativas que transformarán edificios religiosos en otras seis ciudades más (Bottrop, Herne, Bochum, Dortmund, Marl y Mülheim).

Miroslaw Balka. Heimat, 2026 © Manifesta 16 Ruhr