Las esculturas de Cristina de Suecia tienen sala en el Museo del Prado

07/10/2026

Hace sólo unos meses Cristina de Suecia estrenó la última línea editorial del Museo del Prado, Creadoras del Prado, con una monografía a cargo de Manuel Arias; ahora una parte importante de las piezas del museo que formaron parte de la colección de escultura de esta soberana cuentan con un espacio propio en este centro, coincidiendo con los cuatro siglos transcurridos desde su nacimiento.

La trayectoria de la monarca, marcada por su abdicación del trono sueco y su conversión al catolicismo, culminó en su instalación en Roma, donde estableció en el Palacio Riario un centro intelectual y artístico que tuvo mucha influencia. Desde allí reunió un importante conjunto de esculturas clásicas que, con el transcurso de las décadas, formarían parte esencial del acervo del Prado, Isabel de Farnesio mediante: poseyó ocho Musas, el Grupo de san Ildefonso o el Fauno del cabrito.

Su papel, de hecho, fue más allá del coleccionismo, pues se involucró activamente en la interpretación y resignificación de las piezas, como prueba el caso de la musa Talía, en la que incorporó su propio retrato: mantuvo una concepción del arte como lenguaje de poder y de construcción intelectual.

Suyo fue el conjunto más valioso de esculturas clásicas en el edificio Villanueva: creaciones de época helenística, copias romanas de originales griegos, retratos, bustos imperiales, esculturas barrocas que integran fragmentos antiguos originales… También perteneció a Cristina de Suecia un ejemplar del tratado de pintura de Leonardo da Vinci dedicado, en una edición publicada en París en 1651.

Estos trabajos se reúnen, a partir de ahora, en la nueva presentación de la sala 74. Su lugar de honor lo ocupa Ariadna dormida, conocida en el siglo XVII como Cleopatra, en torno a la que se han dispuesto dieciséis piezas en distintos materiales, tipologías y soluciones cromáticas. El recorrido arranca con un retrato de la reina pintado por Sébastien Bourdon y con dos cabezas de Atenea, una de época romana y otra del siglo XVII: ambas aluden a la identificación de la reina con la sabiduría y su consideración como la “Minerva del Norte”, apodo que se le dio en las cortes europeas.

Junto a ellas contemplaremos obras que permiten aproximarse a algunos de sus intereses: las esculturas de Afrodita y los bustos de emperadores realizados con mármoles de distintos colores remiten a las galerías aristocráticas europeas, mientras que el Filósofo con cabeza de Pseudo Séneca, el Busto de etíope o la Mujer oriental o Semíramis representan la diversidad de asuntos, materiales y modelos reunidos en sus fondos.

También se incorpora a esta sala la Cabeza colosal de príncipe, una escultura helenística en bronce que se tuvo largamente por una imagen de Alejandro Magno, muy admirado por Cristina de Suecia, o los bustos de Antinoo y Aquiles, que vuelven a exhibirse emparejados, recuperando así la disposición que tuvieron en el palacio romano de la reina sueca.

La instalación cuenta, igualmente, con dos esculturas asociadas a su gusto: aquel Fauno del cabrito, celebrado en Europa como el Fauno de la reina Cristina, y Clitia, que conjugan aquellos fragmentos de época romana con intervenciones realizadas en el siglo XVII por Ercole Ferrata y Giulio Cartari, respectivamente. Estas obras aportan información sobre cómo las esculturas antiguas eran restauradas, completadas y reinterpretadas para formar parte de las galerías palaciegas de la Europa barroca.

Además, en la sala de las Musas, donde se conservan esas ocho esculturas que compró para su mansión romana, se despliega de forma temporal una nueva instalación de Talía, musa de la Comedia, cuya figura fue completada por Francesco Maria Nocchieri con una cabeza que, como adelantamos, reproduce los rasgos de la soberana y se guarda habitualmente en La Granja: puede admirarse sobre uno de los pedestales de madera y mármoles encargados por la reina en Roma.

Y, por último, Cristina de Suecia también sale a nuestro paso en la sala 47, pues en sus manos estuvieron tres de las piezas allí: Apolo, Júpiter Tonante y la Venus del pomo.

Remodelación de la sala 74. Fotografía: © Museo Nacional del Prado