Huesca, en tránsito y en la transición

La Diputación recuerda el devenir de la ciudad en los setenta y los ochenta

Huesca,  30/09/2026

En 1984 abrió sus puertas en Huesca el bar Tránsito, un local que durante sus seis años de apertura fue el punto de encuentro de músicos y artistas que agitaron la vida cultural de la ciudad y que vino a conceder espacio a los nuevos sonidos y formas de expresión que ya se abrían paso. Su actividad completó la programación musical de las peñas recreativas, sobre todo de la aún vigente Alegría Laurentina y su Jai Alai, sede social que acogió innumerables conciertos de pop y rock en aquellos años ochenta, aunque fueron tiempos de proliferación de grupos, locales de ensayo, bares, fiestas, DJs y fanzines.

Ese bar, de vida breve y largo recuerdo, da título a la muestra «Huesca en tránsito», que alberga ahora la Sala de Exposiciones de su Diputación y que, con más espíritu de celebración que de nostalgia, viaja en el tiempo a la década transcurrida entre mediados de los setenta y mediados de los ochenta, cuando, como en casi todas las ciudades españolas, aumentaron allí casi exponencialmente las discotecas y zonas de marcha y la celebración de verbenas y fiestas populares ganó en intensidad y, sobre todo, en el acompañamiento de pop y rock, sellos de identificación de una generación decidida a mirar al futuro.

Huesca en tránsito. Sala de exposiciones de la Diputación de Huesca. Fotografía: Javier Broto Hernando

Huesca en tránsito. Sala de exposiciones de la Diputación de Huesca. Fotografía: Javier Broto Hernando

Huesca en tránsito. Sala de exposiciones de la Diputación de Huesca. Fotografía: Javier Broto Hernando

Alberto Gabarre, José Ignacio Callén y Jesús Bosque comisarían una exposición compuesta por carteles, fotografías, discos, publicaciones y otros objetos y testimonios de época -memorias hechas material para muchos oscenses- y por documentación ligada a aquel bar Tránsito. Aunque su vitalidad no se mantuvo constante en esos años, en general muchas de esas piezas harán referencia al buen momento de los movimientos sociales (ecologistas, pacifistas, feministas y antinucleares), que sustituyeron a pasadas formas de militancia, o a asociaciones festivas y peñas que hicieron suyos espacios públicos desde una menor ideologización. Frente a unos y otros colectivos, otra postura que no vivió un mal momento fue la de los jóvenes escépticos o cansados de convulsiones sociales: la de los desencantados o proclives al individualismo.

Recuerda este proyecto que, aunque son muchos los clichés asociados a la transición y a todas las movidas urbanas, Huesca no fue sólo una y coexistieron en ella capas culturales, sociales, económicas e ideológicas tan cercanas físicamente en la vida diaria como alejadas en sus mutuas relaciones.

Fernando Alvira Lizano. Manifestación de universitarios, 1983. Archivo familiar de Fernando Alvira Lizano

Fernando Alvira Lizano. Manifestación de universitarios, 1983. Archivo familiar de Fernando Alvira Lizano

El recorrido de «Huesca en tránsito» comienza en el terreno audiovisual. Se creó y consolidó el Certamen Internacional de Films Cortos Ciudad de Huesca, antecedente del Festival Internacional de Cine aún en marcha, y Eugenio Monesma empezó a encabezar una generación de autores dedicados al cine etnográfico o reivindicadores del súper-8; su trabajo relanzaría el de Alberto Turmo, Jesús Genérelo, Sombras de Murnau y otros. Si hablamos de fotografía, esta provincia contaba con una larga tradición en la disciplina, en relación con sus paisajes, pero en esta etapa se estudiarían nuevas sendas artísticas y más experimentales, de la mano de asociaciones como Colectivo Imagen, que convocaron concursos, exposiciones y otras actividades.

Una de sus exhibiciones más recordadas llegó algo más tarde, en 1990: se tituló «7 × 7» y compiló paisajes, retratos y piezas de género esquivo de Pilar Albajar y Antonio Atarriba, Carlos Bandrés, Guillermo Farina, Miguel López Apellániz, Fernando M. Mallén, Miguel Ortega y Pablo Segura.

Mercedes Gabarre. Sin título, hacia 1984-1987. Colección de la artista

En el campo de las artes plásticas, el panorama no era de antemano alentador -desaparecieron la Bienal de Huesca o el Museo de Arte Contemporáneo-, pero galerías como S’Art y Ligeti desarrollaron una labor fundamental en la promoción del arte contemporáneo y también acogieron exposiciones el Melindres, La Habana, el Café Universal o el Tránsito.

Precariedad y experimentación marcaron unos años de los que esta propuesta recoge composiciones de Enrique Torrijos, Marcelino Sesé, Jesús Benito, Chema Durán, Vicente Badenes, Eduardo Cajal o Alberto Carrera o de autores estrechamente ligados al mismo bar Tránsito, como Javier Romera, Alfredo Cabañuz, José Ángel Enciso, Patricia Albajar, Luis Sanchón, Piter Saura, Javier Gracia Operé o Chus Torrens.

Eme Eme. Sin título, hacia 1990

Eme Eme. Sin título, hacia 1990

En lo musical, ganó la hibridación: Javier Losilla habló de joteros que soñaban con guitarras eléctricas. En todo caso, los distintos estilos entonces fructíferos -rock urbano, heavy, punk, el llamado gamberrock, la onda cafre o las propuestas experimentales- se convirtieron en señas identitarias. El primer grupo oscense en grabar un disco en tiempo de Movida se llamó, casualmente, Mestizos; después llegarían Escoria o Vade Retro y todos ellos fueron fotografiados por Rafa Gobantes y escuchados en bares, pubs y pequeñas discotecas.

Estos locales, como sabemos, tuvieron su cara menos luminosa: las quejas por el ruido, los accidentes de tráfico o la drogadicción, en general la inseguridad, anticiparon restricciones de horarios y la clausura de una época en que la libertad parecía ilimitada.

Equipo Tránsito (Alberto Gabarre, Marisa Olmos, Manel Palou y Antonio Sarasa), hacia 1984-1990

Cuenta con capítulos propios en la exposición, como era esperable, el breve pero influyente bar Tránsito, cuyo nombre fue idea del artista barcelonés Ernest Sales y que nació con un propósito audaz: constituirse en escenario para la creatividad, las nuevas músicas y la provocación en frentes múltiples, manteniendo contacto con espacios parecidos de Madrid o Barcelona. A esas intenciones respondía, además, su diseño, que remitía a la estética del cold art.

Fundado por Alberto Gabarre y Manel Palou, de su equipo formaron parte la modelo Lira, Paco «Porteta» y su esposa o el artista Javier Romera, que diseñó sus carteles y decoraciones, y tras su barra sirvieron músicos, diseñadores, deportistas o fotógrafos. Allí se organizaron fiestas temáticas dedicadas a la world music, la música africana, el reggae, el hip hop, la música postindustrial, los sonidos del Mediterráneo, el acid house, el hardcore, el punk, todas ellas con escenografías adhoc.

Tránsito tuvo también su fanzine, con el mismo nombre, del que se publicaron siete números: artesanales e improvisados los primeros, elaborados con recortes, fotocopias, collages, pegamento, ciclostil y espíritu underground; y más sofisticados técnicamente los segundos, cuyas portadas eran obras de arte gráfico.

Y clausura esta muestra la moda, convertida en lenguaje y forma de expresión que iba más allá de lo estético, en parte gracias a la aceptación del Do It Yourself y de la posibilidad de provocar. En Huesca destacaron diseñadores como Antonio Sarasa, Pilar Oliván, Sebi y Enrique Moreigne, además de la boutique Graffiti; el primero fundó la firma, muy libre, La Nueva Dirección, y más adelante creó, junto a Oliván, el sello Sensations, dejándose influir por Mugler, Gaultier o Yamamoto. La ambigüedad aún tenía su sitio.

Rafael Gobantes. Art Decade. Jornadas de Pop Rock en el Jai Alai, 1987. © Rafael Gobantes

 

 

«Huesca en Tránsito. Crónica sentimental de una década»

SALA DE EXPOSICIONES. DIPUTACIÓN DE HUESCA

C/ Porches de Galicia, 4

Huesca

Del 18 de septiembre al 15 de noviembre de 2026