Un lustro después de su última retrospectiva española, en el MACBA de Barcelona, el Museo Reina Sofía dedica a Felix Gonzalez-Torres su primera antología en Madrid: se titula “Dulce venganza”, por remitir al uso que este autor cubano hizo de la belleza como una forma de contestación social a medio camino entre la celebración, la crítica y la resistencia.
La producción de González-Torres, fallecido en Miami cuando no alcanzaba los cuarenta años, a causa de complicaciones derivadas del sida, surgió en un contexto histórico y geográfico muy específico: el estadounidense entre mediados de los años ochenta y mediados de los noventa. Con esta exposición, que han comisariado Alejandro Cesarco y Nancy Spector, se busca reinterpretarlo desde una mirada contemporánea abierta a lo afectivo y atenta a su vigencia entre los autores actuales. Como han recalcado además ambos, González-Torres creía fervientemente en el potencial del arte para promover cambios a mejor, algo que parece especialmente crucial hoy en día.
A lo largo de múltiples salas interconectadas salen a nuestro paso más de medio centenar de obras procedentes de instituciones como el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art o Glenstone, en Maryland, así como de colecciones privadas.
Recuerda esta muestra que la ciudad de Madrid fue un lugar emocionalmente complejo para Gonzalez-Torres, que en 1971 fue enviado a España en el marco de un programa destinado a trasladar a niños desde Cuba para alejarlos del régimen. Permaneció en nuestro país poco tiempo antes de trasladarse a Puerto Rico y más tarde a Nueva York, donde pasaría la mayor parte de su vida adulta, y a Madrid no volvió hasta 1991, con motivo de su participación en una exposición colectiva. Así recordó en escritos ese primer regreso: … Volví a Madrid casi veinte años después —dulce venganza—.
Hace hincapié, por tanto, la exposición en el empleo del cubano de los recursos de la diferencia, la contradicción y la paradoja en sus creaciones, muchas de ellas construidas sobre la oposición formal o conceptual y por ello desconcertantes. Tanto que el público podrá llevarse a casa algunas de ellas, como pilas de papel o montones de caramelos que pueden reponerse una y otra vez; y otras a su vez pueden ser modificadas, como guirnaldas luminosas, retratos textuales o vallas publicitarias. Aunque la obra se entrega al espectador, también le exige una implicación que rompe su pasividad: interpela a visitantes, coleccionistas y comisarios para que participen en la creación y en la transmisión de un significado cambiante y ligado a tiempos y escenarios.
En el contexto de la crisis del sida, y como individuo gay seropositivo, su obra está marcada por la pérdida de su pareja, Ross Laycock, en 1991. Sus continuos emparejamientos de objetos iguales (espejos, relojes, luces) hacen referencia a la unión erótica y al amor queer, y salvaron la censura a través de la abstracción. Además, reinterpretó los lenguajes visuales del arte povera, el arte conceptual y el minimalismo desde un enfoque particular: libre y participativo.

Felix Gonzalez-Torres: Dulce venganza. Museo Reina Sofía, 2026. Fotografía: Roberto Ruiz
Las instalaciones de Felix Gonzalez-Torres responden a un entramado de principios, instrucciones y posibilidades, a su experiencia personal y a sus opiniones políticas. Algunas eran producidas para cada presentación; otras se reinterpretaban cada vez que se mostraban, teniendo en cuenta las variables del lugar y sus contextos sociales, políticos y estéticos. Todo ello apunta a un aspecto performativo en la práctica de Gonzalez: derechos y responsabilidades que se interpretan y se ponen en práctica por los propietarios de las obras, los comisarios que las presentan, por el público que las divulga y por quienes las mantienen. El cubano discute así, una y otra vez, las nociones de autoría y permanencia desde la flexibilidad.
La muestra arranca con Untitled (Revenge) (1991), esa escultura formada por caramelos azules con envoltorio transparente que Gonzalez-Torres presentó en 1991, en la exhibición “El jardín salvaje” en la Fundación Caja de Pensiones de Madrid, y que constituye el eje de “Dulce venzanga”.
Contemplaremos, asimismo, un retrato textual de1989, quizá un autorretrato, y obras tempranas influidas por su estancia madrileña anterior, como el puzle fotográfico Untitled (Madrid 1971), de 1988. Una pila de hojas blancas, Untitled (Passport), de 1991, remite tanto a la idea del viaje como al desplazamiento forzado, además de a su desconfianza hacia los métodos lineales de escritura de la historia y hacia las representaciones habituales de la identidad.
Continúa el recorrido con piezas vinculadas a la política, la relación entre lo público y lo privado y cómo estas cuestiones afectan a la vida de las personas; una de ellas lleva el título de Opinión pública, que al autor definía como una “tregua frágil”, una confluencia temporalde actitudes diversas que aspiran a formular una convicción compartida en la esfera colectiva. Durante siglos, las autoridades han influido en la población para que piense y actúe de forma homogénea, pero para el artista, en situaciones ideales, esa opinión pública se forma orgánicamente, de abajo hacia arriba, cuando los sistemas de valores se alinean y conducen a una acción colectiva.
Por primera vez contemplaremos en formato de friso la valla publicitaria Untitled (Portrait of Austrian Airlines), de 1993, relativa de nuevo a la circulación y el desplazamiento, como, en el fondo, el conjunto de sus composiciones. Ha sido actualizada por los comisarios para reflejar lugares de asedio en todo el mundo en 2026, junto con los años en que las empresas tecnológicas globales salieron a bolsa.
Veremos, asimismo, una selección de sus emparejamientos —dos espejos de cuerpo entero colocados a un suspiro de distancia, una sepultura doble, bailarines que interpretan un dúo— que aluden al romance, la unión erótica, la alegría de amar y el miedo a la pérdida. Los objetos así emparejados no pueden ser censurados. Sin embargo, González-Torres no pretendía excederse al dar un significado específico a estas formas, sino mostrar sus posibles asociaciones poéticas.
Apuntan también estas piezas a que el arte de Gonzalez-Torres no distingue entre lo personal y lo político, transita entre las historias personales y las colectivas, revelando sus conexiones en un tiempo en que los comportamientos privados se vigilan y legislan cada vez más.
Su obra también pone de relieve que la historia no es lineal: no se detiene vuelve sobre sí misma, se escabulle. Así se muestra en una escultura compuesta por una pila de papel rojo en la que conviven los nombres Himmler y Helms.
Se evadía el cubano de la representación mimética recurriendo a diferentes formas de abstracción. El cuerpo está muy presente en su arte, pero pocas veces visible como tal. Sí se apela a los contextos: sus retratos escritos reconocen que la vida de un individuo es inseparable de los acontecimientos históricos que la preceden y la atraviesan. Sus diagramas traducen datos a formas visuales, como ocurre en las gráficas de análisis de sangre del artista con líneas diagonales apenas visibles, ascendentes o descendentes, para realizar un seguimiento de la salud física del cuerpo.
Físicamente penetraremos en Untitled (Beginning), de 1994, una cortina verde que preside la entrada a una de las últimas salas, y evoca la idea de umbrales, no sólo en su sentido físico, sino como acontecimientos excepcionales, momentos de incertidumbre y posibilidades abiertas. Funciona como filtro y tiñe la luz.
Finaliza con una sección dedicada a materiales efímeros que incluye las fuentes de las citas de Gonzalez-Torres presentes en los textos de sala de toda la exposición, así como diferentes ejemplos de material impreso relacionado con las exposiciones e instalaciones realizadas en vida del artista. Algunos de ellos reflejan el desarrollo de su práctica en una selección de invitaciones, notas de prensa, declaraciones y publicaciones cuyo tono oscila entre la declaración ideológica y la de vulnerabilidad.

Felix Gonzalez-Torres: Dulce venganza. Museo Reina Sofía, 2026. Fotografía: Roberto Ruiz
«Felix González-Torres: Dulce venganza».
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. MNCARS
C/ Santa Isabel, 52
Madrid
Del 27 de mayo al 12 de octubre de 2026