Dicen que para que un niño aprenda a leer necesita cuatrocientas horas, pero para convertirse en un buen lector hacen falta, como mínimo, cuatro mil. Lo primero no depende sólo de uno mismo, lo segundo sí.
Es imposible saber cuántas horas pudo leer el monarca asirio Asurbanipal, en el tiempo en que no guerreara, pero no debieron ser pocas si nació en él el impulso de crear la primera biblioteca que compendiara todo el conocimiento alcanzado hasta aquel momento, el periodo intermedio del siglo VII a.C. Atesoró en Nínive (hoy Mosul, en Irak) decenas de miles de tablillas con escritura cuneiforme; es imposible saber exactamente cuántas fueron, pues sus restos se hallaron dispersos, pero 32.000 tablas y fragmentos son las que conserva el British Museum, excavados en distintos lugares del túmulo de Kuyunjik.
Se supone que la mayoría fueron recopilados o producidos por orden del mismo rey, que lo fue entre el 669 y el 630 a. C., pero varios serían anteriores.
Quienes, a las órdenes de Austen Henry Layard, excavaron este emplazamiento en el ecuador del siglo XIX no tardaron en percibir que habían dado con una probable biblioteca real: por el contenido de las tablillas (muchas de carácter académico, aunque también las había de temática religiosa, médica, adivinatoria o mítica); por sus materiales de acabados muy conseguidos, gracias a la arcilla fina; por la alta calidad de la caligrafía… y por el hecho de que, en un examen más detenido, hallaran en casi todas las muestras conservadas, o que pudieron ser más o menos reconstruidas, una inscripción que indicaba que pertenecían al rey Asurbanipal.
Esta biblioteca no fue para él un instrumento de propaganda, ni el capricho propio de un monarca que podía concedérselo, ni siquiera (sólo) un espacio donde cultivar su intelecto o su espíritu. Se trató de una herramienta de poder: el conocimiento lo otorgaba y el saber sostuvo su reinado como no había ocurrido antes en 3.500 años de cultura (de escritura) cuneiforme. Todo el saber reunido en Mesopotamia estuvo allí hasta que Asiria cayó y la biblioteca fue quemada durante el saqueo de Nínive en el 612 a. C. Paradójicamente, el fuego lograría preservar esas obras.
Layard, que sería director del British Museum más tarde, fue sólo parcialmente consciente de la importancia del hallazgo, temeroso de que las labores de traducción se extendieran por décadas: No podemos sobrestimar su valor. Nos proporcionan materiales para el desciframiento completo de la escritura cuneiforme, para la reconstrucción de la lengua y la historia de Asiria, y para la investigación de las costumbres, las ciencias y, podríamos añadir, la literatura de su pueblo. Los documentos descubiertos en Nínive probablemente superan con creces todo lo que ofrecen los monumentos de Egipto. Sin embargo, deberán transcurrir años antes de que se puedan reunir los innumerables fragmentos y transcribir las inscripciones para el estudio de la escritura cuneiforme, en Inglaterra y otros lugares.
En efecto, su contenido sigue siendo una mina de oro para los estudiosos de disciplinas muy diversas y una fuente de fascinación para el público en general. Respondiendo a ese interés, y basándose en siglo y medio de investigación académica, el British Museum emprendió Ashurbanipal Library Project, la puesta a disposición de los amantes de la historia, de forma completa y gratuita, del legado ingente de Asurbanipal.

Se trata de la traslación digital de sus tablillas, una de las fuentes primarias esenciales para conocer la cultura asiria, y esos textos se completan con imágenes de alta calidad y fotografías realizadas desde la década de 1850. El catálogo se actualiza y mejora constantemente y su diseño se ha concebido, precisamente, para estimular el interés y facilitar la enseñanza y la investigación.
La del propio museo no ha concluido, con el objetivo último de comprender la composición y el funcionamiento de la biblioteca.
Ashurbanipal Library Project surgió hace más de dos décadas, en 2002, con la colaboración de la Universidad de Mosul. Se ha ido desarrollando en fases sucesivas, en las que han participado expertos de primer orden, como Jeanette Fincke, que elaboró una lista de las 3.500 tablillas de la biblioteca escritas en escritura babilónica y estudió los textos astrológicos de adivinación en escritura asiria; o Riekele Borger, que antes de su muerte en 2010 trató de catalogar el fondo.
Entre 2009 y 2013, con el apoyo de la Fundación Andrew Mellon, se produjeron imágenes digitales de alta resolución de todas las tablillas, cada una dividida en catorce partes, que representan el despliegue virtual del objeto 3D en un facsímil 2D. Todas las caras de cada pieza son visibles en una sola imagen y pueden consultarse online.
Desde 2014, los esfuerzos se han dirigido a actualizar y mejorar el catálogo y se han iniciado dos proyectos esenciales: la reconstrucción de textos médicos y la investigación, a partir de las notaciones de los escribas en las tablillas (los llamados colofones), de la magnitud, el alcance, las fuentes y el funcionamiento de la colección.
Se ha avanzado mucho y mucho queda por saber, pero el British cuenta ya con algunas conclusiones: la mayoría de los textos de Nínive son presagios y el extenso corpus de cartas y documentos administrativos ofrece patrones enigmáticos en su ordenación.
Dado que pocas tablillas de la biblioteca están completas, se siguen identificando y reuniendo fragmentos, y se detectan manuscritos duplicados para restaurar, editar y traducir las composiciones. El ritmo de reunificación de fragmentos se ha multiplicado por diez en los últimos años con respecto al promedio histórico y se publican constantemente trabajos basados en los textos de la biblioteca. El museo aspira, asimismo, a mantener una bibliografía actualizada de la investigación.
Los frutos nos esperan aquí: https://oracc.museum.upenn.edu/


