
Hace dos meses finalizaba, en la Sala Parés de Barcelona, la muestra en la que este verano hemos podido conocer el trabajo de Antonio Barahona: se llamaba «Index Blau» y estaba protagonizada, precisamente, por ese azul mediterráneo que constituye el común fondo vital de quienes viven a orillas del mar y que imprime atmósferas muy determinadas a patios, portales, estancias. Para muchos, ese azul es raíz e identidad; también calma frente a la prisa.
Como tal lo reivindicaba este artista sevillano, licenciado en Bellas en la universidad de su ciudad, en la especialidad de pintura, que anteriormente había ofrecido otras individuales en la galería Sharon Art de León, en Lugadero y la galería Berlín (Sevilla), El Quatre (Barcelona) y la sala Le Container de Aix-en-Provence. Su participación en colectivas le ha llevado, asimismo, a la National Portrait Gallery de Londres, el National Wetland Museum de Hangzhou, el Museo Sorolla, la Digallery de Sevilla, la Gallery Mokum de Ámsterdam, la Gallery Ramfjord de Oslo y la Casa Iberoamérica de Cádiz, Además, le hemos encontrado, desde hace cuatro años, en citas como PAN Ámsterdam, la filial en la capital holandesa y en Battersea de Affordable Art Fair, ART MADRID y Lille Art Up.
Seleccionado en el prestigioso BP Portrait Award británico en 2012, Barahona ha obtenido, asimismo, primeros galardones en el Certamen Internacional de Pintura Ciudad de Álora, el Certamen de Pintura del Natural Ciudad de Úbeda, el Concurso Internacional de Pintura Rafael Zabaleta de Quesada, el Premio de Pintura del Ateneo de Sevilla o el Premio Nacional de Pintura José Arpa. Igualmente ha recibido becas de la Fundación Antonio Gala, ha participado en el programa Iniciarte y en más de una edición del taller de pintura realista y figuración que imparten en Olula del Río Antonio López y Andrés García Ibáñez.
Este miércoles, Barahona se suma a esta sección porque queremos saber más de lo que su pintura tiene de añoranza, de intento de regreso a lo esencial y de conexión del presente y el pasado. Hasta qué punto sus composiciones brotan de experiencias personales y por qué se ha mantenido fiel a la figuración.

Antonio Barahona. Index blau

Antonio Barahona. La maceta naranja
Hablando de sus inicios, nos explica Antonio que, en su caso, la pintura fue más herencia que hallazgo: No recuerdo un momento concreto en el que decidiera ser pintor. Crecí en una casa donde la pintura era el aire que se respiraba: mi padre, Manuel Barahona, es pintor, y también lo fueron mi abuelo y mi hermana mayor. Caballetes, lienzos y revistas de arte formaban parte del paisaje de casa, así que la decisión llegó casi de forma inconsciente, como algo natural.
Después vino la formación. Estudié Bellas Artes en la Facultad Santa Isabel de Hungría de Sevilla, con un Erasmus en la Fundación Pietro Vannucci de Perugia, y me licencié en Pintura en 2008. Seguí formándome en la Cátedra Francisco de Goya de Caja Ávila con Antonio López, y en 2010 fui seleccionado por la Fundación Antonio Gala. Ahí entendí que la pintura iba a ser mi forma de vida.

Antonio Barahona. El plato amarillo

Antonio Barahona. La bañera roja

Antonio Barahona. El toldo naranja
A Barahona, como podéis ya intuir, no le interesan los mundos lejanos ni tampoco los imaginados, sino lo más próximo que, a su vez, puede ser común a muchos y, en todo caso, capaz de seducir a todos. Nos acerca a su propia región, más allá de tipismos, trabajando pausadamente y pretendiendo que nosotros también miremos despacio: Me interesa lo cotidiano: interiores, patios traseros, rincones con macetas, los lugares donde se comparte la vida. Pinto una Andalucía amable, que ríe sin escándalo, lejos del folclore exacerbado de lunares y ferias. Una Andalucía inteligente y flexible, capaz de adaptarse a los tiempos sin perder lo que la define. Creo que en lo pequeño, en ese microcosmos de lo doméstico, se puede notar lo grande. No hacen falta temas grandilocuentes para hablar del mundo.
También me importa mucho el tiempo. Vivimos rodeados de imágenes que se consumen en segundos, y la pintura necesita un tiempo de ejecución, de percepción y de reflexión que no cabe en la pantalla de un móvil. Para mí pintar es, en cierto modo, un acto de resistencia: una desaceleración perceptiva que invita a mirar más despacio.

Antonio Barahona. Interior de gloria

Antonio Barahona. Gloria
Es fiel a una técnica y más abierto en cuanto a estilos, sin abandonar nunca la figuración. Barahona no busca encajar, sino consolidar un camino propio y satisfactorio: Trabajo al óleo sobre tabla. Elijo la tabla porque me permite castigar el soporte: es una superficie que lo aguanta todo y con ella me siento mucho más versátil. Puedo posar la pintura con delicadeza, aplicarla con carga, y también rasparla o acuchillarla. Ese ir y venir entre construir y destruir es parte de mi manera de pintar. Es una técnica ágil, que exige estar muy atento, y eso encaja con lo que quiero contar.
Mi base es figurativa y naturalista. Tras mis primeros años de formación más académica, el programa Iniciarte en 2014 supuso un punto de inflexión hacia una forma de pintar más abierta y de investigación. No me preocupa encajar en la línea oficial de lo contemporáneo: busco mi propia felicidad a la hora de pintar.

Antonio Barahona. La sombra roja

Antonio Barahona. La sombrilla blanca

Antonio Barahona. La silla roja
Sus referentes pertenecen a generaciones diversas, pero se trata, en todo caso, de autores que no le quedan lejos y que tampoco han necesitado aproximarse a la abstracción para alcanzar una elevadísima expresividad: A los pintores españoles del siglo XIX los considero «mis abuelos», tanto a nivel estético como técnico: Sorolla, Zuloaga, Rusiñol, Jiménez Aranda… De ellos aprendí a mirar la luz, el color y lo cotidiano como materia pictórica.
A esa genealogía se suma mi propia familia, empezando por mi padre. En mi formación fueron decisivos Antonio López, y también Golucho, Lacomba y García Ibáñez, con quienes seguí aprendiendo después de la facultad.
Entre mis contemporáneos, me siento muy interpelado conceptualmente por la obra de Javier Ruiz, Ignacio Estudillo, Julia Santa Olalla o Eduardo Millán.

Antonio Barahona. El patio naranja

Antonio Barahona. Callejón

Antonio Barahona. Los platos
Barahona escoge tres de sus series como proyectos fundamentales entre los que ha desarrollado hasta ahora, comenzando por una de sus miradas más tempranas a Andalucía, desarrollada en la Fundación Antonio Gala: «Miradas al costumbrismo andaluz» fue un proyecto que convertía la costumbre andaluza en objeto de reflexión pictórica; una revisión contemporánea de nuestra identidad.
Ofrenda se presentó en la galería Berlín sevillana, en 2022: Nació en un momento vital muy concreto: la inauguración coincidía con el día en que nacía mi primer hijo. Fue una decisión consciente. Quería que la exposición fuera una celebración, un canto a todo lo bueno que estaba por llegar.
La muestra reunía varias pinturas en torno a un cuerpo central. Algunas tenían un lenguaje más naturalista y otras eran más libres, con más distorsión, en las que recuperaba o idealizaba momentos felices. La naturaleza volvía a ser el centro, pero no como lo salvaje o lo desconocido, sino como lugar de emoción y de conocimiento: texturas, ritmos y color. La luz no estaba para describir, sino que se convertía en color por sí misma. Además, la iluminación de la sala alternaba dos estados, uno natural y otro más acelerado, que generaban relaciones cromáticas muy intensas.
También me interesaba el cuadro como objeto y su relación con el espacio. Combiné formatos íntimos con otros que te sobrepasan, para crear una experiencia envolvente. «Ofrenda» no buscaba plantear cuestiones intelectuales, sino provocar una sensación física, un estado de ánimo.

Antonio Barahona. Felicidad azul

Antonio Barahona. Puro azul

Antonio Barahona. Alegría azul
Por último se refiere a «Index Blau», su última exhibición en la Sala Parés: Es un archivo de azules, de recuerdos inventados. El azul del Mediterráneo funciona como raíz cultural compartida entre Andalucía y Cataluña, a través de patios, interiores y espacios de tránsito. El patio deja de ser sólo un motivo para convertirse en un lugar intermedio entre la memoria y el futuro.
En esta última senda continúa inmerso: Ahora mismo estoy ensanchando la idea del interior mediterráneo que empecé a desarrollar en «Índex Blau». Me interesa seguir explorando la reconciliación con nuestra identidad cultural: no como nostalgia, sino como un regreso consciente a lo que permanece. Y, sobre todo, el tiempo lento del regocijo, ese disfrute pausado de lo cotidiano que la pintura todavía es capaz de ofrecer frente a la aceleración de las imágenes.
Todo este trabajo desembocará en una exposición individual en 2028. Mientras tanto, mi obra puede verse en la Sala Parés de Barcelona, en la Mokum Gallery de Ámsterdam y en Le Container de Aix-en-Provence.
Sabed más de Barahona aquí: www.antoniobarahona.com

Antonio Barahona. Interior con luz blanca

Antonio Barahona. Los toldos

Antonio Barahona. Toldos sobre verde

Antonio Barahona. Verano verde