El Quattrocento. Arte y cultura del Renacimiento italiano

La divinización del hombre -encarnación viviente de la armonía divina- encuentra su mejor manifestación en la belleza del cuerpo humano y, en un sentido semejante, la grandeza de las construcciones artísticas no es sino la expresión material de aquella grandeza espiritual.

El año pasado, y en su afán por publicar la obra completa de Rafael Argullol, Acantilado reeditó un ensayo breve pero denso que vio la luz en 1982 y que no tardó en convertirse en un clásico para los interesados en la historia del arte renacentista: El Quattrocento. Arte y cultura del Renacimiento italiano. Hacía tiempo que era difícil de encontrar, por lo que su regreso a librerías fue casi un acontecimiento para quienes estudian ese periodo y que pueden encontrar en este volumen, en menos de doscientas páginas, sus claves estéticas y filosóficas; se mencionan artistas y obras de arte a título de ejemplo de las teorías citadas, pero no es el objetivo de este libro diseccionar autores ni rasgos formales.

Más bien Argullol nos acerca al espacio y el tiempo (Toscana, siglo XV) donde surgió esa visión renovada del hombre en relación con Dios gracias a un conjunto de factores de índole muy diversa que tienen que ver con el origen de una forma temprana de modernidad. Evidentemente, el cambio -ideológico, político, social, cultural- fue progresivo, pero no siempre sosegado, y el filósofo reflexiona sobre sus tensiones, sus asombros y sobre una nueva consideración de la libertad que tuvo en el cuerpo, en su precisión y contundencia, un símbolo.

Defiende Argullol que el Renacimiento no derivó de la suma de impulsos de origen diverso, sino de una articulación intencionada de principios con fines reformadores. Lo anticipa desde el comienzo: El Quattrocento es, en mi opinión, el único momento histórico que, por su vertebración y coherencia, tiene una sólida unidad cultural frente a -o en relación con- los distintos fenómenos que en y desde la Edad Media han sido llamados renacimientos.

Las controversias en ese sentido tienen cabida, no pequeña, en este libro, estructurado en capítulos breves concebidos para ofrecer una visión poliédrica de una época compleja en la que conocimiento, espiritualidad y arte no pueden comprenderse nunca de forma autónoma -quizá en ningún periodo, pero entonces mucho menos porque sus artífices fueron muchas veces los mismos-. Su orden tiene más que ver con el que impone el pensamiento que con la cronología, incorpora imágenes y poemas y su estilo se aproxima, por momentos, al literario, pese a lo concentrado y tupido de la materia.

Abordando en un primer momento aquel cariz simbólico del cuerpo humano como albergue del homus novus, diserta a continuación Argullol sobre la armonía, las relaciones cielo-tierra ahora más cercanas, los espacios a cubrir entre lo ideal y lo terreno, el avance hacia el non finito, las teóricas divergencias entre norte y sur (ámbito mediterráneo y ámbito flamenco) y, claro, sobre una mirada hacia el mundo clásico que no niega la vigencia de aquel ya en el cristianismo primitivo.

Para Argullol, la creencia en la primacía de la belleza sostiene el Renacimiento en su conjunto y el poder nuevo, entonces, del genio o la independencia individual anticiparía lo mejor y lo peor del individuo moderno.

 

TÍTULO: El Quattrocento. Arte y cultura del Renacimiento italiano

AUTOR: Rafael Argullol

EDITORIAL: Acantilado

IDIOMA: Castellano

PÁGINAS: 192 pp

PRECIO: 14 euros