Dana Lixenberg nació en Ámsterdam a mediados de los sesenta, se formó en fotografía en el London College of Printing y en la Gerrit Rietveld Academie de su ciudad y, a fines de los ochenta, decidió asentarse en Nueva York; allí y ocasionalmente en la capital holandesa continúa residiendo. Habitual de publicaciones como The New Yorker, The New York Times Magazine, Vibe o Newsweek, que han contado con sus retratos, ha desarrollado proyectos personales que dialogan entre sí y que suelen dedicarse a quienes residen en áreas poco pobladas o tenidas por conflictivas; nos referimos a las series De Wallen (2025), que retrata el barrio rojo de Ámsterdam; The Last Days of Shishmaref (2007), sobre una comunidad iñupiaq asentada en una isla próxima a la costa de Alaska; y Jeffersonville, Indiana (1997-2004), realizada en un refugio para personas sin hogar en esa pequeña localidad estadounidense. Aún así, su trabajo de mayor calado y extensión temporal es Imperial Courts, en el que lleva inmersa desde 1993 y cuyo fotolibro recibió hace una década el Deutsche Börse Photography Foundation Prize.
Pese a que hasta ahora no había protagonizado Lixenberg una antología como tal, su producción forma parte de un buen número de colecciones públicas y privadas y se ha expuesto en instituciones como la Aperture Foundation de Nueva York, el Rijksmuseum y el Stedelijk Museum neerlandeses, el MMK de Fráncfurt o el Fotomuseum Den Haag (La Haya).
La retrospectiva que, hasta el próximo enero, le brinda la Fundación Mapfre en su espacio barcelonés KBr ha sido comisariada por Laurie Hurwitz y Marcel Feil y lleva por título «American Images», dado que reúne obras realizadas en Estados Unidos y destinadas a ofrecer una visión matizada y compleja de la sociedad de aquel país: esta autora no sólo observa a sus modelos, sino que comparte tiempo y cercanía con ellos desde el deseo de captar sus rasgos individuales y sus señales de identidad, al margen del colectivo al que pertenezcan o de sus condicionales sociales y económicas. En definitiva, plantea la artista hasta qué punto sobre la cámara puede levantarse una reflexión sobre la identidad, la representación y la experiencia del ser humano, sin aderezos.
La suya, su cámara, es de gran formato desde su juventud: exige lentitud, método y concentración, pero Lixenberg no teme esas demandas porque propician que se genere una mayor intimidad con los retratados. Además, le permite captar con una precisión notable sus matices expresivos, derivados de posturas y gestos, a diferencia de la rapidez de tomas que posibilita la imagen digital. Para la holandesa, si hay una fotografía que puede ponerse en contra de estereotipos y a favor de la claridad formal, ésa es la analógica. El recurso del blanco y negro, como apreciaremos en Imperial Courts, también favorece que el espectador profundice en los individuos más que en su entorno o su contexto, además de sugerir atemporalidad y calma. No importa que estas personas vivan en zonas de violencia o pobreza, el público sólo podrá atender a su dignidad individual. La mayor parte de quienes han pasado por su objetivo son, de hecho, gentes que capean situaciones de vulnerabilidad y sólo un número muy reducido pueden resultar conocidas por pertenecer a las esferas de la política, la cultura o el entretenimiento -entre estas últimas, podemos mencionar a Prince, Jenny Holzer, Kate Moss, Leonard Cohen, Paul Bowles, Tupac Shakur o Biggie Smalls-. Sobre unas y otras aplica una misma mirada.

Dana Lixenberg. Wilteysha, 1993. Serie Imperial Courts, 1993—actualidad

Dana Lixenberg. Deioni, 2021. Serie Imperial Courts, 1993—actualidad
El recorrido de la exhibición en KBr Fundación Mapfre comienza por aquel vasto trabajo, Imperial Courts, nacido de la voluntad de Lixenberg de subrayar las diferencias entre la realidad del barrio de Watts y la imagen sin matices que de él ofrecían los medios de comunicación tras los disturbios que allí tuvieron lugar en 1992, a raíz de la absolución de policías implicados en una paliza a un afroamericano -en los sesenta también habían ocurrido en ese enclave agrios conflictos raciales-. Imperial Courts es el nombre de un complejo de vivienda social y la fotógrafa pudo introducirse en él de la mano de un líder comunitario, Tony Bogard, que favoreció su contacto de confianza con los vecinos; ellos, por cierto, sabían cuál era el fruto de aquellas sesiones: podían ver fotografías de prueba hechas con película Polaroid y hojas de contacto.
Esos trabajos supusieron para Lixenberg el punto de partida de una trayectoria que tuvo mucho que ver con la lucha contra los estigmas, aunque, como dijimos, ella nunca ha dejado de visitar Imperial Courts y en 2008 decidió retomar esta serie al ser consciente del impacto emocional que tenía en los residentes. Agrupó familias, se fijó en recién llegados y puso de relieve que las vidas cambiaban en un entorno que no lo hacía: los niños de los inicios eran ya adultos y a veces padres; otros habían sido asesinados o encarcelados. Para hacernos conscientes de estos testimonios, la holandesa incorporó a esta propuesta audios y vídeos en los que se alternaban instantes de espontaneidad e intervenciones directas de los residentes. La banda sonora no tiene nada de yuxtapuesta: se corresponde con sonidos ambientales, música y voces de quienes allí viven.

Dana Lixenberg. J 50, 2008. Serie Imperial Courts, 1993—actualidad

Dana Lixenberg. Fiesta de nacimiento de Tish, 2008. Serie Imperial Courts, 1993—actualidad
En el mismo año que emprendió Imperial Courts, y después de que esta serie hubiera sido en parte publicada en Vibe, Lixenberg retrató a Tupac Shakur en la que es una de sus imágenes más difundidas. Este rapero de Atlanta, que se hacía llamar 2Pac o Makaveli, falleció a sus veinticinco durante un tiroteo en Las Vegas. Su desenlace temprano y violento contribuyó a convertir esta composición en un icono, pero probablemente lo fuera al margen de esas circunstancias: aquí 2Pac no es un individuo conflictivo, sino alguien sensible y probablemente introspectivo, un artista. Como tal, con esta misma expresión, sería reproducido en murales, tatuajes o carteles.

Dana Lixenberg. Tupac Shakur, 1993
Y también en aquel año 1993, tan temprano como crucial para Lixenberg, empezó ella a utilizar utilizó películas instantáneas Polaroid para testar la iluminación y la composición de sus creaciones; esas piezas, surgidas sólo como parte de su proceso de trabajo, se las regalaba, como dijimos, a sus modelos, así que no se conservan demasiadas. Dejó de producirlas en 2008 y las que sí había reunido las integró en el volumen Polaroid 54/59/79, germen de una muestra en Ámsterdam hace cuatro años.
Fueron herramientas, pero es evidente que las polaroids, con sus imperfecciones y marcas no borradas, captan a la perfección la naturalidad y el carácter íntimo de los encuentros fotográficos de la holandesa. A Barcelona han llegado más de trescientas, que veremos en vitrinas diseñadas específicamente para ellas y acompañadas de una proyección.

Dana Lixenberg. John Rygland con un grupo de oración, 1997

Dana Lixenberg. Cal Malarchuk, 1998
A medio camino entre los noventa y los 2000 inició Lixenberg dos proyectos de muy distinto cariz; el primero está centrado en las personas sin hogar de Haven House, en Jeffersonville, lo comenzó como encargo y terminó como empeño muy personal. Una vez más, a duras penas nos detendremos en las circunstancias vitales de estas personas que viven en la calle; más bien trataremos de imaginar su personalidad y comprenderemos que su dignidad no depende de la posesión o no de un techo. El segundo corresponde a sus retratos de figuras públicas —Whitney Houston, Allen Ginsberg, Kate Moss, Leonard Cohen, JayZ o Iggy Pop— y de anónimos que evidencian la diversidad sin fin de la sociedad estadounidense. Entre unos y otros no atisbaremos ni diferencias ni jerarquías.

Dana Lixenberg. Patricia Miller, 1998. Serie Jeffersonville, Indiana, 1997—2004
El más reciente de sus proyectos en KBr es Los últimos días de Shishmaref (2007). La pequeña comunidad iñupiaq que vive en este área de Alaska, en vista de las tormentas intensas y el deshielo, votó a favor de ser reubicada, pero su traslado aún no ha tenido lugar por falta de financiación -hablamos de seiscientas personas-. Lixenberg acudió a esta aldea por invitación de un cineasta holandés, Jan Louter, y prefirió fijarse antes en la vida diaria de estas gentes que en los efectos de la erosión y las inundaciones: se ha preocupado por la preservación de su cultura y los efectos de la pérdida de sus tierras. Por todo lo que tiene que ver con el respeto de su humanidad.

Dana Lixenberg. Amos Olanna, 2007. Serie The Last Days of Shishmaref

Dana Lixenberg. Ardith Weyiouanna, 2007. Serie The Last Days of Shishmaref
«Dana Lixenberg. American Images»
Avenida del Litoral, 30
Barcelona
Del 1 de octubre de 2026 al 17 de enero de 2027