Cristina Garrido y el reloj de arena del valor

Presenta en La Casa Encendida un proyecto en torno a artes, objetos y empeños

Madrid,  09/10/2026

Hace once años Cristina Garrido fue una de las ganadoras del certamen Generaciones, convocado por la Fundación Montemadrid, con un proyecto que se titulaba Just what it is that makes today’s exhibitions so different, so appealing? y que repasaba, a partir de un millar de imágenes tomadas de Internet, tendencias repetidas en las exposiciones internacionales que las uniformizan y que han conseguido el respaldo de la crítica y el mercado: se refería a la proliferación del modelo de ferias y bienales o a la utilización de dispositivos digitales.

Sin caer en esta última, la artista ha regresado ahora a La Casa Encendida para presentar una exhibición que resulta, efectivamente, diferente y atractiva: tras el comisario portugués Paulo Mendes, se incorpora a una línea de trabajo por la que esta institución invitará a autores contemporáneos a plantear propuestas inéditas y propias a partir de sus colecciones, que constan de bienes culturales datados entre los siglos XVI y XX, un capítulo dedicado al arte contemporáneo, otro para las artes decorativas y el que recoge las creaciones galardonadas en esa iniciativa de Generaciones.

Garrido ha trabajado con esas cuatro secciones y también ha sumado al montaje otros objetos, los vinculados a la historia de la propia Fundación Montemadrid, heredera de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, que constituyó en inicio uno de los montes de piedad más antiguos de España, datado en 1702. Para buena parte del público será más desconocido que aquella entidad, de carácter benéfico y social, continúa activa: aún pueden empeñarse joyas a cambio de microcréditos a bajo interés -tanto en la capital como en sus filiales en Móstoles, Granada, Córdoba, Alicante y Palma- y los beneficios obtenidos en esos préstamos revierten en el funcionamiento de la propia Casa Encendida.

Durante año y medio de trabajo, recopiló en primer lugar las piezas que llamaban su atención desde la intuición; no tenían en común un hilo temático, pero sí ha escogido composiciones y enseres que le han permitido reflexionar sobre cómo se construye el valor, qué entendemos por tal, cómo se modifica en el tiempo y qué marcas y eventos -a veces extraños- determinan que lo concedamos; también sobre la idea de custodia y en torno al cuidado y el préstamo.

Cristina Garrido. Piedra de toque. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano, 2026

Cristina Garrido. Piedra de toque. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano, 2026

El conjunto de la muestra -que lleva por título «Piedra de toque», en referencia al procedimiento que permite tasar joyas- se ha concebido como una instalación de elementos interrelacionados que, en lo posible, salen a nuestro encuentro prescindiendo de las paredes e irguiéndose en el espacio. El montaje, a cargo del Estudio Gonzalo del Val, reproduce incluso los techos bajos que fueron característicos del Monte de Piedad.

Arranca el recorrido con una atípica fotografía de Santos Yubero fechada en 1951; se trata de una representación con maniquíes de la primera imposición de ahorro y dos de esas mismas figuras, a escala humana, contemplan la imagen: las del marqués viudo de Pontejos, Joaquín Vizcaíno, impulsor de la fundación de la Caja de Ahorros, y Clotilde Arizcun, la mujer que depositó 1.000 reales, la cantidad máxima permitida en ese arranque de los servicios financieros de ahorro popular.

Avanzando en el itinerario veremos los dos bodegones florales de Juan de Arellano que durante un tiempo fueron las piezas de mayor tasación de la colección -ya fueron desbancadas; como evidencia la exposición una y otra vez, nuestras filias y atenciones pueden ser tan endebles y efímeras como las mismas flores- y también el vídeo Maltrato, de Javier Peñafiel, en el que un disparo, precisamente a un jardín, parece evocar las relaciones entre la captura de imágenes y la caza. El sonido de los tiros, además, queda emparejado con el de los segundos marcados por una selección de seis relojes históricos situados sobre una estantería de estética industrial similar a aquella donde normalmente se guardan. Tuvieron un carácter decorativo del que fueron despojados, pero entonces y ahora tienen que ser igualmente mantenidos: un relojero acudirá semanalmente a La Casa para ponerlos en hora, porque tienden a retrasarse. Recalca aquí la artista lo que la custodia tiene de acto poético y de acción que requiere saberes, en este caso difícilmente sustituibles.

Cristina Garrido. Piedra de toque. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano, 2026

Obras contemporáneas comparten sala con aquellas piezas del pasado: la reproducción manual, por José Ramón Amondarain, de una composición del Louvre; un óleo sobre lienzo en el que Sandra Gamarra dio la réplica a una instalación de Hirshhorn; un conglomerado de lienzos en formato retrato de Pep Agut que pueden conducir a reflexiones sobre los criterios para la formación del gusto y de las colecciones artísticas; un minúsculo paisaje surreal de Dalí en el que su firma ocupa un espacio desproporcionado; otro lienzo de Miró en el que, de nuevo, nada hay sino el vacío y su firma; y un busto de bronce de Julio López Hernández que representa a una jubilada sin rostro rebuscando en su monedero. La autoría o la originalidad, aquí terreno de juego, originaron la ganancia, en la que media la tasación.

En la de joyas y monedas interviene el oficio experimentado de los tasadores, como aquel del relojero -y a menudo femenino-, y también la piedra de toque, un pequeño jade utilizado para testar la pureza de los metales preciosos: se frota sobre él la pieza a comprobar y se aplica una gota de ácido nítrico que desvela su composición. El método se utilizaba ya en la antigua Grecia para verificar la pureza del oro y continúa empleándose; algunos de esos instrumentos se han dispuesto en una vitrina, junto a un joyero de la abuela de Garrido.

Cristina Garrido. Piedra de toque. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano, 2026

Cristina Garrido. Piedra de toque. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano, 2026

Cristina Garrido. Piedra de toque. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano, 2026

Más allá de esas joyas, y en la que fue sede de una casa de empeños, continúa estudiando esta autora madrileña qué y quién hacen que una obra sea valiosa y qué rol juegan los contextos en que se presenta: no se aborda, dicho valor, como una propiedad inherente a las piezas, sino como una evidente cualidad que crece, decrece; se aporta y se niega. Se la negaron, hace décadas, a la acumulación de instrumentos musicales, enciclopedias, máquinas de coser, maletas o electrodomésticos que Garrido ha ordenado en la última sala de la exposición: empeñados en su momento, nadie los recuperó ni quiso hacerlo, gratuitamente, al ser avisado tiempo después. Intuimos todos esos enseres bajo sus embalajes primeros, cuidadosamente realizados por embaladores profesionales, formados para ello en el manejo de mantas y cuerdas.

Inquietan por su lado fantasmal, parecen dar lugar a una intervención povera y aquí se acompañan de un tapiz encargado por Caja Madrid a la Real Fábrica en los setenta, suerte de pastiche de escenas goyescas que da cuenta de la cultura material popular del siglo XIX en Madrid; un lienzo de Chema Cobo en el que aparecen muebles protegidos por sábanas, que remiten a la ausencia tanto como estos objetos sin dueño; o la composición de Rafael Canogar El viaje. Homenaje a Millares, realizada a la muerte de aquel. Un brazo, el de ese artista, porta un lienzo envuelto que hace referencia a los trabajos que el canario ya no podría idear.

Cristina Garrido. Piedra de toque. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano, 2026

La muerte no deja de ser otra «presencia» latente en la exposición, que culmina con una imagen de Sánchez Portela, perteneciente en este caso a los fondos del Museo Reina Sofía, en la que una fila de mujeres espera para empeñar pertenencias cuando este recurso era una vía de subsistencia más generalizada -entre doscientas y trescientas personas, no obstante, siguen acudiendo cada día al Monte de Piedad de Madrid-.

Garrido ha articulado un recorrido originalísimo, a medio camino entre el pasado y el presente, en el que el arte cotizado y el objeto olvidado, incluso el mismo espectador, parecen formar parte de una gran vanitas evanescente.

Cristina Garrido. Piedra de toque. La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano, 2026

 

 

Cristina Garrido. «Piedra de toque».

LA CASA ENCENDIDA

C/ Ronda de Valencia, 2

Madrid

Del 9 de octubre de 2026 al 7 de marzo de 2027