Se forma con Vicente Carducho, que le introduce en los círculos palaciegos. Sus primeras obras muestran la severidad compositiva de su maestro, advirtiéndose en ellas la soltura de pincel y el dinamismo que definen su estilo maduro, influenciado por las obras de Herrera el Mozo y Rubens. Inagura la tradición de los grandes cuadros de altar con el Expolio de Cristo (1651), y recibe el nombramiento de pintor de la Catedral de Toledo, en colaboración con Carreño. En 1656, es nombrado pintor del rey Felipe IV, siendo fundamental su producción de pintura decorativa: destaca la bóveda de la iglesia madrileña de San Antonio de los Portugueses. En 1671, Carreño es nombrado pintor de cámara, por lo que Rizi trabaja menos para la Corte y más para Toledo, Ávila y Extremadura.