Se forma en la Academia de Valencia, donde reside hasta 1856, año en el que se instala en Roma para estudiar en la Accademia di San Luca. Entre 1862 y 1915, participa regularmente en exposiciones nacionales e internacionales, influyendo notablemente en la evolución de la pintura española del siglo XIX debido a su actividad docente en Málaga y Madrid. Gracias a su obra histórica recibe reconocimiento oficial, siendo sus paisajes los que consoliden la importancia de este género en el ámbito valenciano. Gracias a éstos, a los que se dedica sobre todo a partir de los años 90, da a conocer un colorido, salvaje y original, que desborda sugestión por sí mismo, aunque sin dejar por ello de prestar atención a lo romántico propio de su generación. Amante de las gamas grises y lilas, y de la sensibilidad atmosférica que éstas transmiten, sus obras se sitúan entre el postromanticismo y el
impresionismo, tal y como demuestran sus vistas andaluzas y norteafricanas conservadas en los museos de Málaga y Valencia. En 1899 es nombrado miembro de la Real Academia de San Fernando de Madrid. Su obra se encuentra representada en el Museo del Prado de Madrid.