Su carácter polifacético le convierte en un artista emblemático del renacimiento italiano. En 1472 es aceptado como pintor en la Hermandad de San Lucas de Florencia, tras un periodo de formación y colaboración con Verrocchio; es precisamente en estas colaboraciones, donde su gusto por la languidez combinada con una fuerte intensidad, se empieza a apreciar. Hacia 1481, se traslada a Milán donde permanece hasta 1499, trabajando sobre todo para la corte de Ludovico Sforza. Las obras de esta época muestran un dominio en los gestos y expresiones sin precedentes, así como un gusto por el contraste de fisonomías muy acusado, a lo que se suma su insistencia en los aspectos intelectuales de la pintura. A finales de siglo, empiezan sus formas a adquirir mayor amplitud y definición dentro del cuadro, elaborando composiciones de gran equilibrio en las que prima la agrupación piramidal; aspectos que le encaminan hacia un arte más monumental, el del alto renacimiento, del cual es el principal creador. De 1500 a 1506 centra su actividad en Florencia, haciéndose características la utilización de la enigmática sonrisa, la densa sombra, el dedo índice señalando y el cabello totalmente rizado, tal y como se aprecia en su Mona Lisa (1503-1506), y en La Virgen con el Niño y Santa Ana (1508-1510), ambas obras en el Musée du Louvre. Su sutil modelado de luces y sombras, sfumato, influye sobre todo en Giorgione y Correggio, mientras que su estilo alto renacentista es continuado por Miguel Ángel y Rafael.