Una partida de Ajedrez con Santi Lara

El tablero lo he dispuesto esta mañana y las piezas se han familiarizado con los cambios de luz de la estancia. El día es gris. Llevamos varios días en los que no ha parado de llover. Aburridos, los trebejos, situados en sus casillas, esperan la llegada de Santiago.

 

SUSANA- Como te comenté por teléfono, me gustaría mantener esta conversación sobre tu obra mientras jugamos al ajedrez. Intuyo que añadir esta dificultad permitirá a nuestro cerebro desviarse por caminos insospechados. Desconectada la memoria base, la accesoria se perderá en los rincones, en los lugares de nadie de la mente, en las carreteras secundarias.

SANTIAGO- El ajedrez es un silencio meditado. Como en pintura, las piezas tienen que adoptar su justo lugar, no pueden tirarse, hay que aceptar sus movimientos. El momento de caos se adopta en lo despiadado e inmisericorde de la contienda lúdica. Imagino peones rodando fuera del tablero, la reina perdida, la elegancia o frialdad de las piezas restantes es algo heredado de lo bélico de la Historia. Ese espacio entre la realidad y la ficción, entre lo sobrenatural y lo representado, es donde Avistamientos toma partido.

SUSANA- Sin duda Avistamientos (2016) es un cuadro muy enigmático, pareciera que resume la intención de tus series anteriores. Es casi una pieza de tránsito o de llave hacia el juego de tu obra.

SANTIAGO- Puede ser. El juego en sí se configura como espacio cerrado entre la vida y la muerte, atemporal, casi místico, un limbo. Se configura como una danza macabra o un deambular entre la ensoñación y lo real.

 

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Avistamientos (2016)

 

SUSANA- Igual que la pintura: las reglas que la constriñen generan los espacios de ensoñación y locura.

SANTIAGO- Absolutamente.

SUSANA- El cine está muy presente en tu obra, y no solo cuando aludes a argumentos o a referencias temáticas, también en la forma, en los encuadres. Algunas de tus composiciones son verdaderos fotogramas.

SANTIAGO- Por supuesto. Algo que se puede ver en mis últimos trabajos y que los hace tan «raros» es que beben de multitud de fuentes cinematográficas, aunque no lo parezca, pues mi figuración es muy expresiva y no atiende a un realismo fotográfico (algo que podría ser más entendible a la hora de visualizar la relación entre el cine y la pintura). No utilizo ensamblajes ni collages para realizar mis composiciones, sino que utilizo el material de mis recuerdos para conectar escenas, que a veces pueden aparecer en una película de Bertolucci, o de Spielberg (Encuentros en la tercera fase), de Ridley Scott, o parecer una escenografía propia de David Lynch, Lost Highway, Mulholland Drive, etc. Escenas que han quedado en mi retina, en mi baúl de la memoria soterrada y que a veces se unen a mis recuerdos más profundos. Ese material creativo, conecta, creo, y esto no quiero que suene pretencioso, con la manera que tienen algunos directores de cine de articular sus escenas: el story board.

SUSANA- De hecho hay muchos directores que han trabajado los story boards de un modo muy plástico

SANTIAGO- Sí, piensa en Kubrick y en sus escenografías, que para mí son cuadros: 2001: Una odisea del espacio, o Barry Lyndon. Pero también los hay que dibujan ellos mismos, como lo hiciera Scorsese para la realización de Taxi Driver; él mismo dibujaba de una manera rápida sus escenas, las direcciones de cámara, etc.

SUSANA- Y también veo a Tarkovski.

SANTIAGO- Sí. Tarkovski me interesa mucho. Esos personajes perdidos en el paisaje, el paisaje dentro de la arquitectura, el agua como metáfora de la memoria, el espacio físico como espacio mental (La zona, uno de mis últimos títulos, es un guiño a la zona tarkovskiana en Skalter). Werner Herzog me apasiona, también Wenders, Harmony Korine, Todd Solondz, etc. Más referencias: la ciencia ficción: Blade Runner, la literatura fantástica, el cómic y la animación experimental: Winsor McCay, Mazzucelli, Crumb, los hermanos Quay, Ŝvankmajer, etc.

“Intento no poblar de dramatismo las escenas, sino que juego con el humor y con lo misterioso
para generar narraciones condensadas llenas del poso decantado de la memoria colectiva,
utilizando elementos de la contemporaneidad.”

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La zona

SUSANA- Y también tu propia historia familiar…

SANTIAGO- Desde luego. Las historias populares, la narración en toda su cercanía, los relatos que me contaba mi abuelo, episodios de la Guerra Civil, escenas costumbristas que he proyectado en mi memoria sin vivirlas, solo desde la narración.

 

-La reina se come el peón.

 

SUSANA- Te pedí que eligieras una escena de película en la que el ajedrez tuviera presencia. A mí me fascinan muchas, pero quizá tengo predilección por la escena en que la computadora HAL 9000 juega con el astronauta Frank Poole en 2001: Una odisea del espacio (1968).

 

-Y el alfil se come el peón de caballo.

 

 

SANTIAGO- Pues sin duda yo elegiría la escena entre la muerte y el caballero de El séptimo sello de Bergman. Esa película siempre me fascinó. El personaje de la muerte es el que controla el juego, el tablero incluso, cuando recuerda cómo estaban colocadas las piezas tras haberlas tirado el caballero con la capa. Quien marca las pautas del juego es el personaje siniestro, pero el juego en sí se torna espacio de esperanza, de prórroga, una propuesta para, si no engañar a la muerte, sí tomar conciencia de la situación.

SUSANA- Esa es una maravilla de película. Además se muestran tableros con piezas nórdicas antiguas.

SANTIAGO- Y físicamente el personaje siniestro me recuerda a otro que también tiene el control de otro juego, en este caso de un juego audiovisual y telefónico: se trata del personaje misterioso que aparece en la fiesta donde ha acudido el saxofonista protagonista de Lost Highway de David Lynch. En este caso las pautas también están marcadas. Existe un punto de no retorno y de vacío interior que también se puede advertir en la actitud del caballero de Bergman, consciente ya de su destino.

 

-Torre a rey uno.

 

SUSANA- ¿Y cuál es tu trebejo preferido?

SANTIAGO- El alfil es mi pieza preferida, titulé uno de mis cuadros con ese nombre, denota inteligencia, agilidad y a la vez cierta frialdad; se trata de las figuras que protegen a la realeza, pero desde una posición maquiavélica que les permite recorrer todo el tablero de un solo movimiento. Creo que es una pieza de promueve una cierta vibración cuasi metafísica, algo que quería representar con mi personaje encapuchado.

 

- Mate en dos.

 

SUSANA- ¿Y la torre?

SANTIAGO- También me gusta mucho la torre. Aparece en otro de mis cuadros: Torre invertida. Es, de nuevo, una alusión al ajedrez, esta vez en una de las obras que expondré en Colonia. ¿Y cuál es tu pieza preferida, Susi?

SUSANA- El caballo, los caballos, sin duda. Es la única pieza que puede brincar sobre otras piezas. Y además no es simétrica y puede colocarse de distintas maneras. De hecho surge siempre una pregunta: ¿hacia qué lado colocas los caballos? Por cierto, los caballos, muchas veces acompañados de mujeres, aparecen en tus cuadros. Quizá como símbolo de estadio salvaje, de primitivismo natural.

SANTIAGO- Sí, por ahí puede ir. Pero todo no lo vamos a explicar…

 

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Torre invertida (2013)

 

SUSANA- Viendo tus cuadros, parece que en algunas obras te sitúas, y contigo el espectador, en un lugar postjuicio final, postapocalíptico, en el que la realidad o el mundo que hemos conocido ha desaparecido y, o bien se vive un reencuentro de seres atemporales, se perciben situaciones de tránsito a otra realidad, o bien se está en plena catástrofe o trauma de esa ruptura.

SANTIAGO- Se trata de paisajes mentales, paisajes psicológicos en los que mezclo dos mundos: lo sobrenatural y lo ficcional. Son escenografías que pueden recordar a un mundo en conflicto, en realidad son espacios pictóricos que describen un limbo de la memoria. Por eso en ocasiones hago guiños o referencias a la mitología o a la catábasis, al descenso a los infiernos. En todo caso, lo que intento es no poblar de dramatismo las escenas, sino que juego con el humor y con lo misterioso para generar narraciones condensadas llenas del poso decantado de la memoria colectiva, utilizando elementos de la contemporaneidad para articular de forma unitaria las metáforas visuales en las diversas narraciones de una misma escena.

SUSANA- A mí me sugiere que en esos escenarios postrauma, la naturaleza se impone y brota con fuerza, desbordando vegetación, animalidad, bosques…

SANTIAGO- La naturaleza es un espacio terapéutico al cual acceder desde el interior de la psique. La mezcla de lo humano con lo vegetal que en ocasiones anteriores se podía ver en mi trabajo ha dado paso a la visualización de un espacio natural salvaje, poblado de seres antropomorfos que a veces se arrastran y otras se muestran perdidos en un vacío. En todo caso, lo que proyecto de forma casi automática son elementos que se encuentran en los conflictos de nuestras sociedades contemporáneas, quizá mostrado todo desde una huida hacia lugares remotos en donde se pueden vislumbrar paisajes salvajes con una cierta nostalgia de lo cotidiano.

SUSANA- También hemos hablado algunas veces de la literatura que te influye, de Coetzee, Auster, Cortázar, Camus, Niebla de Unamuno, Lorca, Miguel Hernández…

SANTIAGO- La generación maldita, On the road, Carver… A veces reviso la mitología, los clásicos. Pero en general me gusta la literatura descarnada y ágil, y he de confesar que no leo últimamente toda la novela que debería leer pues la tesis me ha absorbido mucho tiempo en cuanto a lectura, (en filosofía he leído mucho a Rancière, David Harvey, Brea, Steiner, Hegel, etc.).

SUSANA- Y una sensibilidad por una pintura honda…

SANTIAGO- Hay algo en mis sentimientos creativos que creo que conecta también con alguna sensibilidad pictórica que se encuentra en la costa oeste americana (Dan Attoe, Escuela de Winnipeg: Dzama, etc.) y que también podría conectar con la pintura iberoamericana, sobre todo con los grandes muralistas mexicanos. Pero sobre todo, lo que me interesa es heredar lo que tenemos en España: la intensidad de Goya, la hondura de Solana y ese carácter tenebroso español. El peso de la Historia en pintura no hay que obviarlo: el quattrocento, es mi época preferida: Giotto, Piero della Francesca, Cimabue, etc. Creo que esa época tiene algo de alquímico, de mundo por descubrir, que otras épocas y otras estéticas perdieron.

SUSANA- También el arte bruto, «lo outsider», se percibe que te interesa.

SANTIAGO- En general todos los outsiders del arte me encantan, como Daniel Johnston y sus dibujos terapéuticos, también Louise Bourgeois, Leonor Fini, Remedios Varo, Emily Carr, etc. Me gustaba mucho hace años la Nueva Escuela de Leipzig (con Neo Rauch a la cabeza) y también la belga (Borremans, Tuymans, etc.). Pienso que hay mucho que decir en la «nueva hornada» de pintores españoles, Europa nos tiene que empezar a valorar.

SUSANA- La tecnología (móviles, cámaras) está presente en tus cuadros que, por otra parte, desprenden salvajismo, primitivismo, y esto quizá genera una ruptura en el discurso clásico del espectador que espera, por el color y la factura de tu pintura, que le lleves a realidades pretecnológicas más clásicas. ¿Por qué empezaste a incorporar los móviles y otras tecnologías a tus personajes y qué valor y significado les das? ¿Eres consciente de esta dislocación?

 

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Con Santiago Lara y Bea Coto en la inauguración de “El Bosque Interior” en Zaragoza 2015.

SANTIAGO- Una constante en mi obra es la atemporalidad, mis dibujos y pinturas escapan de una suerte de linealidad histórica que se nos ha impuesto culturalmente. De una forma natural, sin pretensiones adoctrinadoras, proyecto escenografías que pueden considerarse del pasado por la indumentaria de los personajes, pero siempre hay algún elemento que proyecta de forma circular el discurso narrativo. Es por ello que intento generar una nueva iconografía, un mundo que a veces se torna visionario, cercano a la ciencia ficción, pero sin duda hermanado con elementos de la cultura popular. Ese aspecto retrofuturista, en el que incorporo desde elementos atávicos a elementos electrónicos o dispositivos de la actualidad, obedece a mi influencia de trabajo en el colectivo Laramascoto. El dibujo que desarrollo en este colectivo y las instalaciones de ensamblaje que realizo junto a Beatriz Coto han sido determinantes, a veces, para mi propia obra pictórica. Las dos líneas de trabajo se retroalimentan entre sí, enriqueciéndose ambas, en un caso hacia el dibujo expandido junto a las investigaciones de Beatriz en torno a la búsqueda de una nueva representación del cyborg, y en otro al crecimiento personal desde lo que yo llamo meditación pictórica. El uso de pantallas y dispositivos como elementos del cuerpo iconográfico que conforman un todo metafórico me ha dotado de herramientas visuales para articular y añadir esta simbología a las escenas pictóricas.

SUSANA- Otro aspecto importante es el papel que le otorgas al disfraz y a la indumentaria de los pobladores de tus ambientes.

SANTIAGO- Más que disfraz, lo que se representa en algún momento en mi obra son máscaras, entendidas estas en su concepción más ancestral. Realmente los personajes que aparecen en mi trabajo son personajes interiores, elementos, conceptos, ideas que se humanizan y se funden con el paisaje, y con las composiciones polinarrativas que se construyen. Personajes que pueden recordarnos a fantasmas, que nos fotografían como espectadores junto a otros personajes que toman conciencia de su posición. La espalda se convierte en el anonimato que crea colectividad y genera direccionalidad en el movimiento. Como he dicho antes, la indumentaria es atemporal y a veces utilizo recursos que existen en el imaginario colectivo para articular un discurso que a veces puede antojarse críptico, pero que se encuentra cerca del subconsciente colectivo. Las capas metafóricas que se generan superponiendo máscaras son un recurso para indagar en la propia imagen pictórica que se vuelve densa, envolvente, que genera espacios, paisajes, mundos en los que reflejarse. En Ensor, Munch o Solana, Otto Dix, Grosz, y más adelante en Philip Guston, Julian Opie, Kitaj, Kerry James Marshall, Katz, e incluso más tarde en Sasnal, Neo Rauch, Borremans, Attoe o Meese, pueden verse rostros, representados del mismo modo que se representa una máscara, como en las pinturas negras de Goya.

 

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Fábula higuera (izquierda) y Captura 1 (derecha)

 

“Lo velado, lo oculto es un recurso casi cinematográfico y a veces es también terapéutico.
Lo uso deliberadamente en mi pintura como contrapunto a esa velocidad del consumo rápido
de imágenes descarnadas y desnudas que nos invade cotidianamente.”

SUSANA- También te comentaré que es evidente que tus personajes escuchan música. Hay referencias en sus estéticas y vestimentas al rock, por ejemplo… ¿Tú qué escuchas?

SANTIAGO- Escucho música muy variada. Me gusta mucho el soul, el blues, la música sixtie, el garaje y también el pop, la música clásica… y para pintar me encanta toda aquella música que evoca lugares remotos, aquella que haga referencia a lo atávico o a lo profundo, o aquella que te llega de alguna manera muy adentro, como Neil Young, José González, Dylan, Josh Ritter, Iron and Wine, Mariee Sioux. Pero también he de reconocer que a veces me gusta escuchar electrónica (Boards of Canada, Bokka, etc.), o a veces oigo AC/DC y algo de punk.

SUSANA- En tus figuras el cuerpo se diluye… la ropa está vacía. En lugar de la carne, muchas veces hay esqueletos o animales que la sustituyen o se hibridan, por la cabeza. ¿Por qué desaparece el rostro humano? Incluso a las mujeres las oculta el pelo, y es habitual ver a los personajes de espaldas.

SANTIAGO- Hace poco una buena amiga me decía por las redes sociales, a propósito de algunas de mis obras donde los personajes ocultan su rostro: «Santi, ¿cuándo te quitarás la capucha?». Esto es algo que me he preguntado muchas veces a mí mismo y en parte, cuando he querido ponerle remedio y me he acercado de algún modo al retrato (esto se puede ver en algunos de mis últimos trabajos), la identidad de los personajes es desvelada como una nuevo enigma, quizás esa ficción y ese espacio velado configure más la realidad que el gesto de un rostro reconocible, sin duda ese ocultamiento es buscado, pero del mismo modo el factor psicológico que encarna es el mismo que pudieran encarnar rostros más o menos reconocibles. Ese espacio vacío que se genera en la figura me interesa, es un magnetismo que poseen ciertos retratos: vuelvo a conectar aquí con el caballero de El séptimo sello, ese vacío en las perspectivas es el que nos muestra quienes somos realmente. Lo velado, lo oculto es un recurso casi cinematográfico y a veces es también terapéutico. Lo uso deliberadamente en mi pintura como contrapunto a esa velocidad del consumo rápido de imágenes descarnadas y desnudas que nos invade cotidianamente: vulgares representaciones de la realidad que se tornan caricaturas digitales informativas, como un bombardeo del absurdo y del perogrullo comunicativo contemporáneo. Mi pintura aquí pretende ser un bálsamo del subconsciente frente a la actual antropofagia colectiva de imágenes.

Hace horas que la jugada terminó, pero nos hemos entretenido, mientras charlamos, de un modo inconsciente y sin acordarlo, en colocar con esmero las piezas en su caja de madera.

 

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Santiago Lara pintando en su estudio de la Casa de Velazquez de Madrid 2016

 

En la galería Pop68 de Colonia, el día de la inauguración de Avistamentos de Santiago Lara
En la galería Pop68 de Colonia, el día de la inauguración de Avistamentos de Santiago Lara

 

Bus stop y El regreso de Malvede, dos de las obras de Santiago Lara en la galería Pop68 de Colonia
Bus stop y El regreso de Malvede, dos de las obras de Santiago Lara en Colonia

 

BIOGRAFÍA

SANTIAGO LARA juega con lo conocido y lo inesperado. El artista español utiliza un lenguaje imaginario pero preciso mediante el cual nos presenta escenas de lo que se podría denominar un gran story board pictórico. El autor nos describe  una tierra entre la ensoñación y lo real experimentando con la pintura como herramienta de comunicación en sintonía con la sociedad contemporánea.

Licenciado en Bellas Artes y Máster en Investigación en Arte y Creación en la Universidad Complutense de Bellas Artes de Madrid, combina su trabajo individual como pintor con la experimentación audiovisual en el colectivo Laramascoto. Después de iniciar su formación en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia se trasladó a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, donde se graduó. Más tarde continuó estudiando en la Faculté d’Arts Plastiques en Burdeos, desde donde se trasladó a París. Tras dos años en Francia, estableció su residencia en Asturias, aunque también pasó largas temporadas en Berlín, donde ha desarrollado proyectos y exposiciones en lugares como Künstlerhaus Bethanien GlogauAIR o Kunstraum Kreuzberg. Su trayectoria muestra un amplio reconocimiento con premios como la Residencia de la Casa de Velázquez (Madrid) en 2016; el Premio Ayto. de Villaviciosa en 2014; la Beca Cajastur en 2010; el Premio Ayudas a la Producción de LABoral Centro de Arte (Gijón / Berlín); la Beca Leonardo da Vinci (París) en 2002 y el Premio Antonio López García en 2005. Su trabajo ha sido expuesto en lugares como Ruttkowski;68 Galería (Colonia); Saatchi Gallery (Londres), Liebre Galería (Madrid); Gema Llamazares Galería (Gijón); Sala Borrón (Oviedo) y Ferias de arte como Arte Lisboa; Arte Santander; JustMad, MULAFEST y SUMMA Art Fair (Madrid).

 

“Avistamentos”
Santiago Lara
Del 11 de junio al 3 de julio
Pop;68 (project space de Ruttkowski;68 Gallery), Colonia (Alemania)
www.santilara.com/

 

 

 

 

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