(HE)ARTBROKEN. Una conversación con Juan Francisco Casas en «el mundo flotante»

«Vivir únicamente el momento presente, entregándose en cuerpo y alma a la contemplación de la luna, de la nieve, de las flores de cerezo y las hojas de arce, cantar canciones, beber vino, divirtiéndonos simplemente flotando, flotando, sin dejarnos abatir por la pobreza ni permitiendo que trasluzca en el rostro, sino flotar a la deriva como una calabaza en la corriente de un río: esto es lo que llamamos ukiyo».
Asai Ryõi (1661-1665), Ukiyo monogatari (Cuentos del mundo flotante)

 

Comparte Juan Francisco Casas (La Carolina, Jaén, 1976) con el movimiento japonés del ukiyo-e y quizá con toda la tradición dandista de bohemios y diletantes la intención de diluir el arte y la vida, aun a riesgo de padecer situaciones afectivas y laborales límite.

Su último proyecto: «(HE)ARTBROKEN», que se presenta en Nueva York en la galería Jonathan LeVine, se adentra en el precio emocional que paga el artista cuando su intimidad se (con)funde con la práctica artística o sus ideas chocan con las posturas más conservadoras, tal y como ocurrió en su última exposición en Madrid, «O(H)ROMAO(H)MORTE», por la que sufrió amenazas de muerte por parte de un grupo de ultracatólicos que veían en su interpretación del éxtasis de Teresa de Ávila vía Bernini una ofensa a sus valores.

En eso quizá consiste vivir en «el mundo flotante», en adoptar «la autenticidad» a riesgo de convivir con las afrentas que le llegan a diario desde distintos frentes.

Susana Blas y Juan Francisco Casas en la Real Academia de España en Roma, recorriendo la muestra «SPQR(CA)VITA», enero 2016.
Susana Blas y Juan Francisco Casas en la Real Academia de España en Roma, recorriendo la muestra «SPQR(CA)VITA», enero 2016.

La conversación que aquí se reproduce está basada en una fluida conversación epistolar y en distintas charlas informales mantenidas con el artista en su casa-estudio de Madrid, en la Galería Fernando Pradilla y en la Academia de Roma.

Me cuesta resumir este intercambio de ideas eligiendo solo algunos aspectos de la amplia investigación que preparo sobre su obra con el artista y que se concretará en una monografía centrada en sus últimas series. En ella, abordaremos las sutilezas formales y narrativas de una obra directa y compleja a partes iguales, que ha alcanzado la madurez.

 

ARTE, EROTISMO Y ZEN
Empezaré anotando que en contraste con la desenfadada imagen de bon vivant y de polemista que ofrece a primera vista Juan Francisco Casas tanto en las redes sociales como en un encuentro casual, en el diálogo pausado descubres un conversador culto, un irónico comentarista de la vida política española y un poeta («decimonónico», como a mí me gusta denominarle en broma) en toda la regla.

Un ático-estudio en Madrid que comparte con su gato Pushkin, una celebridad en las redes sociales del arte por su encanto y personalidad, es el espacio en el que Juan Francisco Casas realiza el minucioso trabajo de dibujo a bolígrafo que se asemeja a un ritual de meditación por la absoluta entrega de semanas de ejecución que precisa cada obra. Mientras trabaja, desde la pared, le observan de reojo los personajes de su colección de estampas eróticas japonesas, sin duda, la mejor fuente de inspiración.

SUSANA: Ya te he comentado en distintas ocasiones que tu obra «me ha resonado zen» desde que la conocí, pues considero que antes de generar un discurso, un juicio o una narrativa en el espectador, «atraviesa el cuerpo del que mira». «De un golpe» fricciona el inconsciente. Cuando tiempo después vine al estudio y observé tu colección de shungas (estampas japonesas eróticas) en la pared, y descubrí los libros de haikus que publicaste hace años, confirmé mis intuiciones sobre tu manera de sentir «el instante preciso»… Paradójicamente, con esta conversación vamos a aportar comentarios a una obra que en mi opinión no precisa de valoraciones, pero lo tomaremos como un modo de complementar el trabajo y no de explicarlo. Háblame de las estampas japonesas que coleccionas.

JUAN FRANCISCO: Esta afición por los shungas surgió de un modo casual. Siempre me interesó el arte japonés y en una ocasión asistí a una exposición de shungas en el British Museum, que además se presentaban con los textos de cada estampa traducidos. Textos divertidísimos: los típicos diálogos entre amantes en los que las mujeres decían sin tapujos lo que deseaban que les hicieran. Me encantó. Eran mujeres que expresaban con naturalidad su sexualidad, como las de mi obra. A partir de esa visita me interesé por el shunga y empecé a comprar y a formar mi colección.

El gato Pushkin y Juan Francisco Casas observan una de las últimas adquisiciones para su colección de shungas.
El gato Pushkin y Juan Francisco Casas observan una de las últimas adquisiciones para su colección de shungas.

S: Quizá sea de un modo inconsciente, pero creo que tus dibujos comparten cuestiones formales y narrativas con estas estampas.

JF: Puede ser… Me interesa el modo en que expresan los momentos íntimos… y el trazo: ese trazo tan seguro y tan delicado a la vez. El «momento detenido». El intento de retratar un instante con un dibujo técnicamente muy preciso. La relación entre el momento y el trazo. Y fíjate en las expresiones que tienen, sobre todo ellas, de tiempo congelado… muy similar a «el instante detenido» de Bernini.

S: Incluso esas conversaciones que comentas «en las que ellas dicen lo que quieren que les hagan» también conectan con tu proceso a la hora de crear imágenes eróticas, porque en tu obra son siempre las mujeres las que dicen cómo quieren salir retratadas. Justo lo contrario a la representación canónica de la mujer en la Historia del Arte, representada siempre según la mirada masculina. En tu obra se percibe esa cercanía con las retratadas… la atmósfera de juego y de libertad.

 

En mi obra las mujeres son activas,
hacen lo que quieren y se representan como quieren.

 

JF: Eso es especialmente importante. Yo nunca les digo «haz esto o haz lo otro». Son ideas que surgen de forma espontánea y en muchas ocasiones de ellas mismas. En mi obra las mujeres son activas, hacen lo que quieren y se representan como quieren.

Juan Francisco Casas

S: Me gusta la valentía con la que reflejas aspectos de tu vida personal. Algo que en realidad no es nuevo. Mira el caso de Francis Bacon, que siempre retrataba a sus amantes.

JF: No es ser valiente, es honestidad, aunque se corran riesgos. Por eso me entristece que se comparen estos dibujos con las fotografías de moda, por ejemplo. Yo no he pagado a ninguna modelo. Esto no es fotografía de moda. Es mi vida.

S: Es interesante la combinación de formatos extremos que hay en tus últimas exposiciones, relacionándose piezas muy pequeñitas (casi miniaturas) con obras enormes.

JF: Sí, cada vez me interesa más el contraste entre dimensiones. Cuando trabajas con el bolígrafo, hacer algo grande es contradictorio y absurdo. Subraya la importancia del momento efímero. Y por otra parte, lo pequeño tiene un punto de intimidad que es muy coherente con lo representado. Quizás el formato medio es el que me dice menos.

S: También le das mucha importancia a la textura del dibujo.

JF: Por Internet las imágenes se comprimen y se desvirtúan mucho, y terminan siendo otra cosa… pero fíjate que en las grandes. Me interesa que veas la estructura del dibujo… Yo no soy hiperrealista. La estructura de la trama del dibujo se percibe de forma evidente y desordenada. No me interesa hacer una fotografía.

Juan Francisco Casas

 

S: Esa flexibilidad también la tienen las estampas japonesas, que tampoco son realistas, se sirven de proporciones y de decisiones simbólicas.

JF: Absolutamente. En estas estampas hay una representación simbólica del paisaje y de la materia. Y en mi obra ocurre lo mismo: copiar por copiar no tiene sentido. Lo que prima es la expresión, los detalles, que son los que cuentan la historia. Los dedos de los pies de estas obras japonesas me fascinan, porque en cada dedo expresan la tensión del acto sexual que te tiene en tensión de arriba a abajo.

Estampa japonesa de la colección de Juan Francisco Casas
Estampa japonesa de la colección de Juan Francisco Casas

 

HE)ARTBROKEN (Galería Jonathan LeVine, Nueva York)

S: «(HE)ARTBROKEN» es tu tercera exposición individual de este año y de algún modo una conclusión de tres proyectos que comparten una serie de preocupaciones…

JF: Sí, «(HE)ARTBROKEN» es la última parte de la trilogía de 2016 que comencé con «SPQR(CA)VITA», en Roma, y a la que le siguió «O(H)ROMAO(H)MORTE», en Madrid.

S: De nuevo hay un juego de palabras en el título.

JF: Sí, me gusta el juego de apretar las palabras para generar confusión en algo que debería servir para clarificar el contenido… y generar dos o tres significados. Por ejemplo en títulos como Saturdaynigthbathroom, Bare(ly)there, Foreignaffairs, (A)utopic, After(h)ours Sacrebleu!, Mis(s)behave

S: «(HE)ARTBROKEN» cerraría la trilogía.

JF: Sí, se cierra en Nueva York el ciclo en el que recorro el camino desde el eros al tánatos, de la pulsión de sexo a la pulsión de muerte, del exceso y la vida, al dolor y la muerte.

S: Quizá se intuya en las nuevas obras una tensión distinta, más crudeza por una parte, pero también más dulzura y melancolía.

JF: En «(HE)ARTBROKEN», el sexo y la muerte, su juego especular, se entrelazan en la vida y en el arte, pero el camino es ya de vuelta. La violencia y el sexo, la identificación de la pulsión de sexo y la pulsión de muerte, conforman el hilo discursivo pero aquí aparecen desde una mirada más hedonista y voyeur, más luminosa (algo visible, por ejemplo, en el hecho de que la mayoría de obras, y todas las de formato grande, ya son a color, evitando así el dramatismo del blanco y negro).

Juan Francisco Casas. Mylittlepony.
Juan Francisco Casas. Mylittlepony.

S: Si ya en series anteriores compartías momentos de tu vida íntima y esa fusión entre afectos y creación era notoria, ahora te adentras «en las consecuencias» de la contaminación arte y vida.

JF: Es cierto que hablo siempre desde un punto de vista autobiográfico y como indica el título, de arte y amor, de relaciones rotas (por el arte) y del arte que han generado esas relaciones, del precio que se paga y todo lo que se rompe en el camino, y la belleza (terrible) que esto genera.

S: Me fascina que en tu «compromiso con los recuerdos» recuperes fotografías antiguas, de momentos pasados, y los pintes («revivas») de nuevo… en una constatación de que quizá solo el arte puede vencer al tiempo.

JC: Así es. Pinto a mis exparejas cuando ya no estoy con ellas como un acto que dota a la obra de un especial contenido. En este último caso concreto, son obras que transcienden el realismo de la imagen, a pesar de ser también dibujos miméticos de auténticos glitchs realizados exprofeso a partir de fotografías. En realidad, toda la muestra «(HE)ARTBROKEN» viene a ser un colofón hedonista a la terribilità del recorrido vital que realmente todos realizamos a través de nuestra vida y nuestros amantes, del dolor y la rotura, y de la belleza de esos momentos, todo contado a través de las mujeres que han formado parte de mi vida y de esos recuerdos; un recorrido casi proustiano de un pasado sentimental en el que mezclo imágenes recientes con otras pasadas, a veces más nítidas y a veces casi difusas, un ejercicio similar al de cuando, en realidad, las recordamos.

 

Es cierto que hablo siempre desde un punto
de vista autobiográfico

y como indica el título, de arte y amor

 

S: Es muy potente la serie que conviertes en epílogo. Resume una estrategia recurrente en tu trabajo: poner la técnica (minuciosa y manual del dibujo a bolígrafo) al servicio de la captura de tu memoria, de instantes mentales perdidos que quisieras retener; produciéndose una entrega titánica y artesana de días al servicio de la reconstrucción de un recuerdo, y generándose una inquietante dislocación temporal en la que colisionan el tiempo matemático y el tiempo emocional.

JF: Sí, como epílogo, la serie de cuatro dibujos de pequeño formato, «Life is a dirty glitch», es un perfecto y sutil resumen discursivo de mi obra; efectivamente, en ellos se juega con la idea de la memoria, de los recuerdos y de sus imágenes, y cómo se descomponen y componen de manera inconsciente, casi aleatoria, con el devenir del tiempo. Un glitch es un fallo en la transmisión de los datos de, por ejemplo, una imagen y en el que la información perdida es reconstruida de manera automática. En «Life is a dirty glitch» trabajo con la idea de que es así como almacenamos nuestros recuerdos, especialmente los de nuestras relaciones íntimas, realizando una serie de dibujos en los que la piel y la carne están prácticamente descompuestas, casi talladas a tajos, congeladas en pleno acto íntimo pero aun así reconstruidas a través del recuerdo.

Dos ejemplos de glitch, obras de Juan Francisco Casas
Juan Francisco Casa. Dos ejemplos de glitch.

 

SPQR(CA)VITA (Academia de España, ROMA)

Juan Francisco Casas. L'estasi di latex
L’estasi di latex (2015)

S: Me gustaría ahora recordar la exposición de Roma porque para ti tenía un valor sentimental exponer allí. Significaba reunir tus obras en la Academia de España, el lugar que te abrió a los clásicos y en donde comenzaste a usar la técnica del dibujo con bolígrafo, que es ya uno de tus sellos de identidad. Háblame de cómo concebiste esa exposición. Parece que se fusionó lo cronológico y lo emocional a la hora de disponer las piezas.

JF: Sí, ya que mi obra es tan biográfica, una exposición tan extensa, de casi 50 obras y en un lugar tan especial para mi vida, tenía que ser así. Quería que hubiese un recorrido claro por lo que ha sido mi vida desde entonces y aludir de forma sutil a artistas que me habían interesado durante mi beca en Roma: Bernini y su sensualidad, la intensidad de Caravaggio… Además, allí empecé a conocer mejor a Pasolini…

S: Se percibían en el montaje claves secretas… transmitía una emoción particular que intuyo no siempre obedeció a decisiones estéticas.

JF: Sí, introduje pequeños juegos de referencias privadas que pueden pasar desapercibidos: por ejemplo, he situado el único punto de color, el color de la sangre del Pasolini, en la última sala, pero enfrente de él no hay nada, solo una pared enorme. Hay obra dispuestas enfrente de otras cuya relación es puramente biográfica. Son gestos sutiles… se incorpora mi intrahistoria: La muestra empezaba con mi pareja italiana de mis años de Roma a la que conocí a los 3 días de llegar, y justo enfrente estaba el enorme mural de Rocío, que ha sido mi inspiración durante estos últimos años de una manera muy difícil de describir.

Juan Francisco Casas y Rocío Ciarán delante del primer mural que hacía el artista, en la exposición de Roma.
Juan Francisco Casas y Rocío Ciarán delante del primer mural que hacía el artista, en la exposición de Roma.

 

O(H)ROMA O(H)MORTE (Galería Fernando Pradilla, Madrid)

S: En la exposición de la Galería Fernando Pradilla se adaptó el trabajo de Roma y se añadieron más obras.

JF: A diferencia de su versión romana, la exposición de Madrid se centraba en los aspectos menos hedonistas, en la parte final de aquella, la que enlaza más directamente con el tánatos. La muestra comenzaba con una orgásmica versión del Éxtasis de Santa Teresa de Bernini y terminaba con una imagen de archivo policial del cadáver de Pasolini, boca abajo, ensangrentado, tal y como se encontró, asesinado en la playa romana de Ostia.

 

el que una muestra que ocasionara pintadas con amenazas de muerte,
terminara con el dibujo del cadáver de un artista asesinado por su arte
me parece de una coherencia irónica pero estremecedora.

 

Juan Francisco Casas. Crash Nº 1
Juan Francisco Casas. Crash Nº 1. Díptico (2015).

S: E imágenes más sadomasoquistas…

JC: Sí, también desde un punto de vista autobiográfico había imágenes con connotaciones sexuales sadomasoquistas que nos retrotraen al Saló de Pasolini, e imágenes hedonistas que se relacionan directamente con las películas del «Ciclo de la vida» pasoliniano; de hecho, Saló formaría parte de una trilogía, el «Ciclo de la muerte», que su asesinato dejó inconclusa.

S: Y muchas otras referencias: a Bernini, a Cagnacci y, sobre todo, a Caravaggio.

JF: Bernini es uno de los artistas que homenajeaba en la muestra, con su sexualidad desatada, con su Santa Teresa y su Beata Ludovica en orgásmicos trances místicos, y la carne aprisionada de su Proserpina raptada, violada, como la doncella del manantial de Ingmar Bergman, violada como la propia pintora Artemisia Gentileschi, autora de la decapitación a la que también se hace referencia en otra de las obras. Además, la Maddalena svenuta de Cagnacci, y todo Caravaggio y lo caravaggiesco, muchas referencias.

Juan Francisco Casas. Thefountainhead, 2015.
Juan Francisco Casas. Thefountainhead (2015).

S: Mármol, látex y metal.

JF: Las texturas, sí, la carne aprisionada entre los brillos del látex y la sensualidad del mármol, el metal de los accidentes de tráfico, aplastado y deformado cruelmente como la piel de las mujeres de Bernini, las cámaras siempre presentes, cámaras que ocasionaron el accidente en el que murió Lady Di… El hedonismo de la mirada voyeur, la violencia y el sexo… El contraste y la asimilación entre la pulsión de sexo y la pulsión de muerte conforman el hilo discursivo de la muestra, que termina con la crudeza sin paliativos de la muerte de Pasolini.

S: Esta muestra no tuvo una recepción fácil… En este caso, se pasó de las polémicas que siempre conllevan tus obras a las amenazas de muerte.

JF: Sí, la muestra generó una serie de incómodas reacciones, desde la censura de varias obras en la Real Academia de España en Roma, hasta amenazas de muerte desde que se inauguró en la Galería Fernando Pradilla. Me di cuenta de que todo eran diferentes expresiones de una misma y terrible manera de pensar: coartar la libertad de expresión del artista.

Withinyou, Pier Paolo y Romaomorte nº14
Juan Francisco Casas. Withinyou (2015), Pier Paolo (2015) y Romaomorte nº14 (2015).

S: Recuerdo esos momentos que sufriste, y pensar que la muestra acababa con el retrato de Pasolini me produce todavía vértigo y angustia.

JF: Sí, el que una muestra que ocasionara pintadas con amenazas de muerte, terminara con el dibujo del cadáver de un artista asesinado por su arte me parece de una coherencia irónica pero estremecedora, que dota al proyecto de un discurso y contenido tan pertinente y actual como terrible.

 

RISA Y POESÍA

S: Afortunadamente, el humor, presente siempre en tu vida y en tu obra, imagino que amortigua los momentos desagradables. Te ríes mucho de ti mismo. Te has parodiado desde tus primeras obras y es recurrente tu autorretrato como un tipo algo cómico, arrastrado por las circunstancias, «con las bragas de la chica en la cabeza».

JF: En esas obras se trataba de contar una historia de amor y de complicidad, el juego de la cotidianidad y el humor era necesario. Ya en la facultad percibí que esta actividad se percibía de un modo demasiado intenso y que había que salir de ahí. Para mí un artista no es más serio que un fontanero. Yo creo que no hay nada más risible que uno mismo y además desde esa cotidianeidad de lo íntimo la obra adquiere una mayor profundidad, precisamente desde ese humor. El artista, ese ser que en ocasiones parece ser cuasi divino, es en estas obras representado, como en casi todas mis obras, sin una pose previamente pensada, desde lo espontáneo y lo cómplice, jugando con la ironía de su desmitificación.

Juan Francisco Casas: lifeishard / ishardtobeme
Juan Francisco Casas: LIFEISHARD (2009) / ISHARDTOBEME (2012).

S: El tema del humor me recuerda el valor que le das a la literatura y en concreto a la poesía… Diría que la selección que haces en tus entradas de facebook de fotogramas de películas y de diálogos es una obra en sí misma…

JF: Se nos olvida a veces que un artista es también una persona y como tal puede tener diferentes intereses. Yo uso mis redes sociales también para hablar de otras cosas. Es muy pesado, e incluso aburrido, centrar tu vida en el arte y solo en el arte como si no hubiera más que eso. Una vez liberado del ego, el artista puede ser persona y postear música, hablar de literatura y sobre todo hacer chistes, muchos chistes de todo. Respecto al tema de la poesía, siempre me ha interesado, especial y curiosamente la veo muy relacionada con mi obra como artista; me gustan mucho Valente, Bukowski, Félix Francisco Casanova, Luis Alberto de Cuenca, Girondo, Papasquiaro, Fonollosa, Joan Brossa, incluso Tom Waits.

S: Sobre Luis Alberto de Cuenca publicaste en facebook alguna vez, ¿no?

JF: Sí, es de los poetas que mejor trabaja el humor en lo cotidiano, creo que en eso encaja en la visión de mi obra. La poesía puede ser irónica, divertida, sexual, cruda y al mismo tiempo hermosa… más o menos como la vida.

S. ¿Y tus haikus? Y aquí volveríamos al zen como cierre de nuestra charla.

JFC: Publiqué dos libros de poesía cuando era más joven, es una faceta mía menos conocida pero, de algún modo, me parece coherente con mi obra; uno de ellos era un libro de haikus curioso. Desde luego la relación con mi obra a mí me parece obvia, aunque eso, como todo, en la vida y en el arte, es relativo.

 

Juan Francisco Casas. Mylatexandromeda
Juan Francisco Casas. Mylatexandromeda.

«Apenas nada
nada o despertar
el miembro en cualquier boca».

«A día de hoy
todo mi insomnio yace
en tu garganta».

«Y Blancanieves
desnuda chupa
con irónico desdén»

 

*Poemas pertenecientes a Thesummerhaikus (2004) de Juan Francisco Casas. Como poeta ha publicado varios libros entre los que destacan Thesummerhaikus (2004) y A Y 69 Poemas De Relleno (2008) en Ediciones Alea Blanca.
JUAN FRANCISCO CASAS
(HE)ARTBROKEN
Del 10 de septiembre al 8 de octubre de 2016
Jonathan LeVine Gallery
529 West 20th Street, Gallery I
www.juanfranciscocasas.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Guardar

Comentarios