Ruth Montiel Arias

RUTH MONTIEL ARIAS || NATURALEZA vs VENGANZA

La palabra venganza no me gusta, no me agrada y si me apuro, no es elegante y creo que ya no se estila. Ruth Montiel Arias (Palmeira, A Coruña. 1977) sublima la venganza, la venganza de la tierra al horror humano y hace de su filosofía de vida, su motor artístico. La obra de Ruth si es elegante y destila una contradictoria sutileza en busca de de la crudeza.

En su Statement reza: «La pérdida de la naturaleza, la pérdida del espacio, la pérdida del simbolismo, la pérdida del individuo, la pérdida de derechos, la pérdida como una entidad que abarca el principio y el fin es el origen intrínseco en mi obra.»

Y es que, la gallega, utiliza todo ese «dolor universal» para transformarlo en belleza. La obra de Ruth Montiel Arias viaja por todos nosotros como una especie de venganza mística de la naturaleza que agita nuestra conciencia.

Sus obras plásticas y acciones artísticas profundizan en ese movimiento de nuestros principios, obligándonos a reflexionar y a analizar nuestra conducta humana, no solo hacia lo que nos rodea, no solo hacia cada una de las propuestas que nos lanza, también hacia nuestros congéneres.

Estéticamente sublime con una de sus últimas piezas «Agua, veneno, caminos» denuncia a pesar de su armonía visual, y mediante una exuberante instalación, como, a raíz del Tsunami de Japón la central nuclear de Fukushima fue dañada y los reactores 1, 2 y 3 sufrieron explosiones, mientras que el número 4 se incendió provocando un gravísimo desastre medioambiental y se desencadenó un trabajo desesperado para que no fuera la mayor catástrofe nuclear de la historia. Ese 11 de marzo de 2011 se produjo una gran catástrofe en la región de Tóhoku cuando el terremoto de nivel 9.0 provocó ese gran Tsunami de 30 metros de altura en su zona más alta y 15 metros en la zona más baja. El resultado, la cifra, las cifras en las que la artista enfatiza minuciosamente y que es lo que antes se olvida fueron las siguientes: arrasó 45.700 construcciones y dañó otras 144.300 en las provincias de Miyagi, Iwate y Fukushima, se calculan unas 19.225 personas entre fallecidas y desaparecidas y unos 1.567 niños que han quedado sin registro de padre o madre, incluso de ambos, de por vida. Tras la belleza de las 19.225 mariposas de papel FSC (acompañadas de un vídeo en loop con sonido) se esconde esta escalofriante historia, convertida en algo aparentemente bello, si no reparamos en su mensaje, en el vídeo, en el análisis, en la cifra…

Otras como «WALKING TO THE MINE/ Marchant vers la mine», se convierten en otro de esos grandes ejemplos estéticos que encierran tras de sí una tremenda verdad, como la explotación minera de su tierra que devasta la naturaleza sin piedad… y un largo etcétera que merece la pena recorrer visitando su web: http://ruthmontielarias.com, en la que también podremos encontrar otras cuestiones para nuestra conciencia sobre nuestra conducta interpersonal, como «La pérdida del éxtasis» o «ausencias».

En ocasiones, en algunas series concretas, el trabajo de la gallega se me asemeja al de otro artista del que tengo post en mente desde hace tiempo: Manuel Barbero y del que podéis ver ahora mismo en la galería Blanca Soto una muestra impecable «[anti-] Caos y [des-] Orden // Breve caos // Caos», con la que la madrileña ha inaugurado en la reciente Apertura 2014. Quizá por esa búsqueda constante de la memoria de lo aparentemente efímero y porque al igual que Ruth, la naturaleza y la antropología juegan papeles tan tremendísimamente importantes que nos dejan una huella importante en la conciencia y, porque ambos, tienen una capacidad tremenda de crear un «almario estético» en el que objetos inertes toman una misteriosa vida en la que sumergir al espectador.

 

 

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