¿Quién teme al rojo, al amarillo y al azul?

altUna muestra en la Maison Rouge recoge los hitos de la presencia del neón en el arte posterior a 1940

París, 17/02/2012

“Néon, who ´s afraid of red, yellow and blue?”

MAISON ROUGE
10 bd de la Bastille 75 012
París
Del 17 de febrero al 20 de mayo de 2012
De miércoles a domingo, de 11:00 a 19:00 horas
Jueves, hasta las 21:00 horas

Desde hoy y hasta el 20 de mayo, puede verse en la Maison Rouge parisina la primera gran exposición internacional dedicada al uso del neón en el arte desde 1940 hasta la actualidad. Incluye centenares de obras, históricas e inéditas, de autores tan consagrados como Morellet, Bruce Nauman, Joseph Kosuth, Mario Merz, Jason Rhoades y Silvie Fleury, y de otros artistas apenas conocidos.

Haciendo historia y ciencia, la muestra, bautizada como “Néon, Who’s afraid of red, yellow and blue?” y comisariada por David Rosenberg, recuerda que a la derecha de la tabla periódica de Mendeleïev nos encontramos con la familia de gases llamados nobles o raros, formada por una serie de elementos químicos con propiedades comunes: son inodoros e incoloros en condiciones consideradas standard, pero bajo la presión de campos eléctricos producen luces coloreadas. El elemento Neón (Ne), cuyo nombre procede del término griego Neos (nuevo) produce una luz roja; el argón la produce azul y, el vapor de sodio, amarilla.

Hace exactamente un siglo, en 1912, el físico y químico galo Georges Claude desarrolló tubos fluorescentes elaborados con neones y los presentó en la Exposición Universal de París. Años más tarde, presentó una patente de los mismos en Estados Unidos y vendió, a la firma Packard, sus dos primeros neones.

Ya conocemos el resto de la historia: aunque en rigor no sea más que “una simple línea de luz que permite poca manipulación más allá de doblarla, torcerla y elegir su longitud y su color”, a juicio del comisario de la exposición, “esa torsión abre mil posibilidades” si es utilizada para explorar el lenguaje, la filosofía, el diseño o la escultura.

En la década de los treinta, Moholy-Nagy profetizó que los juegos de iluminación nocturna en las grandes ciudades constituían un “campo de expresión” que no tardaría en encontrar sus artistas, como efectivamente ocurrió: la luz fluorescente llegó al mundo del arte en los años cuarenta, cuando pioneros como Gyula Kosice y Lucio Fontana comenzaron a trabajar esta modalidad en sus pinturas y esculturas. En los sesenta se sirvieron de ellos Martial Raysse, que trabajó con la pintura y la imaginería pop; Bruce Nauman, que unió la escultura y las instalaciones; François Morellet, que se sirvió de la geometría, o Piotr Kowalski, que exploró las palabras y la poesía.

Los colores fluorescente y la sinuosidad de las líneas sirven para destacar palabras simples, que flotan solitarias y adquieren volumen dispuestas sobre muros blancos. Los fragmentos de frases presentes en la esta exposición, irreverentes o descarados, en algunos casos nihilistas, interrogan y desafían al espectador.


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