Dabrowski, Lázaro Galdiano y Roma: misma pasión, distinta visión

El Museo Lázaro nos descubre a un excepcional dibujante polaco

Madrid,

Un mes después de recuperar a un fotógrafo buen conocedor de España pero injustamente olvidado, Luis Masson, el Museo Lázaro Galdiano nos sorprende con un hallazgo para celebrar: el del dibujante y arquitecto polaco Henryk Dabrowski, un desconocido en España al que en su país recuerdan bien por haber contribuido a la consolidación de una escuela de dibujo arquitectónico y, sobre todo, por su participación en la reconstrucción de una Varsovia convertida prácticamente en ruinas tras la II Guerra Mundial.

A esa ciudad estuvo Dabrowski muy ligado: se formó en su Universidad Tecnológica, y en ese centro ejerció la docencia hasta su muerte en 2006. La embajadora polaca, Marzenna Adamczyk, ha dicho hoy de él que fue catedrático, pintor y dibujante, pero, sobre todo, un maestro en retratar el alma de las ciudades, y ha recordado cómo no solo trabajó en la restauración de Varsovia, también en la de un pueblo situado a 100 kilómetros de esa ciudad con un rico patrimonio medieval y renacentista: Kazimierz Dolny.

Esta muestra, comisariada por Carmen Espinosa, se centra en los dibujos que Dabrowski llevó a cabo en Roma a mediados de la década de los sesenta del siglo pasado y enlaza su visión de la capital italiana con la que mantuvo José Lázaro, a la que nos acercan tanto las obras de temática romana de los artistas que coleccionó como sus testimonios personales.

La impulsora de esta exposición fue otra arquitecta (también pintora y escultora): la bielorrusa Izabella Godlewska de Aranda, fallecida recientemente. Ella conoció a Dabrowski en Roma, supo reconocer su talento y quiso darlo a conocer en nuestro país, donde nunca habíamos tenido ocasión de contemplar su trabajo. La idea comenzó a gestarse en 2016 y fue la propia Izabella quien puso en contacto al Lázaro Galdiano con el sobrino del artista, que es también su único heredero y que ha prestado tres obras para la muestra. Tras esa voluntad de esta mujer -ha contado hoy su hijo- subyace su amistad con Dabrowski, su respeto al talento, tan enorme como injustamente desconocido, del arquitecto – dibujante, y una pasión por el arte que Godlewska manifestó en forma de gran tenacidad.

Ese sobrino y único heredero del artista del que hablábamos, Jacek Filochowski, es también responsable de su archivo y hoy ha querido poner en valor la precocidad del talento dibujístico de su tío: sus trabajos en papel de los años cuarenta, siendo él un adolescente, eran ya geniales.

Hay que tener en cuenta que, cuando Dabrowski trabajaba (los sesenta fueron, quizá, su etapa de madurez y esplendor) el dibujo, y no la tecnología, era la herramienta básica de los arquitectos, así que contamos con una extensísima colección suya. Como decíamos, para ceñirlos al ámbito temático de la exposición, aquí solo vemos una pequeña parte, once, de los que llevó a cabo en Roma entre 1965 y 1967, tras haber viajado por el norte de Italia (y haberlo dibujado). Casi todos son inéditos tanto para el público español como para el internacional.

Los dibujantes presentes en Roma en aquel momento lo calificaron (a trazo grueso) como el Piranesi polaco, aunque cierta base en esa afirmación sí hay, porque, como el italiano -presente también en la exhibición-, en ocasiones no representó solo lo que veía sino lo que fue y pudo haber sido. Estudió, entre las ruinas clásicas, a los maestros y perfeccionó su dominio del medio con mucha intensidad. No es difícil encontrar lazos entre los trabajos que exhibe el Museo Lázaro Galdiano y la cultura mediterránea, por más que nos encontremos ante un artista que observaba lo que dibujaba con la mirada precisa del científico, eligiendo cuidadosamente los enfoques.

La muestra – como podéis intuir, tan breve como exquisita – puede contemplarse en dos salas del Lázaro Galdiano: la sala 6, en la planta inferior, donde veremos cinco dibujos de Dabrowski y piezas relacionadas de los fondos de José Lázaro, junto a varios ejemplos de la correspondencia personal de ambos igualmente con Roma como nexo, y la sala de Arte Invitado, en la primera planta, dedicada ya por entero a Dabrowski (y completamente espectacular).

Henryk Dąbrowski. Plaza Navona, 1965. Colección Izabella  Godlewska   de  Aranda, Madrid
Henryk Dąbrowski. Plaza Navona, 1965. Colección Izabella Godlewska de Aranda, Madrid

La sala 6 nos desvela la común pasión por Roma de Lázaro y el arquitecto; el primero viajó allí muy a menudo, y allí se casó con Paula Florido, y el segundo acudió a la ciudad atraído por su pasado histórico y artístico y por lo que este podía tener para él de inspiración.

Las obras del polaco aquí presentes son San Juan en Puerta Latina (1966), su visión de una de las iglesias más antiguas de Roma; un dibujo de la Villa Vaini, la actual residencia de los embajadores españoles en Italia; dos dibujos del templete de San Pietro in Montorio (uno conforme al proyecto de Bramante que no llegó a construirse, y otro conforme a sus características reales; estamos ante un investigador de la arquitectura que conocía las fuentes) y su muy exquisita imagen de las columnas del Templo de Apolo y el Teatro Marcelo.

Por parte de la colección Lázaro, encontramos una medalla conmemorativa de la boda del coleccionista con Florido, celebrada en 1903; un bronce renacentista de la Loba capitolina, el dibujo de Piranesi del Arco de Septimio Severo, varios anónimos romanos decimonónicos con vistas del Foro, una vista de la villa de Mecenas en Tívoli a cargo de Valentín Calderera y algunas medallas conmemorativas y reproducciones en bronce de obras clásicas.

Henryk Dabrowski. Templete de San Pietro in Montorio, 1965. Colección particular, Varsovia
Henryk Dabrowski. Templete de San Pietro in Montorio, 1965. Colección particular, Varsovia

Como adelantábamos, el conjunto se acompaña con correspondencia romana de ambos: la de Lázaro con su amigo Unamuno, y la de Dabrowski acompañada de dibujos; es probable que su mano nerviosa no pudiera reprimir trazar mientras escribía. También se completa con libros de la biblioteca del navarro: el Nuevo método de arquitectura, publicado precisamente en Roma en 1744 y abierto por una imagen del templete de Bramante, y tres de los cuatro volúmenes de La ciudad de Roma, abiertas sus páginas para que veamos algunos monumentos que el polaco dibujó y que nos esperan en la sala de Arte Invitado: la Piazza Navona, la iglesia de Santa Inés o Santa María en Cosmedin. También la Piazza del Popolo y la basílica de San Juan de Letrán.

El gran despliegue de la maestría de Dabrowski, sin desmerecer lo visto, nos espera arriba. Cerca de dos metros de ancho y uno y medio de alto mide su dibujo, a lápiz, tinta, tiza y aguada (sus medios habituales) de la Piazza Navona, una obra de una belleza sin paliativos por su atmósfera, su logro de la perspectiva, sus dimensiones y por los trazos de tinta, mínimos y rápidos, que construyen la pieza. Ha contado Espinosa, y parece un milagro creerlo, que no utilizó cuadrícula y que, por su forma de trabajar la tinta, sus procedimientos le recuerdan a las técnicas orientales de la tinta viva y la tinta muerta, que lograban volúmenes muy especiales en la naturaleza.

Junto a ella quedan su visión de la Plaza de España (hizo otra desde el lado contrario, que no ha viajado por enigmáticas razones románticas); del Puente Sixto (con las barandillas incorporadas en el siglo XIX que se eliminaron en el 2000) y dibujos de tres templos: los mencionados Santa María en Cosmedin y Santa Inés y uno más: San Agustín en Campo Marzio (en su interior, por cierto, se custodia la Virgen de los Peregrinos de Caravaggio, de la que el Lázaro Galdiano conserva una estupenda copia).

Las suyas son lecturas modernas de la gran Roma, tan absolutamente contemporáneas como virtuosas en lo técnico. Un descubrimiento prodigioso.

 

“Vistas de Roma, Henryk Dabrowski y la colección Lázaro”

MUSEO LÁZARO GALDIANO

c/ Serrano, 122

Madrid

Del 11 de julio al 9 de septiembre de 2018

 

 

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