Dos vidas: Márai y Zweig

05/01/2017

Stefan Zweig
Stefan Zweig hacia 1940. Hulton Archive

La única sorpresa de la vida se produce cuando descubrimos que también nosotros somos seres mortales.

Sándor Márai.

De entre todas aquellas personas, las más dignas de lástima para mí (como si ya me hubiera asaltado un presentimiento de mi futuro destino) eran las que no tenían patria o, peor aún, las que, en lugar de una patria, tenían dos o tres y no sabían a cuál pertenecían.

Stefan Zweig.

Seguramente os haya ocurrido: por razones objetivas y subjetivas tendéis a asociar autores. En el caso de Sándor Márai y Stefan Zweig no es difícil que nos ocurra: nacieron con diecinueve años de diferencia (el austriaco en 1881 y el húngaro en 1900) y, que sepamos, no llegaron a conocerse, pero es mucho lo que tienen en común, al margen de lo evidente: cuando ambos llegaron al mundo, sus países formaban parte de un Imperio Austrohúngaro con los días contados; los dos se exiliaron en América y padecieron un enorme desarraigo y los dos acabaron con su vida, curiosamente un mismo día (22 de febrero), sin llegar a conocer el fin de las causas directas de su salida de Europa: Zweig, tres años antes de que acabara la II Guerra Mundial, profundamente cansado y pesimista respecto a las posibilidades de recuperación de la cultura y la civilización  europea previa al avance nazi, y Márai, meses antes de la caída del Muro de Berlín, con 89 años.

Pero, como decíamos, más allá de esos datos bien conocidos, leyéndolos y examinando sus vidas (Márai dio bastantes pistas de su historia y su personalidad en Confesiones de un burgués, ¡Tierra, tierra! y Lo que no quise decir y de Zweig se han publicado varias biografías, entre las más recientes El exilio imposible de George Prochnik) encontramos razones para aproximarlos aún más: ambos nacieron en familias burguesas (Márai hizo bandera de ello y la comodidad económica de Zweig fue esencial para que desarrollara la formación y los viajes que explican sus obras –también le vino bien a su amigo Joseph Roth, siempre reclamando ayuda–), los dos fueron autores muy fecundos e interesados por la historia (el húngaro escribe desde su cercanía vital a las guerras mundiales y Zweig, además de relatar Momentos estelares de la humanidad, puso letra a las vidas de figuras de todas las épocas prestando atención a su personalidad y emociones como seguramente nadie lo había hecho) y ambos pusieron, en general, su talento, al servicio de la descripción psicológica de sus personajes, habitualmente grandes solitarios en el caso de Márai.

Busto de Sándor Marai en Budapest
Busto de Sándor Marai en Budapest

Los dos se sirvieron de un estilo sencillo, sobrio, a la hora de escribir sobre quienes padecen dolores ordinarios manejados con una voluntad extraordinaria, una resignación engañosa. Se detienen en lo íntimo y no en los ecos de sociedad y ni el uno ni el otro necesitaron, además, extensos despliegues de páginas para introducirnos en los universos mentales de sus personajes: sus obras, de géneros diversos, suelen ser cortas porque la narración preclara es también concisa.

Los libros de ambos fueron prohibidos en sus países (los del antibelicista Zweig, en 1936, y los de Márai, como decíamos burgués orgulloso, tras la ocupación soviética de Hungría), y hoy ambos son reivindicados en ellos, el primero como avanzado europeísta –lo recalcan recientes textos inéditos–; Márai (que, por cierto, en los cincuenta y los sesenta trabajó en Estados Unidos para Radio Europa Libre) como narrador de los dramas contemporáneos de Hungría y Europa insertos en dramas personales.

En su caso, el desarraigo había llegado algo antes: para su familia supuso un verdadero golpe –y así se sigue recordando aquel episodio en Hungría– la entrega a Eslovaquia de su ciudad, Kassa, y de buena parte del territorio de su país, tras la I Guerra Mundial. Tras el 89 llegaron allí sus libros y paseando ahora por Budapest (callejeando por la zona menos turística de Buda) podemos encontrar su busto.

Releerlos, o leer lo que nos quede de ellos, son buenos planes para mejorar el año que acaba de entrar. Como les somos muy fieles, nos es difícil elegir sugerencias… pero, de Márai, os proponemos acercaros a esos textos más o menos biográficos, como Confesiones de un burgués, en los que desvela una personalidad un tanto inesperada a la luz de sus obras: se descubre como autor abierto a la aventura y a la vida bohemia en su juventud, frente a la meditación y el cierto fatalismo de sus novelas.

Zweig ha vuelto con gozo a los escaparates gracias a la película reciente sobre sus años brasileños dirigida por María Schrader y a los vaivenes políticos recientes, y en la mayoría de ellos encontramos por eso el nostálgico El mundo de ayer. Es un imprescindible, pero queremos recordar hoy Novela de ajedrez, una atractiva historia llena de intriga en la que lo que está sobre el tablero es la capacidad de resistencia.

Comentarios