El resplandor seco de Darío Villalba

La Fundació Suñol repasa su carrera a partir de obras de sus fondos y de la colección personal del artista

Barcelona,
Darío Villalba. Uno roto, 1976. © Darío Villalba, VEGAP, Barcelona, 2016
Darío Villalba. Uno roto, 1976. © Darío Villalba, VEGAP, Barcelona, 2016

A mediados de los sesenta Darío Villalba irrumpió en el panorama artístico español posterior a la abstracción informalista demostrando que era posible utilizar la fotografía como soporte pictórico, empleando la imagen de un modo radicalmente distinto al seguido por los creadores conceptuales o vinculados al Pop Art.

Tomando como punto de partida fotografías realizadas por él mismo o extraídas de revistas y archivos, trabajaba convirtiéndolas en tramas pictóricas, incidiendo o transformando las emociones que de inicio suscitasen a través de brochazos, de la modificación de sus encuadres, la fragmentación o aplicando velos. Las imágenes iniciales, descontextualizadas, quedan así convertidas no solo en material físico de trabajo, también en fuente iconográfica susceptible de ser enriquecida, y esa doble condición permite a Villalba liberarse de los asuntos técnicos ligados a la elaboración manual y centrarse en sus intenciones expresivas. En alguna ocasión ha declarado: En mi obra la pintura es fotografía y la fotografía es pintura.

Uno de los momentos punteros en la trayectoria del artista donostiarra fue la presentación, en el Pabellón español en la Bienal de Venecia de 1970, de sus esculturas encapsula-dos rosas, realizadas con pompas de metacrilato transparente, de color rosa, en cuyo interior podíamos ver diversas figuras convertidas en elementos tridimensionales. Supusieron el inicio de su reconocimiento internacional, respaldado tres años después por el Premio Internacional de Pintura de la XII Bienal de Sâo Paulo.

Desde entonces, y a medida que transcurrían los ochenta, en avance lento pero seguro, la producción de Villalba ganó en complejidad: fue entonces cuando comenzaron a proliferar en sus trabajos figuras solitarias de apariencia vulnerable que repitió y manipuló hasta convertirlas en emblema, en símbolo del conjunto de su obra. En esa etapa comenzaron a sucederse también sus muestras dentro y fuera de nuestro país, y también los galardones: el Nacional de Bellas Artes le fue concedido en 1983.

La que hasta marzo le brinda la Fundación Suñol barcelonesa está compuesta por una treintena de obras procedentes tanto de los fondos de esta institución como de los del propio artista. Abundan los collages y las impresiones directas sobre tela, aunque también podemos ver ejemplos de los citados encapsulados en metacrilato y pinturas bituminosas de corte muy experimental cuya textura evoca lo recién pintado por el aspecto blando y viscoso de sus tonalidades negras.

Curiosamente esta es la primera exhibición individual de Villalba en Barcelona. El coleccionista Josep Suñol conoció los trabajos del vasco a mediados de la década de los setenta en la madrileña Galería Vandrés, donde contó con el respaldo de Fernando Vijande.

Darío Villalba. Resplandor seco
Darío Villalba. Resplandor seco

 

“Darío Villalba. Resplandor seco”

Fundació Suñol

Paseo de Gracia, 98

08008 Barcelona

Del 23 de noviembre de 2016 al 11 de marzo de 2017

 

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